11 Rowan
cUD
ROWAN
—Volveré... esto, volveré más tarde —tartamudeo, intentando decidir qué hacer con los ojos.
Al mismo tiempo, deseo mirar hacia la suave franja de piel que asoma en la parte superior del trasero perfectamente musculado de Logan y no ver nada más de lo que está ocurriendo en esa zona.
El sonido húmedo de las caderas chocando contra los muslos y los suaves gruñidos de placer de la chica marcan el compás.
El calor me abrasa la cara. Y el resto del cuerpo.
—Puedes quedarte —dice Logan por encima del hombro, sin frenar sus embestidas—. A Alyssa le gusta que la miren, ¿a que sí, ricura? —Empuja con más fuerza dentro de la rubia, y el gemido de aprobación de ella me confirma que tiene razón.
Desde luego, no pienso ser cómplice del orgasmo de Alyssa.
Me dirijo a la puerta e intento pensar en plantas en macetas. O en pociones. En cualquier cosa que no sea ese rítmico azote de carne contra carne.
Logan suspira con fastidio. —Está bien. Pero no te vayas lejos.
Considero decirle por dónde puede meterse sus órdenes, pero es uno de los de la tríada de Kai y no creo que nada de eso acabe bien para mí. No voy a meterme en más líos de los que ya tengo.
—Estaré... estaré fuera. —Me escurro antes de que Logan pueda darme más instrucciones y me pego a la pared, recuperando el aliento.
Quizá debería salir corriendo después de todo.
Pero ¿a dónde iría y para qué? Tras ver cómo Kai se las apañó con mi madre y sus amigos, no me cabe duda de que, sea lo que sea lo que tenga planeado para mí, no hay escapatoria.
Así que me quedo en el pasillo, encogiéndome mientras los gemidos de Alyssa al otro lado de la puerta ganan intensidad.
Al menos una de nosotras está disfrutando de la noche. Bueno, dos de los tres. Todos menos yo.
Sigo intentando fingir que estoy en otro lugar cuando la puerta de la habitación de Logan se abre y Alyssa sale, retocándose la ropa mientras camina.
Tiene una expresión de satisfacción en el rostro y ese tipo de brillo que he oído que se le queda a la gente después de un buen polvo, pero que yo nunca he experimentado.
El espectro sexual de mi cuerpo oscila entre lo aburrido y lo doloroso. Al menos Collin no lo alarga mucho.
—No eres su tipo.
Tardo un momento en darme cuenta de que Alyssa me está hablando a mí. Es una cadete de combate, alta, esbelta y elegante. Labios carnosos. Piernas interminables.
—Soy muy consciente —le digo.
Me examina de arriba abajo; su mirada se detiene en la cicatriz de mi cara antes de evaluar el tamaño de mis pechos y mi cintura. Su tono se suaviza, volviéndose casi conciliador.
—No me malinterpretes, podrías trabajar en ello.
Adelgazar un poco, tonificar los músculos.
Quizá mantener la espalda más recta. Contra tu estatura no se puede hacer nada, claro, pero los tacones hacen milagros.
Y eso... —señala mi cara, con su piel perfecta enmarcada por un cabello perfecto, en contraste con mi cicatriz—.
Bueno, no creo que ni el maquillaje ayude, así que mejor intenta una ruta totalmente distinta.
Quizá un peinado estratégico. ¿O una máscara? Algo mono y bonito.
—Oh, por los dioses —la interrumpo con la mano para que se calle—. Estoy aquí por órdenes. Literalmente. No tengo el más mínimo deseo de follarme a Logan.
Ella suelta una risita burlona. —Eso es lo que dicen todas las chicas de todo el curso. Y, sin embargo, todas sueñan con hacer exactamente eso. Personalmente, no le veo el sentido al jueguecito de «ni siquiera me gusta». —Baja la voz de forma conspiradora—. El rumor es cierto, por cierto.
—¿Qué rumor? —Sé que no debería morder el anzuelo, pero lo hago de todos modos.
—Que no has tenido un orgasmo de verdad hasta que él te ha hecho tener uno.
Levanto la otra palma de la mano. El calor de la vergüenza que desprende mi cuerpo probablemente sea suficiente para dar energía a una aldea pequeña.
—De verdad que no quiero saber nada de sus orgasmos.
Ni de los tuyos. Ni de los de nadie. En serio.
De hecho, lo único que me gusta menos que oír hablar de ellos es verme obligada a escucharlos en directo.
Me lanza una mirada de lástima, como si me estuviera mintiendo a mí misma.
Cambio de táctica, aunque no sé por qué me molesto. —En realidad, ya estoy con alguien. Así que fóllate a Logan todo lo que quieras. Dos veces al día. Tres veces por noche. Te estaré animando. Pero no en persona. De verdad que no quiero volver a ser testigo de nada de esto nunca más.
Frunce el ceño, y su cara bonita se vuelve pensativa antes de chasquear los dedos. —Espera. Lo siento, acabo de caer en quién eres. Eres una de las chicas de Collin Chambers, ¿no?
¿Una de ellas? No me gusta la implicación, pero también sospecho que Alyssa está intentando sacarme de mis casillas. En lugar de darle el gusto, esbozo una gran sonrisa y agarro el pomo de la puerta. —Exactamente. Así que, ya ves, no soy competencia alguna para ti.
—Oh, cielo, tú nunca has sido competencia para mí. —Su voz rezuma lástima mientras se aleja contoneándose, y me pregunto cómo será vivir dentro de su cabeza.
Respiro hondo, me recuerdo que el mundo está lleno de Alyssas y abro la puerta de la habitación de Logan, recordando, en el último momento, el peligro de ese movimiento en concreto. Pero ya es tarde.
Cierro los ojos rápidamente, por si tiene a la Alyssa número dos doblada sobre algún otro mueble.
—Ya estás a salvo —dice Logan con sequedad.
Cierro la puerta. —¿Solo por aclarar, eso significa que tu polla está dentro de tus pantalones, correcto?
—Por el momento.
Capullo. Abro los ojos y me encuentro a Logan sentado encima de su escritorio, el mismo sobre el que Alyssa había estado doblada hace poco.
Sus calzoncillos están en su sitio, por suerte, aunque tenga las rodillas muy abiertas.
Lanza una daga al aire, la deja girar y luego la atrapa por la empuñadura. —Así que tú eres la alquimista.
—Y tú eres el dolor de cabeza de Kai. Bueno, su otro dolor de cabeza.
—Un placer conocerte. —Logan hace una reverencia exagerada y luego se desliza de la mesa, acercándose para estudiarme.
Es tan alto como los gemelos de ojos azules, y sus hombros superan fácilmente mi cabeza, pero sus ojos son de un tono miel dorado.
Su mirada, abiertamente apreciativa, recorre mis caderas y mi pecho.
Me da la sensación de que esta es su forma de ser cortés, ya que no hay nada allí que apreciar de verdad, y menos después de haber visto a Alyssa.
Entonces su mirada se posa en mi cara y el buen humor se extingue en sus ojos como una llama sofocada.
Tardo un momento en darme cuenta de que se ha quedado mirando mis cicatrices. Se acabaron las pretensiones de cortesía. Su mano tiembla a su costado, como si fuera a alargarla hacia delante, pero luego no lo hace. —¿De dónde ha salido eso?
—Del pasado. —Me toco las marcas en relieve.
Han pasado más de seis años, pero aún puedo sentir el terror de ver las fauces del lobo abalanzarse sobre mí.
El dolor y la sangre que vinieron después.
Que me dijeran lo afortunada que había sido de que el animal solo me hubiera perforado la piel en lugar de arrancarme la carne de los huesos por completo.
Lo estúpida que había sido al acercarme tanto para empezar.
Una expresión ilegible cruza los rasgos de Logan; ilegible, pero absorbe toda la alegría y el humor de la habitación. Ya no me mira con ojos de admiración. En absoluto. Y aunque sabía desde el principio que no había sido más que un juego de halagos, por alguna razón, todavía me duele.
Me aclaro la garganta. —Bueno, según Grayson, tienes que ayudarme a pasar mi prueba de aptitud física y yo...
—Eso no va a suceder.
—¿Qué parte exactamente? Porque estoy de acuerdo contigo en lo de la prueba física. Las matemáticas, por otro lado, sí podemos hacerlas.
Logan vuelve a girar su daga y luego lanza el maldito trasto contra la pared, tan cerca de mi oreja izquierda que siento el aire al pasar. —Ninguna parte va a suceder. Lo de que tú y yo hagamos algo juntos. Esa es la parte que no va a pasar.
—Pero Grayson...
—Yo me encargaré de Grayson. —Pasa por mi lado y abre la puerta, invitándome claramente a marcharme. El cambio es tan brusco que me quedo aturdida y hablo antes de considerar si es prudente hacerlo.
—¿Qué cojones acaba de pasar? —pregunto.
—He abierto la puerta. El siguiente paso es que tú la cruces. ¿Qué parte te confunde? —No hay risa en su voz, ni rastro de elegancia en sus anchos hombros. Francamente, era más agradable cuando tenía la polla dentro de Alyssa.
Me toco la cicatriz, que parece haber sido el catalizador del cambio, e intento engañarme insistiendo en que no me importa.
Que si el criterio de decisión de Logan depende de si parezco tan perfecta como Alyssa, eso dice más de él que de mí.
Sé todas las cosas adecuadas que debo decirme.
Incluso sé que probablemente sean ciertas.
Pero el recordatorio de que soy mercancía dañada y lo seré para siempre sigue oprimiéndome el pecho. Porque esa parte también es verdad.
Salgo de la habitación de Logan, logrando mantener la cabeza bien alta al pasar junto a él. Una pequeña victoria.
Al salir de los barracones de los cadetes de combate, busco algo para mantenerme ocupada y alejar mi mente de lo que acaba de suceder.
Miro la hora. Lo único bueno de que Logan me haya echado antes de tiempo es que debería poder alcanzar a Collin mientras se cambia para estar presentable para la formación.
No tendremos mucho tiempo, pero deseo sentir sus brazos a mi alrededor.
Anhelo que me asegure que a las personas que realmente me aprecian les importan un bledo mis cicatrices.
A pesar de la falta de tiempo, doy un rápido rodeo por la cocina y robo un par de bollos delante de las narices de una cocinera regordeta que, amablemente, finge no darse cuenta. Con el botín en la mano, salgo corriendo hacia los barracones de los encantadores.
—Bollos de naranja y arándanos para celebrar —digo, abriendo la puerta con el hombro—. Porque estamos celebrando...
La voz se me apaga cuando Collin salta de la cama, sujetándose la colcha alrededor de las caderas. La cadete de combate que queda entre las sábanas se apoya relajada contra el cabecero, sin siquiera intentar ocultar su desnudez.