12 Rowan
ROWAN
Miro fijamente a Collin.
Collin me devuelve la mirada. Luego se gira hacia la chica. —Te dije que cerraras la puerta con llave.
La chica se encoge de hombros, con los mechones castaños dorados de su pelo desparramados sobre la almohada. —Debería haber llamado.
Doy un paso atrás y los bollos se me caen de la mano. —¿Eso es lo primero que se te ocurre decir? —le digo a Collin—. ¿Que le habías dicho que cerrara la puerta?
Una voz absurda en el fondo de mi mente señala que esta es la segunda vez que me encuentro a cadetes follando en otras tantas horas. O tengo la peor suerte del mundo, o aquí se folla muchísimo más de lo que me había dado cuenta.
—Ro. —Collin se pasa las manos por el pelo—. ¿Qué haces aquí precisamente ahora?
—Nada. —Sacudo la cabeza—. No pinto nada aquí. Pero tú sí. Está claro.
—No es lo que parece.
—Creo que te la estás tirando. —Señalo a cada uno mientras lo digo, con la voz extrañamente calmada—. ¿Me equivoco?
—Yo diría que le has dado de lleno al blanco. —La chica de la cama se baja y empieza a ponerse la túnica y los pantalones. Parece la más tranquila de todos nosotros—. No sabía que venías con ataduras, Chambers.
—No vengo con ataduras —espeta Collin. Tiene las mejillas encendidas. La parte superior de las orejas también. Parece un animal acorralado, alternando la mirada entre la chica y yo.
—No, no vienes —asiento en voz baja—. No vienes con ataduras. Ninguna. Ahora eres un agente libre.
La chica silba.
Collin le lanza una mirada asesina antes de volver a girar la cara hacia mí.
Tiene el pelo alborotado y una parte extraña de mí casi se estira para atusárselo por instinto.
—Ro, cálmate un momento. No vamos a romper nuestro compromiso.
Solo estás reaccionando sin pensar. Tú eres mejor que esto.
En cuanto te calmes, te darás cuenta de que estás sacando las cosas de quicio.
—¿O quizá no esté «sacando» lo suficiente? —la chica mueve las cejas mientras se sube los pantalones.
—Tú y yo nunca estuvimos prometidos —le digo a Collin.
—Como si lo estuviéramos. —El rubor de su cara se intensifica y sus ojos brillan de ira—. ¡Oh, por el amor de Dios! Tú, yo e incluso la comandante de la Aguja sabemos que te vas a casar conmigo. Te has llevado dos años de mi amor, así que no actúes como si de repente fueras demasiado buena para él.
—He terminado. —Vocalizo cada palabra mientras retrocedo hacia la puerta—. Hemos terminado. Buena suerte con todo, Collin.
Me alejo apresuradamente hacia mi cuarto para cambiarme para la formación y navego en una ola de entumecimiento durante el resto del día.
Sé que el dolor, la traición y las lágrimas están en algún lugar de mi interior, acechando para saltar en el peor momento posible, pero por ahora todo lo que siento es un muro de nada.
Como si hubiera oído el sonido de una bofetada, pero aún no hubiera sentido el escozor. No tengo prisa por sentirlo.
Me salto la cena para evitar las miradas y las inevitables preguntas de Ellie.
Para cuando me desplomo en la cama, estoy agotada por el mero esfuerzo de no pensar.
Me estiro ansiosa para aferrarme al olvido del sueño, pero ni siquiera eso es seguro.
En ese momento, justo antes de perder el conocimiento, cuando el mundo empieza a tambalearse e imágenes no deseadas entran en la mente, sé que no será una buena noche. Y no lo es.
Mis sueños son agitados y angustiosos, un mar inquieto de imágenes fragmentadas y recuerdos transformados.
Estoy corriendo por un bosque nocturno, los árboles se ciernen sobre mí como centinelas retorcidos.
El aire es denso y pesado, oprimiendo mis pulmones mientras jadeo por falta de aire.
Delante de mí, capto un atisbo de movimiento, un destello de pelaje gris que se escabulle entre las sombras.
Ya sé cómo termina este sueño y me grito a mí misma que me detenga. Pero en mi sueño, resuena un aullido bajo y dolorido y mi yo onírico no puede evitar correr hacia él. Porque hace seis años, lo hice.
Irrumpo en un pequeño claro y me quedo helada. Allí, en el centro, yace un lobo, con el pelaje apelmazado por la sangre. Necesita ayuda y hay curación en mi incipiente magia. No mucha, pero algo. Y puedo ofrecérsela.
Doy un paso vacilante hacia delante, con la mano extendida.
El lobo levanta la cabeza de golpe y sus ojos se clavan en los míos.
Arden con una intensidad feroz, una mezcla de agonía y rabia.
Un gruñido bajo retumba en su garganta, sus labios se curvan hacia atrás para revelar unos colmillos relucientes.
Entonces se lanza a por mi cara.
Me despierto sobresaltada, con el pecho agitado entre las sábanas empapadas de sudor. Respiro con jadeos cortos, intentando todavía escapar de las garras de la pesadilla. Me froto la mejilla y su cicatriz irregular.
Un sueño. Ha sido un sueño. Un mal recuerdo que mi subconsciente ha retorcido en un teatro recurrente. Pero eso no es real ahora. Estoy a salvo.
Aparto de una patada las sábanas enredadas y balanceo las piernas por el borde de la cama y mis pies tocan la piedra fría.
Mientras alargo la mano para coger la cantimplora de agua de la mesilla de noche, mi atención se clava en un movimiento en el rincón oscuro de la habitación.
Me giro para asegurarme de que no es más que un juego de sombras.
Un par de ojos dorados brillantes parpadean desde una silueta con forma de lobo.
Grito.
La puerta se abre de golpe y Kyrian entra corriendo, con la espada desenvainada. —¿Qué ha pasado? —pregunta, inspeccionando la habitación mientras recuerdo lentamente que Kai lo ha puesto de guardia frente a mi puerta.
La luz del pasillo se derrama en mi estancia, y ya no está tan oscuro como cuando abrí los ojos y vi aquel par de ojos dorados. El lobo al que pertenecían se ha ido. Si es que alguna vez existió fuera de mi imaginación, para empezar. Lo cual, obviamente, no fue así.
El calor me sube a la cara. —Yo... —A la mierda. No tengo ni las fuerzas para mentir ahora mismo—. Me ha parecido ver un lobo —confieso—. Pero obviamente...
Kyrian hace un barrido completo de la habitación de todos modos. Es poco más grande que un armario de la limpieza, así que tarda exactamente tres segundos. Lo cual es, de hecho, mucho tiempo cuando una se está cociendo en su propia humillación.
—Lo siento muchísimo —me cubro la cara con las manos—. Debo de haberlo soñado. Quiero decir, obviamente lo he soñado.
—Aun así, más vale prevenir que curar —dice Kyrian con más amabilidad de la que merezco y me enciende un farol—. Si un cambiapieles lobo hubiera llegado hasta aquí, tendríamos un problema.
—¿Te refieres a si un fae hubiera superado los protectores, eludido las patrullas fronterizas, cruzado todo el camino hacia el interior hasta Doverly, sorteado las defensas de élite del Comando Este de la Aguja y luego se hubiera infiltrado en los barracones sin ser detectado...
solo para quedarse en el rincón de mi habitación y verme dormir?
¿Más vale prevenir que curar por si se diera ese escenario?
Kyrian hace una mueca. —Exacto. Por si las moscas.
Su amabilidad hace que todo sea aún peor.
—¿Sueles tener pesadillas a menudo? —pregunta—. Quiero decir, si voy a estar apostado ante tu puerta las próximas dos semanas, ayuda estar preparado. No sea que ordene desalojar los barracones primero y pregunte después.
—No. —Miento. Al menos me queda suficiente autocontrol para eso ahora.
De repente también soy muy consciente de que no llevo puesto más que un camisón empapado de sudor que se me pega al cuerpo, mientras Kyrian se alza sobre mí con el uniforme completo.
Me hace sentir aún más pequeña de lo que soy—. Siento las molestias.
Kyrian me observa un momento y creo que está a punto de decir algo, pero finalmente se limita a envainar la espada a su espalda con un movimiento practicado. Me pregunto si alguna vez conseguiré que algo parezca tan natural. —Dejaré la puerta entornada el resto de la noche.
Como discutir solo atraería más atención, le doy las gracias amablemente en su lugar y me aseguro de que el sueño no vuelva a apoderarse de mí.
Lo último que necesito es que Kyrian me oiga gimotear en sueños.
O peor, llorar. Así que tampoco hago eso.
Principalmente, paso la noche concentrada en no pensar en lobos ni en Collin. Ni en Logan. Es toda una hazaña.
A la mañana siguiente me arrastro a la formación matinal. La comandante nos pone al día sobre las últimas escaramuzas con los fae Flurry y otro avistamiento reportado de un grupo de jinetes de draken. Nuestros protectores atenúan gran parte de la magia de los fae, pero no les impiden cruzar.
Los fae han estado merodeando por el campo los últimos dos meses, quemando y arrasando todo a su paso.
Persiguen a civiles y destruyen medios de vida solo porque pueden, que es lo que más me enfurece.
Anhelo desaparecer en mi taller y perderme en mi magia.
Puede que yo sea una nulidad disparando un arco, pero al menos puedo armar a los arqueros con las armas que nos den una oportunidad real.
La comandante cede el estrado a Kai, quien recuerda a todo el mundo que salimos para el primer ejercicio de campo en menos de dos semanas.
Continúa instruyendo a los jefes de escuadrón para que hagan lo que sea necesario para asegurar que todos los cadetes bajo su mando tengan sus asuntos en orden.
Kyrian resopla, como si Kai hubiera dicho algo gracioso.
Finalmente, nos retiran para el entrenamiento físico matutino.
—Ro. —Collin se pone delante de mí antes de que pueda escapar del patio de armas. Tiene un aspecto desaliñado, con grandes ojeras. Al menos no he sido la única que ha dormido fatal anoche.