10 Rowan
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ROWAN
Kai Grayson ya está dentro del despacho de la comandanta cuando Kyrian me conduce hasta allí, al igual que otros dos oficiales que han sido convocados para participar en el consejo de disciplina.
Me miro la ropa, que es el negro de combate en lugar del rojo de encantadora que debería llevar, y el nudo en el estómago se me hunde unos cuantos kilómetros más.
Intento al menos alisar las arrugas con las manos.
Ni siquiera es el uniforme de gala negro.
—Dudo que tu ropa vaya a ser un problema central —dice Kyrian, deteniéndome a pocos pasos de la puerta.
Él también lleva el negro de entrenamiento, pero en él parece el pelaje brillante de una pantera y digno de la realeza.
Incluso su pelo revuelto parece artísticamente ordenado en lugar de desaliñado.
—No será un problema central, pero no va a ayudar.
Kyrian frunce el ceño y luego me estudia, ladeando la cabeza como un perro. —Estás aterrorizada. —Lo dice como si fuera una novedad. Y una novedad curiosa, además.
—Por supuesto que lo estoy. ¿Qué esperabas que sintiera?
—Pavor, aprensión, fastidio. Elige lo que quieras. Pero el terror es ir un poco lejos, en mi opinión.
—¿En qué maldito mundo has estado viviendo los últimos dos años? —las palabras escapan de mi boca antes de que pueda pensarlo mejor—. Me va a condenar al poste de azotes. Y no me imagino nada bueno sobre cómo se siente eso.
—¿Ella?
—La comandanta, Kyrian.
—La comandanta no va a hacer nada. —Kyrian se balancea sobre sus talones—. Este será el espectáculo de Grayson.
—De mal en peor. Él es quien ha convocado el consejo.
—Porque ese gilipollas al que llamas novio le habrá contado todo a la comandanta antes del desayuno de todos modos.
¿Collin? No. Él no lo habría hecho.
Kyrian me toma la mejilla con la mano y me inclina la cara para que me encuentre con su mirada.
La presión de su pulgar contra mi mandíbula tensa consume mis sentidos por un momento, recordándome cómo se sintió estar entre él y Kai anoche.
Esa falsa sensación de seguridad absoluta que vino antes del dolor.
—Grayson no dejará que sangres en el poste —dice Kyrian suavemente— si eso es lo que te tiene tan tensa. Estoy seguro de ello.
Suelto un bufido sin humor e intento apartarme, pero Kyrian me sujeta con firmeza.
—Claro que lo hará —le digo—. ¿Por qué crees que han adelantado el consejo?
La comandanta quiere enviar un mensaje sobre la disciplina, empezar el año con buen pie.
—Trago saliva—. Además, ¿conoces a Grayson?
¿Viste cómo mató anoche? Ese hombre no sabe distinguir entre la sangre y el oxígeno.
—En realidad, no estoy segura de que Kyrian o Logan sepan hacerlo tampoco, así que esto puede ser un punto irrelevante.
De hecho, toda esta conversación es surrealista.
De repente recuerdo la mirada que Kyrian me dirigió anoche, esa evaluación de un enemigo rápidamente ocultada, y me alejo de él. Con brusquedad.
Kyrian retira la mano y llama a la puerta cerrada. —Hoy no te azotarán, caos —dice en voz baja por encima del hombro—. No porque Grayson sea amable —que no lo es—, sino porque no te lo mereces.
—¿Caos?
—Si el nombre te encaja... —dice justo cuando se abre la puerta del despacho.
Dos latidos después, vuelvo a estar frente al escritorio de la comandanta, aunque esta vez los coroneles Leeroi y Dra’ash flanquean a mi madre a cada lado. Kyrian, como mi superior directo, está detrás de mí y Kai está a un lado, formando el tercer vértice del triángulo del juicio final.
—¿Y bien? —pregunta la comandanta. La única parte de la mujer sentada tras el escritorio que es mi madre, es la parte que se preocupa por cómo mi comportamiento podría repercutir en ella—. ¿Qué ha pasado, comandante?
—La cadete Lexington se escapó a Doverly anoche —dice Kai con calma.
Tiene los brazos cruzados sobre el pecho como si todo este consejo fuera una imposición en su horario, y una que le gustaría terminar cuanto antes—.
Yo mismo la encontré allí. Se la acusa de estar ausente sin permiso después del toque de queda.
—Explíquese —me ordena la comandanta.
—No tengo ninguna explicación, señora —digo, que es lo que se espera. Ni siquiera entiendo por qué se molesta en hacer la pregunta.
—Dada la situación... —continúa Kai, pero la comandanta lo interrumpe. Le lanzaría a Kyrian una mirada de «te lo dije» si no estuviera detrás de mí. Eso, y si mi corazón no estuviera latiendo con la fuerza suficiente como para sustituir a los tambores de marcha.
—Quisiera obtener una mejor comprensión de esta situación, comandante —dice ella, ignorando la forma en que las sombras chasquean alrededor de Kai, filtrándose como tinta mortal por el suelo. Su rostro gira hacia mí, sus ojos grises tan duros como el metal al que evocan—. Cadete Lexington.
—¿Señora?
—Tengo informes que la sitúan en medio de una revuelta traicionera, una que usted misma podría haber iniciado. Así que voy a preguntárselo de nuevo. ¿Qué estaba haciendo en la posada El Pozo de los Deseos, si no era instigando a la traición?
Bueno, dicho así, la verdad parece bastante buena en comparación.
—Estaba distribuyendo un elixir para la tos que yo misma hice a civiles, niños sobre todo —digo rápidamente.
Mi mente da vueltas, preguntándose de qué informes me está hablando.
Las únicas personas de la Aguja en la posada, aparte de mí y los gemelos celestes, eran Ellie y Trish.
Ellas nunca dirían nada, y Collin tampoco.
Así que, ¿quién queda? —Estaba allí cuando estalló la revuelta, señora, pero ciertamente yo no la empecé.
La comandanta se reclina en su silla y une las puntas de los dedos.
—Así que robó suministros médicos, abusó de su acceso al taller de la Aguja y malgastó su posición como aprendiz de encantadora, todo para llevar a cabo un proyecto no autorizado que terminó con civiles rebelándose.
—No es una pregunta—. ¿Dónde estaríamos ahora si el comandante Grayson no hubiera enviado preventivamente a los oficiales a la zona y el jefe de escuadrón Chambers no hubiera estado allí para calmar a los amotinados?
Un momento. Lo único que Collin calmó fue un cubo volcado. Se me tensa la mandíbula. ¿Podría tener razón Kyrian sobre que Collin ha hablado?
El agravio se suma a la herida y duele mucho más. Collin es la única persona que siempre ha estado ahí para cubrirme las espaldas, para interponerse entre lo que los dioses me depararon y las expectativas de mi familia.
Las paredes del despacho de la comandanta parecen ensancharse, alejándose de mí y dejándome sola y expuesta en el centro. No digo nada. No hay nada que decir.
—Probemos con una pregunta más sencilla —dice la comandanta—. ¿Quién más estaba con usted?
Mi pulso se dispara tanto que me corta la respiración, y tardo un momento en recuperar la voz. —Nadie, señora. Estaba sola —digo, sin atreverme a mirar hacia Grayson. Por favor, que no se haya fijado en Trish y Ellie, por favor, que no se haya fijado en Trish y Ellie.
Mi madre entrecierra las cejas mirándome.
—Encontré a la cadete Lexington sola, sin vigilancia y mal preparada para la situación —dice Kai con un toque de evidente asco—. Espero que, de haber habido otros presentes, al menos uno hubiera tenido suficiente conciencia de la situación como para tomar decisiones más sabias en la vida.
Los dos coroneles al lado de mi madre bufan suavemente, y una fracción de mi tensión se libera en el suelo.
Pase lo que pase, Ellie y Trish no sufrirán por ello.
Aunque la forma en que Kai ha expresado sus palabras me deja la seguridad de que sabe exactamente quiénes son mis cómplices.
Un conocimiento que sin duda utilizará como arma en el futuro.
Por hoy, sin embargo, acepto la victoria.
El coronel Dra’ash se acaricia su largo bigote, reprimiendo una sonrisa. —Creo que puede estar dando demasiado crédito a unos jóvenes de veintitrés años, comandante Grayson.
La comandanta aprieta los labios y se vuelve hacia Kai.
—Las repercusiones de este incidente marcarán el tono para el resto del año.
Quiero que quede claro para todos los cadetes que la Aguja aborda cualquier falta de conducta de forma inmediata y severa, sin trato especial para nadie.
Incluida la sobrina de la reina. Establezca el castigo en consecuencia.
Aquí vamos. Mi cuerpo se queda paralizado, mis ojos caen al suelo. Mi respiración se detiene.
—Estoy completamente de acuerdo con usted, comandanta —responde Kai, matando la poca esperanza que tenía en el pecho de que Kyrian tuviera razón.
Descruzando los brazos, los coloca tras su espalda; sus músculos se marcan incluso con esos pequeños movimientos—.
Este incidente es una oportunidad importante para aclarar las expectativas de todos los cadetes involucrados.
Especialmente de aquellos en puestos de liderazgo.
—Se gira para mirarme, pero luego su mirada sale disparada justo por encima de mi cabeza—. Jefe de escuadrón Sorel.
Espera, ¿qué?
Kyrian da un paso al frente, situándose de manera efectiva entre Kai y yo. Como hizo en la posada El Pozo de los Deseos. —¿Señor?
—Como jefe de escuadrón de la cadete Lexington, la responsabilidad por su paradero y acciones recae sobre usted.
Su negligencia en este deber anoche provocó que tanto el personal como la propiedad se vieran en peligro.
Como tal, usted mismo hará guardia nocturna frente a sus aposentos todos los días durante las próximas dos semanas.
Inspiro bruscamente. ¿Dos semanas casi sin dormir, salvo lo que pueda cabecear durante la jornada de entrenamiento? Eso está entre lo bárbaro y lo imposible.
Kai vuelve a girarse hacia la comandanta e inclina la cabeza.
—Además, con su permiso, a partir de ahora exigiré a todos los jefes de escuadrón que presenten informes diarios de responsabilidad por escrito de todos los cadetes bajo su mando, lo cual continuará hasta que esté satisfecho con su competencia.
La comandanta enarca una ceja. —Esa será una orden muy impopular, comandante Grayson.
—No sabía que ser agradable fuera parte de mis responsabilidades, señora.
—Ya veo. —Ella se inclina hacia delante—. ¿Y en cuanto a la propia cadete Lexington?
—Es evidente que la cadete Lexington tiene demasiado tiempo libre y no la suficiente disciplina para usarlo con sabiduría —dice Kai con tono despectivo—.
Confío en que el jefe de escuadrón Sorel encontrará a partir de ahora una actividad más provechosa para ocuparla.
Por ejemplo, a la cadete Lexington le vendría bien recibir instrucción sobre cómo no hacerse matar en el momento en que sale de la escuela.
—Sí, señor —repite Kyrian sin inmutarse, como si su propio mejor amigo no acabara de sentenciarlo a dos semanas de infierno.
La comandanta mira a los dos coroneles a su lado, quienes asienten con aprobación.
Kai la ha calado perfectamente, tengo que reconocerlo.
Le ha dado a la comandanta todo lo que quería y más: Responsabilidad.
Disciplina. Y nada que empañe su legado.
Después de todo, qué mejor manera de asegurar que nada de mi deshonra salpique a la comandanta que desviar la culpa de la línea de los Ainsley por completo.
Lo mejor de todo, a los ojos de mi madre, es que el hecho de que Grayson castigue a su mejor amigo sembrará el terror en los corazones de todos los demás cadetes. Dudo que nadie se atreva a saltarse las normas después de esto.
Es cruel y brillante. Y funciona engañosamente bien a mi favor. Cosa que sé que no debo esperar de los gemelos celestes. Algo más se avecina. Tiene que ser así.
Mantengo la boca cerrada mientras nos despiden del despacho de la comandanta y bajamos las escaleras de vuelta a la planta baja, con Kai y Kyrian caminando como centinelas a mi lado. Entonces me vuelvo hacia Grayson. —¿Y bien?
Kai enarca una ceja sin frenar el paso. —¿Hay alguna frase que acompañe a eso?
—¿Qué quieres de mí? —le pregunto, casi trotando para seguir el ritmo de sus zancadas más largas—. Porque no hay ninguna posibilidad de que me hayas librado del castigo por la bondad de tu corazón.
—¿Librarte del castigo? —una sonrisa gélida asoma a los labios de Kai—. Oh, no te has librado ni de lejos. Lo que he conseguido ahí arriba es licencia para hacer contigo lo que me plazca sin que nadie me vigile.
Joder.
Me doy cuenta de que lo he dicho en voz alta cuando Kyrian ahoga una carcajada. Sigo sin entender por qué no está más cabreado, pero quizá sea una de esas personas que no necesitan dormir o algo así.
—Presuntuosa —dice Kai.
Kyrian sí que se ríe con eso.
Kai le da un puñetazo en el hombro, lo que solo hace que Kyrian se ría más fuerte.
Ignorándolo, Kai vuelve a centrar su atención en mí, y todo rastro de humor desaparece de su rostro de golpe. Es como si la visión de mi persona le recordara algo desagradable. —Le prometí a la comandanta que encontraría algo provechoso para ocupar tu tiempo.
—Técnicamente, dijiste que Kyrian...
—Vas a asegurarte de que Logan apruebe sus exámenes de matemáticas —dice Kai, interrumpiéndome—. Y él, a cambio, se va a asegurar de que tu próxima evaluación práctica no parezca el relato de una vidente sobre tu probable defunción.
Nos detiene junto a una puerta, y me doy cuenta de que hemos caminado hasta los barracones de los cadetes de combate.
Kai golpea la madera tres veces y luego la abre sin esperar respuesta.
Lo cual es extremadamente desafortunado porque encontramos a Logan al otro lado...
metido hasta el fondo en una rubia a la que tiene doblada sobre su escritorio.
Doy gracias a los dioses por no poder ver la cara de la chica.
—Largaos, gilipollas —dice Logan por encima del hombro, sin frenar el ritmo por nuestra presencia. La rubia gime ruidosamente.
Me pongo roja de golpe e intento retroceder, solo para chocar de espaldas contra el duro pecho de Kyrian. —¿No deberíamos esperar a que él... termine? —digo en un susurro.
—Él nunca termina —dice Kyrian—. Solo hace pausas ocasionales para vivir.
—Bastante exacto —coincide Logan. Lleva los pantalones puestos a medias, pero la parte superior de sus nalgas es visible por encima de la cintura abierta y se contrae al ritmo de sus despreocupadas embestidas—. ¿Qué queréis todos vosotros?
—Oh, yo no quiero nada —dice Kyrian, retrocediendo hacia el pasillo—. Solo estoy aquí por el espectáculo.
—Yo, en cambio, estoy aquí para facilitar las presentaciones adecuadas —dice Kai, pasando por delante de Kyrian—. Logan, esta es Rowan Lexington. Rowan, este es Logan. Enhorabuena. Mis dolores de cabeza ahora son vuestros dolores de cabeza.
Con eso, el bastardo se marcha, cerrando la puerta tras de sí.