El Poder de los Draken (Destinada a los Jinetes Draken 1) 15 Rowan
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15 Rowan

ROWAN

Ala mañana siguiente, me subo al cuadrilátero de entrenamiento con la firme intención de provocar a Logan para que acabe con mi sufrimiento.

No lo hace, pero al menos mantiene la boca cerrada y me hace trabajar con tal intensidad que, para cuando salgo a rastras de la arena, mi mente está demasiado ebria de fatiga como para sentir el filo punzante del rechazo de Kai. En su mayor parte.

—¿Quieres hablar de ello? —pregunta Logan mientras engullo un tercer cubo de agua, vertiendo la mitad por mi camiseta. No es que importe, dado lo empapada de sudor que ya estoy de por sí.

—¿De qué?

Logan salta la valla con total elegancia y sin esfuerzo, luego me arrebata el cubo de agua entero y bebe directamente del borde.

—De Grayson. —Baja el cubo lo justo para no perderme de vista; su espeso cabello negro reluce con las pocas gotas de agua que acaba de salpicar sobre él—.

Ya sabes: alto, rubio, melancólico, ¿le gusta mangonear a todo el mundo?

Me tenso. ¿Le habría contado Kai lo del beso a Logan? ¿Lo sabría también Kyrian? Y, en ese caso, ¿qué había dicho exactamente?

Joder.

Acabo de pasarme dos horas intentando sacar a Kai Grayson de mi cabeza y ahora ha vuelto, instalándose de nuevo en mi mente sin ser invitado.

Recordándome cómo su beso encendió cada fibra de mi cuerpo, excitándome más de lo que Collin jamás logró.

Más de lo que creía posible. Sacudo la cabeza, frustrada conmigo misma.

Logan resopla, luego me estudia y su expresión se vuelve solemne.

—¿Te ha hecho daño, conejita? —pregunta en voz baja, apartándose de la cara los mechones empapados de sudor.

Por un momento, Logan no parece su yo habitual, guapo y temible.

En su lugar, hay preocupación. Una extraña actitud protectora.

Ya, claro. Como un lobo protegiendo a su presa recién cazada. ¿O es que se me ha escapado lo de «conejita»?

—No. No ha sido nada de eso —le aseguro rápidamente.

La posibilidad de que Kai me hiciera daño físicamente ni siquiera se me había pasado por la cabeza ayer, lo cual probablemente fue un error.

Ese hombre podría romperme con una sola mano.

Con media orden. Pero mi instinto me decía que no lo haría.

Al menos, no físicamente. En cuanto al resto...

Hago una mueca al darme cuenta de que acabo de confirmar las sospechas de Logan sobre la implicación de Grayson en mi estado de ánimo actual.

—Entonces, ¿cómo ha sido? —Logan se impulsa para sentarse en la valla, esperando a que yo encuentre las palabras que se me escapan en tropel.

Enmarcados por su espeso cabello negro, sus ojos color miel parecen dorados bajo la luz reflejada, despertando un recuerdo que no logro atrapar.

La pregunta de Logan queda suspendida en el espacio que nos separa.

¿Pero qué se supone que debo decir? Dioses, ni siquiera sé qué decirme a mí misma, y mucho menos a Logan.

¿Algo como: «Estoy disgustada porque el beso de Kai ha destrozado todas mis ideas sobre los besos y no sé en qué lugar me deja eso ahora»?

¿O tal vez que me decepciona lo rápido que el comandante de todo nuestro año ha recobrado el sentido común respecto a mí?

¿O quizás que ayer, por un momento, creí ver al verdadero Kai y me dolió verlo marcharse?

Nada de eso suena bien, ni siquiera para mí.

Puede que no sea lo bastante lista como para haberme mantenido alejada de Kai Grayson, pero al menos soy lo bastante lista como para mantener la boca cerrada delante de su mejor amigo.

—Nada —le digo a Logan, que sigue aguardando mi respuesta con una quietud preternatural—. No es nada importante. —La campana suena, salvándome de la conversación y señalando el fin del entrenamiento matutino y el comienzo de las clases teóricas—. Tengo que cambiarme. Nos vemos luego.

Empiezo a caminar hacia los dormitorios de los encantadores, solo para oír el suave golpeteo de unas botas cuando Logan se sitúa a mi lado. Los cadetes que ya están en el camino le echan un vistazo y se echan a un lado, despejando el paso. Él ni siquiera se percata de su presencia.

—Habla conmigo, conejita —dice Logan.

—No hay nada de qué hablar. —Me detengo ante la entrada del barracón de los encantadores y señalo el edificio donde duermen los cadetes de combate—. Tú vives allí. ¿A menos que pretendas entrar y verme cambiar?

Logan alarga el brazo por delante de mí, su aroma a madera rozándome la mejilla, y abre la puerta principal. —Después de ti.

—¿En serio?

—Nunca rechazo una invitación para ver cambiarse a una mujer hermosa.

—¡Eso no era una invitación!

—Pues ha sonado como una invitación. —Logan ya camina por delante de mí por el pasillo de mi propio edificio de dormitorios. Su camiseta sudada se le pega a los brazos y hombros, sin dejar nada a la imaginación en lo que respecta a sus músculos—. Tengo experiencia en estas lides.

Varias cabezas se giran hacia nosotros, siguiendo nuestro avance. Fantástico. Como si no hubiera ya suficientes rumores sobre mí. —¿Puedes al menos bajar la voz?

—¿Por qué? —Abre la puerta de mi habitación antes de que yo pueda hacerlo y se hace a un lado, dejándome pasar primero con galantería.

Estrangularía a este hombre si pudiera. Como no puedo, trato de limitar daños trasladando la charla al interior de mi cuarto lo antes posible.

No, una charla no. No vamos a tener una charla.

Cojo un uniforme limpio del cajón. —Por favor, dime que no vas a quedarte a verme cambiar de verdad.

Logan cierra los ojos, pero apoya la espalda contra la pared, claramente sin intención de moverse.

—¿Por qué te importa? —le pregunto, quitándome la camiseta.

Durante la última semana de entrenamiento, Logan me ha visto vomitar, marearme en pleno movimiento y caer a la arena como un pez moribundo, y contener las lágrimas por la pura frustración.

Si quiere quedarse en la habitación mientras me cambio, no me importa demasiado.

Su opinión sobre mi cuerpo no puede caer mucho más bajo.

Se encoge de hombros, pero mantiene los ojos cerrados. —Porque me importa.

—Repito, ¿por qué?

Cambia el peso de una pierna a otra y, por un segundo, creo que hasta parece incómodo. —Quizás porque creo que somos amigos.

Me detengo con los pantalones a mitad de los muslos.

—Somos literalmente el castigo el uno del otro, Logan.

Tú intentas enseñarme a seguir viva y yo...

bueno, teóricamente te estoy ayudando a no suspender las teóricas, pero no vienes ni a una sola sesión de estudio.

—Termino de cambiarme los pantalones rápido, teniendo a Logan a dos pasos de distancia.

Suspiro. Mira, hasta hace dos días todavía te estremecías al ver las cicatrices de mi cara.

No sabemos nada el uno del otro. Así que no, no creo que califiquemos como amigos bajo ninguna definición. Por cierto, ya puedes abrir los ojos.

Lo hace, pero se mantiene firme en su puesto junto a la pared y no dice nada durante varios momentos. La forma en que inclina la cabeza hacia un lado me recuerda a un perro pensativo. —¿Qué quieres saber? —dice finalmente, como si hubiera tomado una decisión—. Sobre mí, quiero decir.

—¿De verdad? —Entorno los ojos—. ¿Puedo preguntar lo que sea y tú respondes?

Logan levanta la barbilla con aire de desafío. —Adelante.

Me cruzo de brazos. —Vale. ¿Por qué no te presentaste para trabajar en el proyecto de Historia?

—No me hacía falta. Está terminado.

Sacudo la cabeza y me siento en el borde de mi cama para ponerme las botas. —Claro. Se me olvidó especificar que las respuestas tenían que ser veraces. Me has pillado. Me rindo.

—El trabajo está terminado porque Alyssa lo escribió por mí —dice Logan con calma—. Creo que estabas presente cuando le ofrecí mi gratitud.

—Ah. —Abro la boca para decir algo más, pero la cierro sin que salga nada inteligente. Había dado por hecho que Logan se estaba cobrando su placer aquel día. No sé qué pensar al saber que fue justo al revés.

—No he vuelto a estar con ella desde entonces, por si te interesa saberlo —añade él.

—No es asunto mío si lo hubieras estado. Quizás puedas buscar a alguien que mire la próxima vez. Me han dicho que a ella le gusta eso.

Él esboza esa sonrisa suya, pero no llega a reflejarse del todo en sus ojos. —Mi turno —dice Logan—. ¿Por qué no usas el apellido Ainsley?

Estoy a punto de señalar que nunca acepté un trato de intercambio, pero me sorprendo diciéndole la verdad. —Soy una vergüenza para el nombre Ainsley.

Logan levanta la cabeza de golpe. —¿Según quién?

—Según mi madre, la reina, y todo aquel que me haya visto tropezar con mis propios pies durante los últimos años —respondo con la misma cadencia inquebrantable que él había usado al hablar de Alyssa.

La mandíbula de Logan se tensa ante mi respuesta, pero no le doy espacio para insistir—.

¿A dónde vas cuando te saltas las clases?

—Al bosque. Lo bastante lejos como para no oír a toda la gente.

Arqueo las cejas por la sorpresa. Logan siempre es el centro de atención, normalmente con una chica o dos sentadas en su regazo. Si tuviera que tachar a alguien de la tríada de solitarios, habría elegido a Grayson.

—¿Qué pasó ayer entre tú y Grayson? —pregunta Logan, como si adivinara el curso de mis pensamientos.

Cojo el cepillo para intentar domar mi pelo en algún tipo de orden, ganando unos segundos para pensar en el proceso.

No estoy segura de qué me hace finalmente decantarme por la verdad, si es el interés con el que Logan me escucha o mi necesidad imperiosa de contárselo a alguien; pero decido lanzarme. —Me besó. Y luego se fue.

Logan se separa de la pared, con la incredulidad dibujada en cada línea de su magnífico rostro. —¿Te besó? ¿Que Grayson te besó? No me jodas.

—Gracias por el voto de confianza —le digo en broma, intentando ocultar el escozor que me produce el asombro de Logan.

Sé que los hombres con el aspecto de Kai Grayson —o de Logan, o de Kyrian— no van detrás de mujeres con mi aspecto, pero no hacía falta restregármelo por la cara.

Termino de domar mi cabello y me hago una coleta—.

¿Vas a ir a Matemáticas con el uniforme de entrenamiento mojado?

Y no, no puedes hacer una pregunta a cambio de responder a eso. El juego se ha acabado.

Logan me ignora, con las manos en los bolsillos mientras recorre el pequeño espacio de mi habitación. —Grayson te besó. ¿Estás segura?

Dioses, sigue con lo mismo. Abro las palmas de las manos. —No lo sé, Logan. Ayer besé a tantos hombres que es casi imposible llevar la cuenta. Quizás fue otro. Simplemente pon el nombre que te parezca más apropiado para la situación y quedémonos con eso.

—Bueno, para empezar, mi nombre —dice Logan, como si fuera evidente. Se detiene de repente y se gira hacia mí, fulminándome con la mirada como si todo fuera culpa mía—. ¿De qué va Grayson diciéndonos a Kyrian y a mí que mantengamos la cabeza fría cuando él anda por ahí besándote?

—¿Él qué? No, no respondas. —Hago una pausa—. Espera. ¿Tú quieres besarme?

—Por supuesto que quiero. ¿Por qué no iba a querer?

—Hay tantas respuestas para esa pregunta... —murmuro, porque ya no sé ni por dónde me da el aire en esta conversación.

—¿Te besó y se marchó?

—¿Hay eco aquí?

Un destello de picardía aparece en los ojos de Logan. —¿Qué te parecería hacer sufrir un poco a ese imbécil por su elección?