18 Logan #2
Ni Kyrian ni yo estamos remotamente cansados, pero Rowan está al límite.
Sin embargo, al principio del año no habría recorrido ni la mitad de la distancia, y estoy absurdamente orgulloso de ella.
Que la totalidad de mi trabajo durante las próximas dos semanas sea mantenerla a salvo se siente como un privilegio.
Respirando la frescura del bosque, me abro totalmente a sus sonidos.
Incluso con los protectores de Eryndor atenuando mi magia, puedo oír el crujido característico de las hojas cuando las criaturas nocturnas empiezan a emerger para pasar la noche mientras otras buscan refugio de la oscuridad que se aproxima.
Se oye el ulular lejano de un búho al este y un gruñido bajo, casi inaudible, seguido por el chasquido de una ramita al otro lado.
Luego, el suave paso de pezuñas sobre el suelo del bosque.
Lobos. No cambiapieles, sino lobos reales y salvajes, resolviendo las disputas naturales de la manada.
Crujientes, dice Nyx en mi mente, junto con la sensación de tener el vientre vacío.
No te comas a los lobos.
Hambre.
Que NO te comas a los lobos.
Nyx no responde. Sin embargo, no se comerá a los lobos.
No por consideración a mi petición, sino porque el draken es tiquismiquis con la carne y prefiere cenas más grasientas.
Me quito la mochila del hombro, tragándome una mueca ante el pinchazo de dolor ardiente que atraviesa el malestar persistente, el cual ha ido empeorando progresivamente durante la caminata.
El tiempo está a punto de cambiar a peor, entonces. Probablemente para mañana.
Deteniéndose a unos pasos de distancia, Rowan se deja caer al suelo sin molestarse en quitarse la mochila.
Está empapada en sudor a pesar del frío y parece un gatito desaliñado, con las orejas tiesas hechas de mechones de pelo castaño revuelto.
Es adorable. No es que sea tan tonto como para decir eso en voz alta.
O tal vez sí. Chinchar a Rowan puede que sea mi nuevo pasatiempo favorito.
—Despiértame mañana —dice ella—. O mejor aún... no lo hagas.
—Venga, conejita. —Situándome detrás de ella, le quito la mochila a Rowan.
—No soy una conejita.
Presiono con mis pulgares dos puntos de tensión justo debajo de sus hombros.
—Vale, seré una conejita si vuelves a hacer eso —dice rápidamente y yo accedo.
El gemido de placer resultante suena tanto a una liberación de otro tipo que Kyrian tropieza con una raíz. Saber que ese sonido es genuino y no solo una actuación para atormentar a Kai hace que me dé un poco de vueltas la cabeza.
Presiono de nuevo en la espalda de Rowan, rodando mi pulgar sobre el nudo. —Menos mal que no suenas así en el círculo de entrenamiento.
—¿Te refieres a cuando estoy rodando por la arena con un calambre en la pantorrilla y no sé si duele más eso o tu «útil» intervención? —dice por encima del hombro.
—Exactamente. —Esbozo una sonrisa. Una Rowan indignada es mucho mejor que una Rowan aterrorizada.
Continúo moviendo mis manos por su espalda y siento cómo se presiona contra mi tacto a pesar de la disputa verbal.
Probablemente sea solo su agotamiento, pero aun así espero que signifique que está empezando a confiar más en mí.
—Suenas más bien como una banshee chillona en el círculo.
—Me preguntaba a qué venía tanto alboroto —dice Kyrian. Está empezando a montar el campamento y finge no tener envidia del intercambio entre Rowan y yo. Siento una punzada de culpa. De los tres, Kyrian es el sociable. Él necesita a la gente, mientras que Kai y yo simplemente los toleramos. O no.
Me pregunto qué no daría él por tener sus dedos explorando los músculos de Rowan ahora mismo. Por estar hablando con ella como amigos. Coqueteando incluso.
«Integridad», me informa esa parte de mi mente que desearía de veras que se quedara callada. Kyrian no renunciará a su integridad. Porque es un macho demasiado bueno para mentirle a Rowan. Incluso por omisión.
—Me dan calambres en las piernas —le explica Rowan a Kyrian—. A menudo. También tropiezo con las cosas. Mucho. A veces tropiezo con la espada de práctica que se supone que debo blandir contra, bueno, no contra mí. Así que siento mucho de antemano que te hayas quedado atrapado conmigo en esto.
Eso hace que Kyrian se congele por un instante.
Luego se pone en movimiento, rodeándola para ponerse en cuclillas frente a Rowan.
Es un tipo de macho tradicionalmente hermoso.
Musculoso pero ágil, con una mandíbula marcada, pómulos altos que parecen no tener fin y ojos azules que atraviesan la oscuridad que se asienta.
A diferencia de las mías, sus cicatrices están en el interior.
Ah, y es de la realeza Flurry. Si alguna vez cede a la atracción que sé que Rowan ejerce sobre él, va a hacer que ella se olvide de mi existencia en lo que dura un suspiro.
Ahora, los dedos de Kyrian buscan los de Rowan con una posesividad que hace que algo incómodo se retuerza en mi interior.
—Eso es pura sandez —le dice Kyrian—. No estamos atrapados contigo. Te elegimos a ti. A ti y a todo el caos que traes allá donde vas. ¿Me oyes, muchacha?
La sonrisa de respuesta de Rowan me atraviesa. Quiero que ella me sonría así a mí también esta noche. Y voy a encontrar la manera de que eso ocurra.
—¿Podemos encender un fuego? —pregunta Rowan.
Kyrian niega con la cabeza mientras se levanta. —Estamos demasiado cerca del sendero principal. Una hoguera en mitad de la noche sería una invitación para un asalto.
—Cierto. —Rowan asiente de inmediato, pero su cuerpo está tenso y se esfuerza por no estremecerse ante la misma melodía del bosque que a mí me resulta relajante. Ojalá pudiera hacer algo para cambiar eso.
Para cuando terminamos de comer nuestras raciones de carne seca, queso y pan, la oscuridad ya nos envuelve por completo.
La temperatura ha bajado drásticamente tras la caminata del día, demostrando una vez más que mi hombro es un barómetro condenadamente fiable.
Quizás algún día le dé las gracias al alfa que me lo dislocó una y otra vez después de que su manada aniquilara la mía.
Preparándome para dormir, extiendo los sacos uno al lado del otro, colocando el de Rowan entre el mío y el de Kyrian. —Duerme un poco, conejita. —Doy una palmada a su lecho para animarla.