Capítulo 4
La versión oficial fue que una cañería había explotado y golpeado a Carla en la cabeza, haciéndole perder el sentido.
Uma la dejó con las entrenadoras curándole el chichón en el vestuario de chicas y regresó a toda prisa con las LUNA. Sus amigas la esperaban en la puerta del pabellón deportivo.
—¡Mirad! —exclamó enseñándoles el anillo, y señaló el dibujo de la luna en cuarto creciente—. No me preguntéis por qué, pero esta joya es mía. Lo noto en mí.
Se la puso con decisión en su dedo anular.
—¿Qué haces? —chilló Lena, cogiéndole la mano—. ¡Puede ser peligroso, una trampa de Júpiter para controlarte como lo hacía con Carla!
Uma inclinó la cabeza.
— ¿Quién eres? —preguntó abriendo la boca con expresión perdida.
— ¡UMAAA! —le gritó Lena. Su hermana estalló en carcajadas.
—¡Soy yo! ¡Es broma! Tampoco noto nada…
—No tiene gracia, me he asustado de verdad… No sabemos de qué va esto.
—Deberíamos consultarlo con Jess —intervino Naia. Assia asintió.
—Siempre es un buen momento para un gofre. —Uma puso rumbo a la calle—. Sobre todo, después de tanto ejercicio.
—¡Pero si tú no has jugado el partido! —rio Naia siguiéndola.
La heladería de Jess se había vuelto un lugar muy popular en los meses que llevaba abierta. Desde que había llegado el frío, también servía gofres y crepes, así que por las tardes estaba llena de adolescentes, y aquel sábado por la mañana se encontraba atestada de familias.
—¡Pedazo de cola! —se sorprendió Lena al ver que había gente esperando en la calle.
—Nosotras tenemos atención preferente —dijo Uma pasando de largo con decisión. Estaba claro que el anillo no producía ningún efecto sobre ella.
Tras el mostrador, Jess parecía agobiada. El pelo encrespado se le escurría del moño y tenía una mancha de chocolate en la mejilla. Al verlas, hizo un gesto de negar con la cabeza.
—Sea lo que sea, tendrá que esperar —les dijo, cargando una bandeja hasta los topes para llevarla a una mesa y volviendo rápidamente al mostrador. Estaba sola para servir y atender…