Capítulo 8
Las LUNA se transformaron a toda velocidad.
—¡Luna llena! —gritó Lena tras dar el aviso.
—¡Cuarto creciente! ¡Cuarto menguante! —Uma y Naia la siguieron de inmediato.
—¡Luna nueva! —remató Assia.
A pesar del cansancio, su amiga se abalanzó directa hacia su contrincante, al igual que Naia. Uma lanzó sin dudarlo una nube de vapor hirviendo hacia Júpiter.
Y ella debía hacer lo mismo, cuanto antes, y enfrentarse a su oponente.
¡Era la oportunidad perfecta para recuperar su anillo!
Sintió que la luz la envolvía y se esforzó por concentrarse. Su poder latía en su interior, pero su cabeza estaba en otra parte: en Sam Aso, en esa sonrisa que tanto la alteraba… y que se encontró justo delante.
El hombre chasqueó los dedos y la oponente de Lena se interpuso entre ellos. Pero la guardiana no podía apartar la mirada de él.
—¿Qué te ocurre, niña? ¿No tienes suficiente trabajo? —le preguntó él, socarrón.
Su antagonista le lanzó un pulso de color rojo. Lena se apartó a toda velocidad y el haz de luz partió por la mitad una mesa que estaba justo detrás de ella. ¡Era un láser!
Ella nunca había sido capaz de lograr algo así…
Respondió con un haz de luz blanco y, al chocar contra el nuevo ataque de la figura encapuchada, la luz se reflejó con un arcoíris. Lena redobló su esfuerzo, empujando, y la otra chica salió volando hacia atrás y se golpeó contra una pared.
Era su oportunidad, era…
Unos lentos aplausos la distrajeron.
—Precioso —la felicitó Sam Aso.
Por algún motivo, parecía fijar toda su atención en ella, ignorando los combates que tenían lugar a su espalda. Júpiter se cargó una lámpara, y Assia hizo que las luminarias del techo se desprendieran sobre su enemiga, pero Sam Aso no apartó la mirada de ella.
Y Lena, en vez de recuperar su anillo, quiso librarse de él primero.
Con un grito de rabia, soltó una espiral de luz. Se concentró y el color blanco se desdobló en tonos rosas y azules. Se estaba vaciando, pero no le importó.
Una vez que lograra borrarle esa sonrisa de la cara, podría centrarse en recuperar su anillo. Dirigió toda su energía girando hacia él…
Fue un error. Uno muy grave. El ataque se desplazó por el aire a toda velocidad y alcanzó de pleno al hombre… Y, cuando lo hizo, se deslizó por su piel como si estuviera hecha de espejo. Después, volvió a salir rebotado directo hacia Lena.
La luz viaja muy deprisa, pero el cerebro de la guardiana corrió aún más. En el tiempo en que vio cómo su propio ataque se volvía contra ella, supo que no le quedaban fuerzas para desviarlo ni para apartarse. Estaba condenada.
Por suerte, alguien sí reaccionó a tiempo: una pared de agua se levantó ante ella, desviando la luz, que cambió de rumbo.
El haz se dispersó por el borde del escudo y reventó parte del techo.
—¡Uma! —gritó Lena desde el suelo y protegiéndose de los cascotes que se precipitaron sobre su cabeza.
—¡Te tengo! —gritó su hermana, quien la había salvado, y se colocó a su lado—. ¿Estás bien?
—Creo… Creo que sí —balbuceó mirando con espanto a Sam Aso.
—Ahora entenderéis por qué mis amigos me llaman Mercurio —dijo el hombre con una sonrisa lobuna.
Júpiter, bastante hecho polvo, se colocó a su lado. Assia y Naia seguían peleando, pero Naia cayó al suelo y no se levantaba.
—¿Es porque eres pesado como el metal? —preguntó Uma, burlona. El anillo brillaba en su mano. Desde el suelo, Lena no pudo evitar admirarla.
Tan fuerte, tan decidida. No como ella…
—Muy graciosa, pero yo creo que ya hemos acabado por hoy —le respondió el hombre.
Chasqueó los dedos y las patas de una de las sillas caídas se fundieron. Mercurio dibujó un círculo en el aire y el metal flotó hasta él, formando un lazo. Lena hizo acopio de los restos de su poder…
Y entonces se oyó un grito.
NAIA
Naia estaba deseando poner a prueba sus poderes. Había llegado la última a las LUNA y, desde la batalla con Júpiter en el invernadero, sentía que no había tenido tanto tiempo como sus compañeras para practicar con sus poderes.
Unos días atrás, en el vestuario, todo había sucedido tan rápido que apenas había podido hacer mucho más que improvisar. Pero en ese momento estaba preparada y su contrincante tenía graves problemas para enfrentarse a ella .
Por el rabillo del ojo vio que sus amigas estaban centradas en sus respectivas contrincantes, así que ella se concentró en hacer bailar el aire.
La encapuchada a la que se enfrentaba era muy agresiva: buscaba desestabilizarla creando fuertes corrientes.
Naia optó por otra estrategia: empezó a crear vacíos a su alrededor.
Aprovechó una nube del vapor que había creado Uma para condensarla y hacer que le lloviera encima, lo que contribuyó a enfurecerla aún más.
Sin embargo, no lograba acercarse a ella para quitarle el anillo. En vez de eso, la otra chica comenzó a imitar su estilo: justo lo que Naia quería. Su oponente succionó de golpe el aire a su alrededor.
Naia se llevó las manos a la garganta boqueando.