El poder oculto (Luna 2) Capítulo 10
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Capítulo 10

NAIA

Naia dejó el boli al lado del cuaderno y se estiró. Su gato, Sombra, negro de ojos esmeralda, aprovechó para estirarse también cuan largo era sobre la tinta aún fresca.

—¡Acabada! —exclamó, feliz, en el silencio de la habitación.

¿En qué momento había pensado que, tras publicar una decena de temas, aún seguiría atascándose al componer? Como Lena había dicho, ya no era la misma que en septiembre. Y, tras incorporarse al grupo, las letras se habían resistido a fluir.

Sin embargo, recuperar su anillo le había hecho sentir que no se estaba quedando atrás y había conseguido relajarse.

Y la letra le había salido sola. La melodía se le estaba formando ya en la cabeza, pero todavía necesitaba trabajo. Cogió a Sombra de la mesa y lo achuchó, enterrando la cara en su pelaje.

Contuvo las ganas de bajar al pequeño estudio de grabación y edición que sus madres habían montado en el sótano de casa.

Al principio había sido para trabajar ellas y poder pasar más tiempo con Naia y su hermano.

Pero, de tanto estar allí, también a la guardiana le había acabado interesando aprender cómo se hacían los arreglos, cómo se grababan y mezclaban las pistas de sonido…

Y, así, dos años antes había nacido Introvert.

Sus madres eran las únicas que lo sabían.

El móvil le vibró y el gato se le escapó de las manos, molesto por la interrupción.

Una sonrisa se le dibujó en el rostro al ver el corazón al pie de la foto. Por fin lo habían hecho oficial.

¡GUAPAS! ¡¡¡Me alegro mucho!!!

Y era cierto, pero no por ello le dolía menos pensar en… él.

Salió del grupo de las LUNA y deslizó hacia abajo hasta encontrar otra conversación, una en la que no había escrito desde septiembre. Allí, los mensajes se le acumulaban sin responder.

No puedes dejarme de hablar para siempre.

Alguna vez me tendrás que perdonar.

Te echo de menos.

Me equivoqué. Estaré aquí cuando estés lista.

Tecleó y borró, varias veces. Al fin suspiró y lo cerró sin llegar a enviar ningún mensaje.

Debía confiar. Si las letras habían vuelto para las canciones, acabarían volviendo también para su corazón.