13 Rowan
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ROWAN
Caminar en medio de la tríada es, en el mejor de los casos, surrealista y, en el peor, aterrador. Los pensamientos me tintinean en la cabeza como dados al girar y suelto el primero que cae boca arriba. —Pensaba que Logan no quería saber nada de mí.
—Eso fue ayer —dice Logan sin romper el paso—. He cambiado de opinión.
—¿Con qué frecuencia cabe esperar que ocurra eso?
—En los cuatro años que hace que lo conozco, es la segunda vez —responde Kyrian, atravesando el grupo de cadetes que se congrega frente a nosotros.
Se apartan sin rechistar, cediendo el paso a la tríada incluso en el caos organizado del patio de entrenamiento.
Kyrian mueve los hombros—. Así que creo que estamos a salvo durante otro par de vueltas al sol.
—¿Sobre qué cambió de opinión la última vez? —pregunto, como si Logan no estuviera caminando a dos pasos de mí escuchando toda la conversación.
—Sobre si matarme o no —grita Kai por encima del hombro mientras se separa para hacer lo que sea que haga para presidir toda la debacle de los cadetes—. Para ser justos, la mayoría de la gente que me conoce se debate en lo mismo.
Kyrian suelta un bufido. —Sí, aunque no se lo piensan mucho tiempo. Por desgracia para ellos, ninguno puede cumplir su deseo. Ese pequeño bastardo es difícil de matar.
—Vamos, mi pequeña liebre, que el brazo de Collin no se va a romper solo —dice Logan, desviándose hacia el ring de lucha mientras me hace un gesto con las manos para que lo siga. Su pelo negro y enmarañado se contonea con cada paso, tan rebelde e impredecible como parece ser él.
—No estamos entrenando de verdad para romperle el brazo a Collin, ¿verdad? —pregunto. Tras las últimas veinticuatro horas, ya no tengo ni idea de qué entra y qué no entra en los planes—. Estamos entrenando para luchar contra los fae de Flurry.
Logan se detiene y le lanza a Kyrian una mirada suplicante, como si le doliera tener que buscar una respuesta a una pregunta tan obviamente absurda.
Kyrian se mete una mano en el bolsillo. —Si quieres ser precisa, ellos están entrenando para luchar contra los fae de Flurry —dice arrastrando las palabras, señalando con la mano a un grupo de cadetes que ya han empezado los ejercicios de combate—.
Kai, Logan y yo no, porque ya somos jodidamente buenos matando cosas.
Y tú tienes tantas probabilidades de matar a un fae en combate cuerpo a cuerpo como Logan de bailar ballet.
Así que, técnicamente, romperle el brazo a Collin es un objetivo razonable.
En otras palabras, la locura sigue su curso.
—Quiero decir, si prefieres unirte al resto del escuadrón... —Kyrian señala hacia donde nuestros compañeros ya están cargando sacos de arena por una pista de obstáculos que me hace estremecer con solo mirarla—, creo que podría convencer a Logan de que hiciéramos eso en su lugar.
—Vale. —Le dedico a Logan la sonrisa más radiante que soy capaz de fingir—. Guía el camino. A cualquier parte menos allí.
Él me suelta un bufido lobuno y se da la vuelta para continuar nuestra marcha hacia el ring de entrenamiento. Salta por encima de la valla que rodea una zona cubierta de arena.
—Para que conste —le digo a su espalda mientras yo entro trepando por los barrotes—, soy un poco desastre en esto.
—Un desastre es lo que ha pasado ahí fuera. —Logan inclina la cabeza en dirección al patio, donde el rifirrafe entre Collin y yo se ha desarrollado a la vista de todos. Señala la arena—. Aquí dentro, lo llamamos entrenamiento.
Antes de que pueda decir nada más, el pie de Logan sale disparado y se engancha en mi tobillo, haciéndome perder el equilibrio. Mi espalda choca contra la arena, dejándome sin aliento. Me preparo para el familiar dolor de los moratones, pero no me duele. Solo me he llevado un susto de muerte.
Logan me mira un momento antes de tenderme la mano para ayudarme a levantarme.
Recelosa, la acepto y me pongo en pie con las piernas temblorosas, solo para que me derribe de nuevo con un barrido diferente.
Cuando vuelve a extender la mano por segunda vez, le lanzo una mirada fulminante.
—Creo que me quedaré aquí abajo y así nos ahorramos el trabajo a los dos.
Se le levanta una comisura de los labios. —¿Y cómo te imaginas que te va a ir ahí abajo?
Antes de que pueda responder, Logan me sigue al suelo, aplastándome de espaldas y poniéndose a horcajadas sobre mi pecho con un movimiento ágil.
Sus muslos me sujetan a ambos lados de las costillas, atrapándome bajo él con una firmeza que me provoca un escalofrío por la espalda.
Agarrándome los brazos, me los inmoviliza por encima de la cabeza y luego se mueve un momento mientras pasa ambas muñecas a una de sus grandes palmas.
No puedo moverme. Lo sé porque intento dar una sacudida y retorcerme para zafarme, pero fallo una y otra vez.
Logan no me está haciendo daño —estoy bastante segura de que ni siquiera ha dejado caer todo su peso sobre mi pecho como podría—, pero me tiene completamente inmovilizada.
Lo cual ya sería bastante malo de por sí, pero lo peor es que, en lugar del pánico lógico que debería sentir, se me corta la respiración de repente con una sensación totalmente distinta.
Inexplicablemente, ahora soy hipersensible a cada detalle del rostro de Logan, a cada movimiento de su cuerpo.
A la forma en que sus músculos se flexionan bajo su camiseta de entrenamiento holgada, al olor de su esfuerzo mezclándose con la frescura del aire frío.
Al mechón suelto de su pelo negro que le cae sobre la ceja derecha.
La que tiene marcada por una tenue cicatriz.
Algo caliente e inapropiado se me acumula en el vientre.
Los ojos de Logan se clavan en los míos, con sus iris convertidos en un mosaico de miel dorada y un desafío lupino, todo mezclado. Se inclina más hacia mí, su aliento me roza el oído mientras ese mechón de pelo suelto acaricia ahora las cicatrices de mi propia mejilla.
—¿Sigues optando por quedarte en el suelo, liebre? —pregunta. Su mano libre me roza las costillas y las yemas de sus dedos presionan el punto tierno entre los huesos.
Se me eriza la piel y siento la boca demasiado seca para hablar.
—Un lugar estupendo para clavar una daga aquí —dice Logan, volviendo a presionar, justo al borde del dolor pero sin sobrepasarlo—. Y aquí también.
Intento preocuparme de veras por la daga imaginaria, pero solo puedo concentrarme en la sensación de los muslos de Logan.
—Yo... —La punta de mi lengua sale disparada para lamerme los labios y la atención de Logan se desvía de inmediato hacia ellos—. Yo...
La mano de Logan se aprieta alrededor de mis muñecas, sujetándome con una fuerza imperiosa que me provoca otro escalofrío involuntario. Sus ojos recorren mi cuerpo. Mi cara. Mis cicatrices.
De pronto, se pone en pie más rápido de lo que se había echado al suelo. No solo se levanta, sino que se aleja de mí. Son solo unos pocos pasos, pero parecen muchos más.
—Siguiente técnica —anuncia Logan, cruzando los brazos sobre el pecho mientras mira a cualquier parte menos a mi cara—. Caídas. Veamos en qué punto estás con eso. Empieza hacia atrás. Barbilla pegada al pecho, golpea la arena con la mano para disipar la fuerza. Vamos.
A pesar de su orden, me lleva unos instantes volver a la realidad.
Logan me espera a distancia, con la incomodidad persiguiéndome a cada paso.
Me dan ganas de preguntar qué es lo que le resulta tan repulsivo de mis cicatrices, pero hacerlo también podría dar a entender que me creo deseable para él de no ser por ellas. No pienso meterme en ese jardín.
No es que no tenga un espejo. Sé que no me parezco a Alyssa.
Tres días después, Ellie me agarra de la camiseta y me arrastra a una esquina de la última fila del aula en cuanto entro en Estrategia y Táctica.
—Mueve tu misterioso traserito hasta aquí —sisea, sin perder de vista la parte delantera de la sala donde el coronel Thomeo está preparando una pizarra para una lección sobre drakens.
Probablemente porque alguien confundió drakens y dragones el otro día, lo cual es como equiparar a un lobo cualquiera con un fae cambiapieles.
Ellie me da un toque en el pecho con el dedo—.
Ha sido imposible pillarte a solas desde que, ya sabes, Collin mostró lo que realmente es.
Parece enfadada por lo de Collin, pero no sorprendida; al menos solo me lo echa en cara con el tono.
—Lo sé, lo siento. —Nos guío hacia los asientos—. Kyrian no me deja alejarme de él ni tres pasos a menos que sea con Logan.
—¿Y dónde están ahora?
—Kyrian por fin se ha rendido y se ha ido a dormir la siesta, y Logan es alérgico a los estudios académicos.
—¿Y Grayson?
—A ese le importo un bledo. —Excepto por la vez que me salvó de la ira del comandante—. Así que él al menos no supone un problema por ahora.
—Excepto que ha estado vigilando cada uno de tus movimientos desde que has entrado aquí. —Ellie señala sutilmente hacia el otro lado de la sala, donde Kai está de pie con la espalda apoyada en la pared y una daga dando vueltas en sus manos. Efectivamente, su mirada azul gélida está clavada en mí.
—Joder. —Me giro rápidamente hacia el frente de la sala, donde Thomeo está empezando su lección.
Tal como esperaba, trata sobre dragones contra drakens, centrándose en la anatomía del draken.
Debido a las escamas de los drakens, que son como una armadura, solo las flechas disparadas en los pliegues vulnerables tras las patas, las orejas y algunos otros lugares penetrarán lo bastante profundo para que la aleación áurica que yo fabrico surta efecto; así que la anatomía es importante.
Por eso ya me sé todo esto, y Ellie también.
—¿Cómo va tu escuadrón? —le pregunto.
Un cadete de combate que está delante de nosotras se gira para lanzarme una mala mirada. —¿Queréis callaros de una vez? Los que no nos estamos tirando a nuestros oficiales al mando necesitamos saber esto de verdad para seguir vivos.
—Si no te lo sabes ya, puede que Eryndor esté más a salvo contigo muerto —responde Ellie con una sonrisa meliflua—. Así que me gusta pensar que estamos haciendo un servicio a la comunidad.
El cadete le lanza a Ellie una mirada asesina y luego se da la vuelta con un bufido. Ellie me aprieta el brazo. —No les hagas caso.
—Les... —Así que hay más «joyitas» por ahí. Y sin ninguno de la tríada cerca de mí, están más que encantados de soltar sus pullas. —Collin es el que me engañó. ¿Cómo es que la puta soy yo?
Ellie suspira. —Porque los gilipollas son gilipollas y Chambers es el más asqueroso de todos ellos. —Se desploma en su silla—. Ah, y tienes ante ti a la nueva arquera del gilipollas.
—¿Qué?
—Me ha arrastrado a su escuadrón. —Sacude la cabeza; ambas sabemos que no se puede hacer nada al respecto.
—... ¿lo cual hace qué, Lexington?
Me sobresalto ante la pregunta de Thomeo, aclarándome la garganta mientras trato de reconstruir sobre qué demonios habrá estado sermoneando. Drakens... dragones... anatomía... armas...
Thomeo me lanza una mirada de desaprobación. —¿Qué hace el acero áurico?
Cierto. Mi contribución a la humanidad.
—El acero áurico es acero recubierto con una aleación áurica —respondo mecánicamente—.
Hace que el acero sea más fuerte y más resistente a los daños y a la corrosión.
Cuando se usa contra los fae, altera su inmortalidad y su curación, haciéndolos tan vulnerables como los humanos e impidiendo que los cambiapieles cambien de forma.
Contra los drakens, paraliza temporalmente las alas y otros músculos principales, dejándolos en tierra de forma efectiva.
—¿Durante cuánto tiempo? —exige una voz oscura y familiar desde el fondo del aula. Kai. Me giro en mi asiento hacia donde él está agarrando su daga por la hoja—. ¿Cuánto dura esa parálisis temporal?
—Unas cuantas horas. —Lucho contra el impulso de encogerme bajo su escrutinio, especialmente mientras las sombras se extienden desde él hacia el suelo.
Yergo la espalda, sintiendo la necesidad de defender mi oficio—.
Aumentar la concentración para una parálisis más larga reduciría nuestra producción total de aleación.
Dado que derribar a los drakens del cielo suele acabar con la amenaza, no es necesaria una parálisis más fuerte.
—Muy cierto —interviene Thomeo, recuperando el control de la clase. Mi atención, sin embargo, permanece fija en Kai Grayson.
El rostro de Kai está sombrío, pero la presión con la que sujeta su arma le blanquea los nudillos y las sombras a su alrededor se espesan y se retuercen. Antes de que sus sombras le envuelvan las manos, veo un hilo de sangre brotar de su puño cerrado.
De repente, Kai sale del aula a grandes zancadas, con su capa negra ondeando tras él.