El Poder de los Draken (Destinada a los Jinetes Draken 1) 35 Rowan
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35 Rowan

ROWAN

Se me encoge el pecho mientras miro fijamente el guardamonte de la ballesta; su punta mortal apunta directamente al corazón de Kai.

El rostro de Collin, antaño tan familiar y reconfortante, arde ahora con una mezcla tóxica de triunfo y petulancia que me provoca ramalazos de miedo.

Kai se pone tenso, con los brazos todavía ocupados por una Ellie temblorosa, y mantiene la atención en el acero áurico.

Si los mercenarios impregnaron un lote de flechas con veneno, probablemente lo hicieron con todas. Ese arma que Collin tiene en la mano es más traicionera de lo que incluso él imagina.

—Collin, ¿qué estás haciendo? —le pregunto, con la voz apenas por encima de un susurro.

Frunce el ceño, con una sonrisa gélida asomando en las comisuras de los labios. —Detener a un trío de traidores y desertores, según parece.

Kai hace un ademán de dejar a Ellie tras de sí, pero Collin gira la ballesta siguiendo su movimiento.

—Ni se te ocurra, bueno, sea lo que sea en lo que estés pensando —le ordena Collin a Kai—. Puede que hayas engañado al resto de la Aguja para que adoren tu perfección, pero yo siempre he sabido la verdad. Y parece que tenía razón, ¿no es así?

—No lo entiendes —suplico, con las palmas de las manos empapadas de sudor—. No estábamos desertando. Solo estábamos...

—¿Solo qué? —interrumpe Collin—. ¿Os habéis perdido por accidente?

¿Teníais la intención de ir hacia las fuerzas de Eryndor y no alejaros de ellas?

¿De verdad te crees que no me daría cuenta de lo que Ellie y tú tramabais?

Una cosa te digo, Ro, siempre has sido predecible.

Una blanda. —Señala a Kai con la barbilla—.

Ahora, ¿que el niño bonito venga contigo?

Eso es algo que no me esperaba. Para ser sincero, tu coño no es tan excitante como para arriesgar todo esto por él.

Supongo que Grayson está más desesperado de lo que pensaba.

Un gruñido surge de la garganta de Kai, pero no se atreve a moverse. Ninguno lo hacemos.

—Sabes lo que la comandanta podría hacerle a Ellie, Collin —digo en voz baja, intentando ignorar el aguijonazo de las palabras que acaba de lanzarme.

Collin siempre fue celoso. Posesivo. Propenso a decir cosas en el fragor del momento y lo bastante listo como para saber exactamente qué palabras usar como arma.

Pero, en el fondo, nunca fue realmente irracional ni un desalmado.

Solo volátil. Y siempre se ha preocupado por mí, al menos a su manera.

Tomo aire, aferrándome a esa pizca de verdad—.

Necesito que Kai me ayude a poner a Ellie a salvo lejos de aquí, y luego volveremos.

Quiero decir, ¿a dónde más voy a ir? Soy alquimista y toda mi vida está en la Aguja.

Mi madre es la comandanta y mi tía es la reina de Eryndor.

No es que haya soñado nunca con otra cosa que no fuera mantenernos a salvo de los fae y de sus bestias draken.

Nadie gana nada con el sufrimiento de Ellie.

Collin cambia el peso de un lado al otro, haciendo que los eslabones de los grilletes cortados tintineen sordamente.

Supongo que hice un trabajo mejor de lo que pensaba con su cadena.

Desde luego, me hizo practicar mucho con el hierro, y me pareció lo correcto en aquel momento.

Especialmente con Collin ayudándome con mis migrañas, usando su magia para ayudarme a no desmoronarme.

No es que volviéramos a ser amigos estos últimos días, pero habíamos sido... aliados. Pensé que seguíamos siéndolo.

—Tú me conoces, Collin —insisto. Noto que está pensando. Pensar es bueno. Pensar es mejor que una condena instintiva de la que no podamos retractarnos—. ¿De verdad puedes imaginarme desertando? De verdad. ¿Puedes?

Lentamente, Collin niega con la cabeza.

Suelto el aire despacio pero no me atrevo a moverme. Estamos en terreno pantanoso. —Exacto. —Suelto una risa suave y autocrítica y me toco la cicatriz para recordarle mi pasado. Nuestro pasado—. Además, tú mejor que nadie sabes cuánto odio a los lobos.

—Tú no cometerías traición —admite tras un momento.

Da un paso más, pero la ballesta no vacila ni un milímetro—.

Pero se te da muy bien mentirte a ti misma.

Buscar una justificación para cualquier cosa que quieras hacer, incluso cuando, en el fondo, sabes que está mal.

Pero sí, no creo que estés intentando desertar de verdad.

—Me alegra oírlo. Gracias por...

—Así que esto es lo que voy a hacer por ti —continúa Collin, interrumpiéndome una vez más—. Vamos a dar media vuelta e iremos juntos a ver a la comandanta. Le diremos que tú y yo estábamos compinchados desde el principio. Yo daré la cara por ti, te mantendré a salvo.

—¿Compinchados en qué?

—Grayson lleva literalmente a una presunta desertora en brazos.

Maldita sea, puede que incluso la convenciera para irse.

Seguro que ella nunca habría pasado de las palabras a los hechos sin él.

Grayson es un traidor. Y lo entregaremos como tal.

—Collin levanta la cara y la luz de la luna capta la ardiente determinación de sus ojos—.

Piénsalo. Nosotros dos juntos entregando al niño bonito de la Aguja, desenmascarándolo como un desertor.

Dos encantadores. Amantes unidos por el destino.

En realidad, hay una justicia poética en ello.

¿Y Ellie? —Se encoge de hombros—. Supongo que, si es tan importante para ti, puedes decir que era la rehén de Grayson.

Nadie lo pondría en duda, dada la diferencia de tamaño entre ambos.

La bilis me sube por la garganta al darme cuenta de que habla en serio. No, no solo en serio, sino con ansia. La simple idea de hundir a Kai lo está embriagando.

Kai se balancea sobre los talones, abriendo la boca para hablar, pero Collin sacude la ballesta en su dirección. —Ni una palabra por tu parte. Podemos entregarte vivo o muerto con la misma facilidad.

Trago saliva con dificultad, con la mente a mil por hora. —Collin, por favor. Sabes que esto no está bien. Nos conocemos desde que éramos niños. Esto no es lo correcto. Este no eres tú.

—Es lo correcto —gruñe—. Es la verdad. —Toma aire, como para reunir una paciencia que ha sido puesta demasiado a prueba—. Esta es nuestra oportunidad, Ro. ¿No lo ves? Podríamos tener todo lo que siempre hemos deseado. Poder, respeto, el uno al otro.

Se acerca más, lo suficiente como para que pueda sentir su aliento en la cara.

Levanta la mano libre para apartarme un mechón de pelo de la mejilla y me estremezco ante el contacto.

A mi lado, Kai se queda rígido, pero no puede intervenir sin ponernos en peligro a Ellie o a mí.

Se me corta la respiración y un escalofrío me recorre la piel, como si la temperatura hubiera caído en picado en un instante.

A lo lejos, las espadas siguen chocando y un búho ulula con un grito de enfado. Por debajo de eso, por debajo del sonido de mis propios latidos, juraría que oigo el gruñido bajo y amenazante de un lobo acechando entre los árboles. Me estremezco.

—No tienes por qué tenerme miedo, Ro... te perdono —dice Collin—.

¿Tu aventura con esos soldados de pacotilla?

Eso ya es agua pasada. Estabas estresada, eras influenciable y te tenían atrapada.

Ya no estoy enfadado contigo. Yo... te quiero demasiado para seguir enfadado.

Quizá sea mi defecto fatal, pero es lo que hay.

Lo que haya pasado antes no importa. Nos centramos en el ahora.

En nuestro futuro. Tú y yo. —Collin susurra las últimas palabras mientras desliza los dedos por mi cuello—. Como siempre hemos sido.

Intento apartarme, pero el agarre se desplaza a mi nuca y aprieta con fuerza, haciéndome daño.

—Collin, para —jadeo, agarrándole la muñeca—. No quiero esto. No te quiero a ti.

Sus ojos centellean de ira y, de repente, su boca está sobre la mía, aplastando sus labios contra los míos. Forcejeo contra él, pero él es más fuerte, y me enreda la mano en el pelo para mantenerme en el sitio.

Le muerdo el labio, con fuerza, y él se aparta de un tirón soltando una maldición.

—Zorra desagradecida —gruñe, lanzando la mano a mi garganta, con los dedos clavándose en mi carne. Su agarre es punitivo, hiriéndome mientras su mano se cierra alrededor de mi tráquea.

Kai deja caer a Ellie al suelo y se abalanza hacia delante, pero Collin vuelve a girar la ballesta hacia él. Justo al centro del pecho. —¡He dicho que no te muevas!

Las lágrimas brotan de mis ojos, nublándome la vista. Araño la mano de Collin con las uñas, dejando surcos sangrientos, pero él ni siquiera se inmuta. El mundo se reduce a su rostro rabioso, a la presión asfixiante sobre mi tráquea, al fuego cada vez más agonizante en mi pecho.

Justo cuando el bosque empieza a ondularse en los bordes de mi visión, una mole descomunal irrumpe de entre los árboles. Un lobo, enorme y furioso, salta por los aires y cae sobre Collin, clavando sus poderosas mandíbulas en su brazo.

Collin grita y la ballesta se le cae de las manos mientras es arrastrado al suelo.

Retrocedo a rastras, con el corazón latiendo tan fuerte que temo que me estalle en el pecho.

El lobo descarga sus garras sobre Collin, desgarrando la carne y salpicando sangre por todas partes.

Los gritos de Collin se vuelven guturales y húmedos mientras el lobo le abre profundos surcos desde la frente hasta la mandíbula, destrozando aquel rostro antaño apuesto.

Me meto el puño en la boca, mordiéndome los nudillos para no gritar, ni correr, ni hacer nada que atraiga la atención de la bestia. El corazón me va a mil por hora, la bilis me sube por la garganta.

Justo cuando estoy segura de que el lobo va a arrancarle la garganta a Collin definitivamente, lo suelta y retrocede con un gruñido furioso.

Hay un destello de luz cegadora y, de repente, el lobo ha desaparecido.

En su lugar hay un varón fae, con el pecho agitado y las manos chorreando carmesí.

—Le prometí a Rowan que ella sería quien acabara contigo —gruñe el varón hacia el lugar donde Collin lucha por arrastrarse a salvo—.

Esa es la única razón por la que sigues vivo. Para que ella sea quien acabe contigo.

El varón se gira y sus ojos de color miel dorada captan la luz de la luna.

Logan.

Retrocedo un paso, solo para chocar contra un pecho firme mientras una mano se posa sobre mi boca. —No grites, Caos —me susurra Kyrian al oído—. Por favor.