Capítulo 3
—¿Quién es Carla?
Uma retrocedió un paso, asustada.
—¡Pues tú! ¿Quién vas a ser si no?
Y, sin embargo…, había algo en sus ojos, como idos. Cuando los fijó de nuevo en Uma, no quedaba en ellos nada de la chica que tanto le gustaba. Su mirada se había vuelto del color de la plata.
—Yo soy Calipso —dijo con una voz extraña y monótona—. Tú deberías saberlo.
—Eh…, ¿chicas? —gritó Uma, dando un paso atrás—. Creo que me vendría bien una ayudita.
Sus amigas asomaron la cabeza al instante.
—No sé si esto es muy apropiado… —dijo Lena, dubitativa, creyendo todavía que interrumpía un momento romántico. Uma la agarró del brazo.
—¡Ya lo creo que sí! ¡Está como poseída!
Carla, o Calipso, cerró los ojos y empezó a murmurar algo imposible de entender, apretando el anillo contra sí. El aire cambió a su alrededor. Las LUNA se miraron.
—¿Qué está pasando? —preguntó Assia.
—¡No sé! ¡Se ha puesto un anillo con el cuarto creciente y ahora dice que no es Carla, sino Calipso! —dijo Uma.
—¿Como la ninfa? —preguntó Naia.
—O como el satélite… Calipso es una de las lunas de Júpiter —respondió Lena frunciendo el ceño. Aquello, por desgracia, cuadraba.
Como si sus palabras hubieran despertado algo en ella, Carla abrió los ojos y gritó:
—¡Ío, Ganímedes, Europa!
A un gesto suyo, la puerta del vestuario se cerró de golpe y tres sombras encapuchadas se materializaron de la nada.
Tres sombras que Lena recordaba muy bien.
Era la primera vez que las veían tan de cerca.
Vestían capas ondeantes que las hacían parecer aún más altas de lo que eran.
Las capuchas les tapaban la cara. Las tres se cuadraron en pose de batalla, desvelando la ropa negra y plateada que lleva ban de bajo.
Esta vez no venían a rescatar a nadie. Amenazantes, se colocaron alrededor de Carla-Calipso, a la espera.
Y ella fue la primera en atacar: lanzó un chorro de agua que golpeó a Uma de lleno.
—¡Son las rescatadoras de Júpiter! —Assia se puso en posición de ataque.
—¡Pues vaya nombrecitos han escogido! —respondió Naia colocándose junto a Lena y esquivando el segundo ataque.
—¡Son las lunas de Júpiter! ¡Transformémonos! —gritó Lena con decisión.
Uma se había sacudido el agua y se unió a ella.
Si Júpiter había mandado a sus secuaces por delante, no había tiempo que perder.
Las transformaciones las envolvieron: agua, viento, rayos…
Lena emergió de un remolino de luz y dio un paso decidido al frente, hacia Carla. Esta era su primera batalla real.
Ya no eran unas novatas. Lena recordaba bien las palabras de Jess: ella era la luz de la luna llena, la guía, y debía actuar como tal. Así que tomó la iniciativa.
— ¡NO! —chilló Uma cuando se dio cuenta de lo que iba a hacer.
LENA sabía que su hermana nunca sería capaz de atacar a Carla. No con todos los sentimientos que tenía por ella. Así que tomó la decisión en su lugar y lanzó contra la jugadora un pulso de magia…, que pasó a través de la chica como si fuera un fantasma.
—¿Qué…? —Aturdida, Lena se miró las manos—. ¡No es posible!
Carla–Calipso sonrió con malicia… y juntó las manos.
El suelo vibró a su orden y una cañería estalló.
¡Un surtidor de agua arrancó las baldosas del suelo!
El chorro se dirigió hacia ellas como un cañonazo.
Uma reaccionó levantando un escudo para proteger a Lena y las dos olas chocaron, inundándolo todo.
Mientras, las otras tres encapuchadas habían empezado a convocar sus propios poderes.
Un torbellino.
Un enjambre de chispas.
Y un destello de luz.
—No… No puede ser —balbuceó Naia.
— ¡Tienen nuestros mismos poderes! —avisó entonces Assia.
¿Cómo era posible? ¿Había… más como ellas? Sus oponentes se separaron y de pronto se encontró frente a una de las encapuchadas. Era mucho más alta que Lena, y bajo la capucha veía el brillo de dos puntos metalizados. La misma mirada de plata de Carla. Y, cuando habló, usó el mismo tono monótono.
—¿Tienes miedo, Lena?
Ojalá hubiera sido rápida, tanto como lo fue para atacar a Carla. Pero en ese momento se sentía insegura, y dudó. El tiempo suficiente para que su oponente le lanzara un ataque. Uno que nada tenía que ver con su magia.
—¿Te creías única? ¿Pensabas que eras especial?
El poder de la luna llena…, su oponente también lo tenía.
—No estás a la altura —le dijo.
—¿Quién eres?
—Soy tu reflejo. Para bien… y para mal.
El ataque fue tan rápido que Lena apenas lo vio venir. Lo esquivó y por instinto devolvió un pulso de luz. El disparo se desvió y golpeó a su oponente en la pierna. La chica saltó y le dolió al volver a apoyarse.
Su magia sí que la había tocado. Era su reflejo… Lena comprendió lo que pasaba.
—¡Solo podemos enfrentarnos a la que tiene nuestra misma magia! —gritó para avisar a sus amigas. Aunque comprobó que ellas ya lo habían descubierto.
—¿A qué habéis venido? —gritó Assia. Su pelo chisporroteaba, cargado de estática. Las encapuchadas se reagruparon.
— A apoyar a nuestra compañera Calipso. Ella nos ha llamado.
—Esta niña —dijo Carla-Calipso, señalando a Uma— ha querido quitarme mi anillo.
—¡Eso es mentira! ¡Si no tenía ni idea de qué era! —se defendió—. Pero ¿sabes qué? ¡Que ahora sí que voy a quitártelo!
Y con estas palabras lanzó un ataque directo contra ella. Fue el detonante para que las otras LUNA también empezaran el combate.
—Pero ¿qué tiene ese anillo? —Lena evitó un chorro de luz, que se estrelló contra la pared.
—¡Yo qué sé! —La guardiana levantó el agua del suelo y trató de derribar a Carla—. Le ha comido el tarro, ¡no se acuerda ni de quién es!
—¡Entonces no les hagamos daño! —avisó Assia.
— ¡Pues ellas no piensan lo mismooo! —respondió Uma. Carla se abalanzó sobre ella, y esta resbaló y se golpeó la cabeza contra el suelo—. Ay, me saldrá un chichón…
Antes de que la chica de mirada plateada se pudiera levantar, Uma le bloqueó a toda velocidad la mano que tenía el anillo. Vio pánico en sus ojos de plata… Solo un instante, hasta que se la sacudió de encima y logró volver a ponerse en pie.
Para quitarle el anillo del cuarto creciente tenía que acercarse más a ella… ¡Y con tanta lucha era imposible!
Las LUNA estaban perdiendo. Las encapuchadas eran mayores que ellas, más altas y fuertes.