16 Kai
KAI
—¿Alguna novedad sobre el próximo cargamento de acero áurico? Ha pasado… ¡Kai! —Kyrian chasquea los dedos frente a mi cara mientras entramos juntos en el comedor, envueltos en el estruendo de los cubiertos golpeando los platos y el olor a carne recocida— ¿Me estás escuchando?
—En absoluto —respondo con sinceridad. Sé que debería escuchar a Kyrian.
Suele decir cosas inteligentes. Pero ahora mismo estoy demasiado ocupado evitando mirar a mi alrededor para ver si la alquimista ya está aquí.
Es la hora del almuerzo, así que probablemente lo esté.
Además, en la semana que ha pasado desde que me marché tras besarla en el taller, parece estar en…
todas partes. Hermosa y seductora, y —la mayoría de las veces— en compañía muy cercana de Logan.
El hecho de que su repentina complicidad empezara el día después de aquel beso no puede ser casualidad.
No, es una exhibición deliberada para mi beneficio. O iluminación. O castigo.
Lo más probable es que sea un castigo. ¿Por besar a Rowan o por irme? ¿O simplemente por tener la osadía de imaginar que tal vez existiera un universo donde ella y yo pudiéramos ser algo más?
Como si hubiera algún universo donde yo pudiera ser fiel tanto a Rowan como a Lilith.
Ni Logan ni Kyrian me han echado en cara lo del beso, pero es obvio que saben que ocurrió. Sin embargo, ¿cómo se enteraron? ¿Confía ahora Rowan en alguno de ellos? ¿Con ambos? ¿O acaso Ulyssus se lo contó a los otros drakens, que luego informaron a sus jinetes?
Es insultante que pienses que me importa lo suficiente como para molestarme, interviene Ulyssus en mi mente.
Levanto mis escudos mentales como respuesta. Que estuvieran bajos para empezar es otra señal de lo mucho que me está distrayendo este lío con Rowan.
—El cargamento de acero áurico —enuncia Kyrian las palabras mientras me pone una bandeja de comida en las manos—. ¿Cuándo es el próximo?
—Todavía no lo sé. —Obligo a mi atención a volver a la conversación.
Durante los dos últimos años, hemos interceptado con éxito más de la mitad de los cargamentos de acero áurico procedentes de la Aguja Este.
A veces directamente, con una emboscada en una noche sin luna en la que los humanos no ven una mierda; otras veces, unas palabras susurradas en tabernas sombrías bastaron.
No todo el mundo en Eryndor cree que merezca la pena luchar en esta guerra.
Destruir los cargamentos de acero áurico carreta a carreta no es la solución definitiva, pero ayuda a mantener las armas recubiertas de la aleación lejos de los ejércitos de Eryndor.
Y lo que es más importante, lejos de las instalaciones secretas donde llevan a los drakens que capturan vivos. Esos que aún no hemos descubierto.
Me concentro en la pregunta de Kyrian. —Espero que la comandante me llame pronto por una cosa u otra. Cuando esté en su… —Mis pasos flaquean, mis pensamientos se descarrilan de forma espectacular al ver la mesa del rincón donde Rowan y Logan se agrupan sobre un despliegue de libros y papeles.
No, no solo están agrupados. Rowan se apoya en el muslo de Logan mientras escribe algo en la pizarra de carboncillo que tienen delante.
La cara de él está tan cerca de la de ella que, un centímetro más y le estaría lamiendo la oreja.
¿Es eso realmente necesario? No. Basta. No tienes absolutamente ningún derecho a decirle a Logan que pare.
¿No fuiste tú quien ordenó a ambos machos que hicieran lo que fuera necesario para ganarse la confianza de la alquimista?
Solo porque tú no fuiste lo bastante fuerte para seguir tus propias órdenes no significa que los demás no lo sean.
¿Es eso lo que está haciendo Logan ahora?
¿Mantiene la cabeza fría y solo está fomentando la confianza de la humana para que venga con nosotros voluntariamente cuando llegue el momento?
¿Es todo ese contacto cariñoso entre ellos una forma de desviar su atención para que no se dé cuenta de nuestras verdaderas intenciones hasta que sea demasiado tarde? ¿O hay algo más en todo esto?
Le lanzo la pregunta a mi draken y recibo un bufido irritado como respuesta.
—Es Logan. ¿En qué momento piensa él más allá del presente? —gruñe Ulyssus—. Ahora deja de molestarme con preocupaciones frívolas. Estoy ocupado con la poca caza que ofrece este reino olvidado de la mano de Dios.
Ulyssus levanta su escudo, dejándome fuera con la experiencia de un draken de quinientos años. Sé que es mejor no insistir.
En su mesa, Logan le dice algo a Rowan. Sea lo que sea, hace que Rowan eche la cabeza hacia atrás entre risas. El sonido no llega a oírse por encima del ruido general del comedor, pero puedo imaginarlo perfectamente: clara y melodiosa, como campanillas de viento en una brisa de verano.
Es la misma risa que le dedicó ayer a Logan cuando este la levantó por encima de la valla del patio de entrenamiento; y el día anterior, cuando chocó su hombro contra el de ella al romper la formación.
Y todos los días durante la última semana.
Cada día desde que probé la boca de Rowan en ese maldito taller y luego la dejé allí plantada sin ninguna explicación.
Una opresión inoportuna me atenaza el pecho, apretándose más mientras observo a Logan pasar un brazo casualmente por los hombros de Rowan.
¿Se habrá dado cuenta ya de que, por mucho contacto que inicie Logan, siempre es él quien la toca a ella y no al revés?
¿Habrá notado su costumbre ensayada de coger con elegancia las manos de las mujeres y redirigir los movimientos con tal destreza que pocas perciben el patrón?
¿Sabe que él siempre folla vestido y por detrás? ¿Le parecerá extraño?
Aprieto los dientes ante la idea de que Rowan sepa cómo folla Logan.
—¿Estás bien, colega? —Kyrian planta un cuenco de estofado de venado en mi bandeja, ya que parezco incapaz de realizar tareas básicas.
Como no respondo de inmediato, sacude la cabeza—.
Vale. Mira, ahí está Logan. —Señala la mesa que tanto he estado evitando y silba—.
Esos dos parecen llevarse muy bien. Vamos a ver cómo de bien.
El rastro de diversión en los ojos de Kyrian dice que sabe exactamente cuánta sal está echando en la herida. Bastardo.
—Tengo que irme. —Vuelvo a dejar mi estofado en la bandeja de Kyrian—. Cómete el mío. De todas formas no tengo hambre.
—¿A dónde vas?
Buena pregunta. —Iré a ver a la comandante —digo, tomando una decisión rápida—. Se supone que tengo que sacar a ciento veinte novatos en dos días y todavía no sé nada de la misión. —Todo es cierto. Irrelevante, pero cierto.
—Vale. Buena idea. Mira a ver si puedes echar un vistazo a los planes del transporte de acero mientras estás allí —dice Kyrian, dirigiéndose ya con paso decidido hacia donde están sentados Rowan y Logan. Acurrucándose. Haciendo todo lo que yo no hago.
Tengo la intención de irme de inmediato, pero me quedo allí parado, clavado en el sitio mientras Kyrian se acerca a Rowan, con su característica confianza relajada ondeando a su alrededor como una capa.
Se desliza en el banco a su lado, chocando con su hombro y casi rozando con la mano su vientre mientras se estira para añadir sus propias marcas a la pizarra.
Ninguno de ellos me mira cuando por fin consigo que mis pies se muevan de nuevo.
¿Qué importa que Logan y Kyrian se sienten junto a Rowan, respiren su aroma y la hagan reír?
Su placer es solo temporal. Tal vez lo hagan para atormentarme —porsupuesto que lo hacen para atormentarme—, pero en última instancia, solo se están haciendo daño a sí mismos.
Porque Rowan solo los odiará mucho más cuando la verdad salga finalmente a la luz.