31 Kai #3
—No he dicho que no fuera a ayudar —digo—. Solo quería asegurarme de que conoces los riesgos. De que ella conoce los riesgos. —Noto la mueca de dolor de Rowan y entrecierro los ojos—. ¿Esto es idea de Ellie o tuya?
—De las dos —admite Rowan—. Puede que no lo parezca, pero está aterrorizada. Y tiene motivos para estarlo.
—Está bien. Veré qué puedo hacer.
—Gracias. —Se dispone a levantarse para volver con su amiga, pero de repente no estoy listo para dejarla marchar.
—Espera.
Ella lo hace.
Y es entonces cuando me doy cuenta de que no sé qué decir.
—¿Kai?
—¿Estás bien? —le pregunto. Es lo mejor que se me ocurre. Ellie había usado su aeromancia para secar la ropa de Rowan antes, así que al menos tiene algo seco que ponerse.
—Bien. Tan bien como cualquiera. ¿Tú estás bien?
Saco una manzana del bolsillo y se la tiendo. —Tienes que comer.
—Tú también.
—Tenía comida extra en el bolsillo —miento—. Estoy bien. Come.
Lo hace, lo cual es un alivio. Pero también es la última razón que tenía para retenerla cerca de mí un poco más. Me preparo para cuando empiece a levantarse, pero vacila un momento más.
—¿Hay un plan? —pregunta—. ¿Más allá de esperar a que empiecen a torturarnos, quiero decir? Ya somos ocho aquí. Si nos organizamos, ¿podríamos reducir a Mercer y su contingente? ¿No sería mejor hacerlo pronto, antes de que empiecen a atarnos las manos?
Sacudo la cabeza. —Los nuevos prisioneros informan de que la posada del Pozo de los Deseos está plagada de mercenarios. La han convertido en su base de operaciones. Si lanzamos un asalto ahora, nos volverán a capturar.
—¿Y crees que eso cambiará? ¿Que esperar nos da mejores probabilidades?
—Creo que Logan nos dará una señal cuando sea seguro empezar a luchar.
O tan seguro como pueda llegar a ser. El momento oportuno es parte de cualquier batalla y, sí, a veces eso significa simplemente esperar.
Esperar con angustia. —Al menos, todo eso es cierto—.
Lo mejor que puedes hacer es estar con todas tus fuerzas y lista para cuando eso suceda.
—¿Qué clase de señal?
—La reconoceré cuando me llegue —le aseguro—. Además, creo que cuanta menos información compartamos por ahora, mejor. Por si acaso llegan los interrogatorios. No puedes contar lo que no sabes.
Se pone pálida y desearía poder retirar mis palabras. Aun así, levanta la barbilla como la mujer demasiado valiente que es. —Pero cuando llegue el momento...
—Si Ellie desea evitar el regreso a la Aguja, la ayudaré. —Me inclino hacia delante y bajo la voz tanto que incluso Rowan debe esforzarse para oírme—. ¿Y tú, Ainsley? ¿Quieres volver? Si hubiera una opción.
Sus ojos se agrandan ante la pregunta —que obviamente ni siquiera se había planteado antes— y se me encoge el estómago porque sé la respuesta antes de que la pronuncie.
Puede que sea una encantadora y no una soldado, pero no por ello me importa menos Eryndor.
Mi magia es lo que mantiene a salvo a la gente de Eryndor.
No le daría la espalda a eso solo porque no me gusten los ejercicios de entrenamiento. Pensé que ya sabrías eso de mí.
Por desgracia, lo sé. Pero lo intento de nuevo, una última vez. —Pero te parece bien que Ellie...
—Ellie es reemplazable, yo no lo soy. Y a diferencia de mí, la comandante dejará que ella muera. Si no puedes entender esa diferencia...
—Lo he captado —le corto; el rastro de esperanza que he sido lo bastante estúpido como para alimentar muere de forma rápida y merecida—. Ve a descansar y déjame hacer lo mismo.
Lo hace. Y no mira atrás.
Al día siguiente, que transcurre con más cadetes capturados, preguntas básicas e insuficiente comida repartida, Ulyssus confirma lo que yo finalmente había deducido.
La razón por la que Ellie no ha sido entregada ya a la comandante, por la que no han empezado los interrogatorios y por la que Logan ha informado de que se reúnen más mercenarios de los que vale el oro ofrecido, es porque nuestros captores están jugando a un juego totalmente distinto.
—Hak está haciendo planes para transportar a los prisioneros al noreste —me informa Ulyssus—. Lo cual, si has estado prestando atención, es hacia...
—La hueste de faes de Flurry que se aproxima. Los mercenarios no están jugando al juego de la comandante, están vendiendo su botín ganado con facilidad al mejor postor.
—Bien. Aún conservas algo de ingenio.
Me froto la nuca. —¿Han empezado ya los civiles a inquietarse por el retraso en cobrar su premio?
—Logan dice que están empezando a hacerlo —Ulyssus resopla—. O a lo mejor ha dicho que están empezando a oler mal. No me he molestado en distinguir la diferencia.
Eso suena bastante probable. En todos los sentidos.
—Los mercenarios tienen una gran reunión al otro lado de la ciudad dentro de dos horas. Han dejado una guardia mínima en la posada. Logan cree que puede sacaros entonces. ¿Podéis estar listos?
Miro a Rowan y ruego a las estrellas que algún día pueda perdonarme por lo que voy a hacer. —Dile a Logan que se retire. Si Hak y su banda son tan amables de darnos un paseo hacia casa, no hay razón para rechazarlo.
Una sensación de aprobación irradia de Ulyssus y yo levanto mis escudos.