El Poder de los Draken (Destinada a los Jinetes Draken 1) 18 Logan
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18 Logan

LOGAN

—La coneja tiene miedo —le digo a Kyrian mientras todo el mundo se reúne en el patio principal, moviéndose en un caos cargado de estrés en preparación para la partida.

Rowan está a unos pasos de nosotros, hablando con Ellie y colocándose el mismo mechón cobrizo rebelde tras la oreja cada pocos segundos.

Es su tic, aparece siempre que necesita una vía de escape para sus emociones.

Frustración en el ring de entrenamiento; incomodidad cada vez que Chambers se acerca; una timidez adorable cuando mi contacto, diseñado para volver loco a Kai, despierta su cuerpo a pesar de sus mejores intenciones.

Pero hoy lo hace porque tiene miedo. Y no me gusta.

—Todos tienen miedo —responde Kyrian—. Se puede oler.

—No me importan demasiado los demás. —Alejándome de Kyrian, camino hacia Rowan y la atraigo de espaldas contra mi pecho.

Técnicamente no se me permite hacerlo, ya que Rowan solo ha aceptado fingir que flirtea conmigo para chinchar a Kai, y él está ahora mismo yendo de un lado a otro entre los líderes de patrulla.

Pero Rowan tiene miedo y me siento protector.

Quiero darle algo sólido en lo que apoyarse, aunque nuestro intrépido líder esté demasiado ocupado para notar nuestras payasadas.

Pérdida de tiempo, comenta Nyx, mi draken, con desprecio en mi mente. ¿Por qué se molesta?

Es una pregunta retórica. Estoy tan perdido como Nyx sobre por qué Kai se molestó en crear un plan sólido o por qué se lo está dando todo masticado a los humanos ahora.

Francamente, si todos en el patio murieran o se quebraran bajo los latigazos y los interrogatorios, solo sería beneficioso para los fae.

Pero Kai tiene su propio código moral, por muy distante que le guste parecer, y un sentido de la responsabilidad de un kilómetro de profundidad.

Por eso realmente se merece a Rowan. Sé que la quiere.

Todos la queremos. Pero a diferencia de mí, Kai y Kyrian también serían realmente buenos para ella.

Así que cuando Kai se dé cuenta de su error y regrese suplicando para recuperar su favor, yo me haré a un lado.

Pero hasta entonces… Hasta entonces tomaré lo que Rowan esté dispuesta a dar. Incluso afecto fingido.

Rowan no se aparta y suelto el aire, aunque el corazón me sigue latiendo con fuerza contra las costillas.

No recuerdo haber sentido nunca esto por una mujer.

Por nadie, en realidad. Me arriesgo a ir un paso más allá y apoyo la barbilla en la coronilla de su cabeza.

Su pelo huele a fresco, a jabón de lavanda, y tiene la altura perfecta para que yo me apoye.

—Buenos días, fantasma —me dice ella, levantando la vista.

Le ha dado por llamarme así porque no dejo de desaparecer de clase.

Cree que simplemente detesto lo académico y no la saco de su error.

Además, no le falta razón. Desaparezco, solo que no de la forma ni por las razones que ella cree—.

¿Disfrutando de tu mañana libre de entrenamiento?

—No mucho, la verdad.

Suelto un bufido.

Un fino soplo de aire me golpea justo en medio de la frente.

Estrecho la mirada hacia la encantadora de aire. —Ellie. Un placer, como siempre.

—Claro que lo es. —Ella me sostiene la mirada desafiante, a pesar de ser una cabeza más baja que yo—.

Bueno. Vas a cuidar de mi mejor amiga. ¿Verdad?

—Acentúa la pregunta señalándome el pecho con un dedo.

Es impresionante, como ver a un pequeño y feroz glotón—.

Porque si le pasa algo, la próxima ráfaga de aire te va a dar en los huevos. Con clavos. Clavos oxidados.

—Eso es... aterradoramente específico. —Decido que Ellie me cae bien. Me gusta especialmente por Rowan—. Y sí, voy a mantenerla a salvo. Tanto Kyrian como yo.

—Bien.

Rowan ladea la cabeza hacia mí. Tiene los ojos muy abiertos y los labios ligeramente entreabiertos.

Lo suficiente como para ponerme inapropiadamente duro.

Joder, cómo me gustaría besar esa boca ahora mismo.

Quizá debería. Solo para distraer a Rowan del ejercicio que se avecina.

¿Pero vale la pena el riesgo de que se enfade?

¿Con qué rapidez me apartaría si pensara que me he pasado de la raya?

O peor, ¿si pensara que mi protección depende de alguna manera de que me bese?

En el mayor bajón del mundo para mis planes, Rowan y yo empezamos a hacernos amigos. No solo el concepto es la antítesis de mi existencia, sino que, para mi horror, descubro que me gusta. Me gusta lo suficiente como para que el riesgo de perder esta incipiente amistad me ponga nervioso.

Nyx resopla. No le gustan los humanos. Ni nadie. Muchas veces, no estoy seguro de si le gusto yo siquiera.

Tú eres el que menos me desagrada, aclara.

Hablando de gente que me desagrada, veo que Collin Chambers viene hacia nosotros y estrecho mi abrazo alrededor de Rowan.

Un gruñido se forma en medio de mi pecho y me cuesta reprimirlo.

Los humanos no hacen ese sonido. Sin embargo, sí que hacen un ruido crujiente muy agradable cuando los golpeas en la cara.

Desafortunadamente, dejar fuera de combate a Chambers ahora podría crear problemas, incluyendo algo que podría impedirme permanecer con Rowan en el campo.

Por lo tanto, mantengo los puños a raya, pero vigilo cada uno de sus movimientos.

No me gusta que se acerque más a Rowan. No quiero que Chambers respire siquiera el aire de Rowan.

Pero, por supuesto, se acerca.

—Te veo bien, Ro —dice Chambers, ignorándonos tanto a Ellie como a mí. Ya lleva la mochila al hombro y evalúa a Rowan de pies a cabeza—. Más fuerte que antes. El entrenamiento extra ha ayudado.

—No busco tu aprobación, Collin —le dice Rowan.

Esa es mi chica.

—Me han dicho que han tenido que sacarte del taller para prepararte para esto —continúa Chambers, refiriéndose a uno de los movimientos más brillantes de Kai.

Argumentando que un alquimista muerto era menos productivo que uno que falta unas semanas al trabajo, consiguió que el comandante liberara a Rowan de trabajar en la aleación áurica.

Cuanto menos de esa inmundicia llegue al mundo, mejor.

—En fin, solo venía a desearte suerte. —Chambers levanta la mano como para darle una palmada en el hombro a Rowan, pero me mira una vez y se la mete en el bolsillo—.

Y creo que es bueno que te centres en ti misma.

Conociendo tus limitaciones. La gente sale herida cuando sus compañeros sobreestiman sus habilidades.

—Mueve la cabeza hacia Ellie antes de alejarse—.

Nos vamos en quince minutos. Coged vuestras cosas.

—Creo que es fisiológicamente incapaz de abrir la boca sin que salga algo venenoso —dice Ellie, mirando la espalda de Chambers mientras se aleja.

—Siento que te haya tocado con él —dice Rowan y se zafa de mi agarre. La suelto a regañadientes.

—Sí. Bueno. —Ellie se encoge de hombros.

Maldigo entre dientes. A diferencia de Kai, no tengo motivos para que me importe si alguno de los humanos regresa con vida, pero a Rowan le destrozaría que le pasara algo a Ellie. Esa es razón suficiente para intervenir.

—¿Os han asignado vuestros tres puntos de control? —pregunto. Kai le dio a cada escuadrón un bloque de registros, pero dejó en manos de los líderes de escuadrón resolver los detalles.

Ellie asiente.

—¡Kyrian! —grito para convocar al varón, luego le extiendo la palma de la mano a Ellie—. Dame tu mapa. Confío en que Chambers haya ideado un plan que proteja algo más que su propio culo tanto como confío en que Grayson sea educado.

—He trazado mi propia ruta —dice Ellie, pero me entrega el mapa como se le ha ordenado. Es orgullosa, no estúpida.

—Nuestra ruta será mejor —dice Kyrian, captando la idea mientras se acerca. Kyrian es rápido para esas cosas. Y servicial hasta la médula. Sigue siendo un misterio cómo alguien como él se vinculó con personas como Kai y yo.

—¿Ah, sí? ¿Y eso por qué? —Ellie se pone las manos en las caderas y me cuesta no reírme. Sin embargo, explicar que Kyrian tiene más de cien años de experiencia sobre ella, o que entre los tres y nuestros draken tenemos explorada la mayor parte del territorio en juego, no es una opción.

—Porque soy muy bueno en esto —dice Kyrian sin atisbo de jactancia—.

Y estoy motivado para mantenerte viva, ya que Rowan aquí presente se disgustaría si murieras.

Por eso vais a ir por aquí. —Kyrian traza con el dedo una ruta por terreno elevado, dándole a Ellie consejos mientras detalla cada segmento, haciéndole repetir las instrucciones antes de dejarla ir con Collin y el resto de su impaciente escuadrón.

Los escuadrones siguen saliendo del patio durante la hora siguiente, sus botas crujiendo sobre la grava mientras parten en sus rutas asignadas.

Somos uno de los últimos grupos en salir, haciéndolo en las parejas y tríos que Kyrian asignó.

Para sorpresa de absolutamente nadie, Rowan va conmigo y con él.

Kai planea alcanzarnos más tarde, después de asegurarse de que todo el mundo está en camino, y luego dar un pequeño rodeo hacia el taller de alquimia para ver si puede echar a perder los materiales de aleación que caigan en sus manos.

La caminata de salida es fácil, incluso con la maleza enredada que intenta engancharse a nuestros tobillos.

El pulso del bosque a mi alrededor, potenciado por la promesa de que podré aferrarme a él durante dos semanas enteras, es un bálsamo para mis nervios.

Cuanto más nos adentramos, más fuerte resuena la presencia del bosque en mi sangre.

Como debe ser. Soy un lobo en mi esencia.

Nunca fui hecho para ser encerrado en jaulas de ladrillo y argamasa.

—Podemos parar aquí por hoy —grita Kyrian después de cinco horas de caminata, mientras nos acercamos a un recoveco en terreno elevado bien oculto a unos cientos de pasos del sendero principal.

—Menos mal —murmura Rowan entre dientes; el alivio en su voz es tan sincero que suelto una risita.