El Poder de los Draken (Destinada a los Jinetes Draken 1) 9 Rowan
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9 Rowan

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ROWAN

Al día siguiente de mi escapada a la Posada del Pozo de los Deseos, Collin me arrastra a un pasillo lateral en cuanto salimos del aula de conferencias.

Noto enseguida que está de mal humor; probablemente porque hoy se han formado por fin las patrullas y absolutamente ninguno de los cadetes a los que intentó reclutar ha aceptado la invitación.

A todos los que tiene a su cargo se los han asignado a dedo, y ya han dejado claro su descontento en la formación de la mañana.

Pero no es por eso por lo que está bufando ahora.

—¿En qué estabas pensando anoche, Ro? No me puedo creer que fueras a Doverly.

—¿Puedes dejarlo ya? —Intento frotarme el cansancio de la cara.

El poco tiempo que me quedó para dormir tras volver se lo consumieron los nervios—.

Mira, sea lo que sea lo que quieras decirme para recriminarme que fuera, te aseguro que la comandante y Grayson se encargarán de cubrirlo con todo lujo de detalles esta tarde.

—Solo espero poder mantener a Ellie y a Trish al margen.

Sé que Kai cree que alguien estaba allí conmigo, pero confío en que no sepa quiénes eran.

Collin suelta una mueca de desprecio. —Sí, estoy seguro de que Grayson se encargará de todo.

Me palpita la cabeza con fuerza. —¿De qué estás hablando?

Collin me agarra de la muñeca y me doy cuenta de que mi atención se ha desviado de él hacia el patio de entrenamiento, donde Kyrian está preparando las cosas para la tarde.

—He dicho que estoy hablando de que te estás ofreciendo como una cualquiera para escalar en la cadena de mando —dice con una urgencia contenida—. ¿Te crees que no sabe ya todo el mundo que anoche volviste con la camisa de Grayson puesta? ¿Sabes lo que están diciendo de ti? ¿De mí?

—Sinceramente, entre que casi me matan ayer y el juicio disciplinario de hoy, me importa un bledo lo que piensen los vecinos —tiro de mi brazo para soltarme.

Sin embargo, él me sujeta con firmeza, y es más fuerte que yo.

La rabia me recorre el cuerpo. —¡Por todos los dioses, tú estabas allí anoche! Viste cómo quedó mi ropa. ¿Se suponía que tenía que volver desnuda?

—Yo te habría dado mi camisa, Ro. Y te habría curado como es debido. Lo único que tenías que haber hecho era irte conmigo, en lugar de abrirles las piernas a ellos. ¿Pero supongo que, como tu madre no podrá allanarte el camino este año, has decidido aumentar tus posibilidades con el mando?

—Espera. —Le presto toda mi atención de golpe—. ¿De verdad crees que me acosté con ellos anoche?

—¿Qué se supone que tengo que pensar cuando no dejas de correr hacia ellos?

—Me suelta y se pasa las manos por el pelo, suavizando el tono—.

No, sé que no nos harías eso. Pero tienes que empezar a pensar en la imagen y en la reputación.

La percepción se convierte en realidad. Quiero decir que lo entiendo, tienes miedo.

Con Grayson sustituyendo a tu madre en la mayoría de las decisiones de mando, necesitas asegurarte de que los líderes miren hacia otro lado cuando no alcances los estándares, pero ahí es donde tienes que confiar en mí, Ro.

Te he traído hasta aquí. Seguiré cuidando de ti.

Te quiero. Pero tienes que ayudarme. Ayúdame a ayudarte. ¿Lo entiendes?

Sinceramente, lo único que entiendo en este momento es lo mucho que me retumba la cabeza. No tengo fuerzas para pelear con Collin, sobre todo porque cualquier locura que se hubiera apoderado de él hace unos minutos está siendo reemplazada rápidamente por la preocupación.

—Conozco esa expresión —Collin me coge la barbilla con las manos y la gira con suavidad para ver el hematoma que sé que me tiñe desde la sien hasta la mejilla—. ¿Es solo dolor o también tienes mareos?

Ya no hay juicio en su voz. Solo preocupación.

Como siempre. Sean cuales sean sus defectos, Collin realmente me ha mantenido entera todos estos años.

Incluso ahora, su magia curativa ya se está filtrando en mí suavemente, reparando todo lo que puede.

Normalmente, ambos nos meteríamos en líos por el hecho de que Collin desperdiciara sus reservas de energía de esta manera —se supone que debe conservar su poder para las curaciones ordenadas por la Aguja—, pero Collin ha encontrado la forma de dejar que todos los daños superficiales permanezcan visibles.

Llevamos años haciendo esto sin que nadie se dé cuenta.

—Gracias —digo mientras mi dolor de cabeza remite—. Y lo digo en serio.

—¿Sabes la suerte que tienes de no tener una conmoción cerebral? —dice Collin.

—Tener suerte es una forma de describirlo.

—Hablo en serio. ¿En qué estabas pensando al ir a Doverly?

Sabes lo peligrosos que son esos sitios, sobre todo para ti.

—Niega con la cabeza, pero sus manos no dejan de moverse, de curarme—.

Deberías haberlos oído anoche. Bastardos desagradecidos.

Llevan tanto tiempo viviendo bajo la protección de la Aguja que lo dan todo por sentado.

A veces pienso que el mando debería dejar pasar a unos cuantos fae, solo para recordar a los civiles contra qué estamos luchando el resto de nosotros.

En cuanto vean a un drakken o dos prender fuego a sus casas, atarán cabos.

Exhalo con alivio cuando el martilleo en mi cabeza se disuelve por completo, junto con el mareo que traía consigo.

Un amago de sonrisa asoma al rostro de Collin. —Ahí estás, Ro —susurra—. Sabía que mi chica estaba ahí debajo de todo ese dolor. Dime dónde más.

—Deberías ahorrar tu magia —protesto—. No quiero que te agotes por mi culpa.

—Merece totalmente la pena. ¿Dónde más? En el costado, ¿verdad? Ahí es donde vi sangre anoche. —Desliza la mano por mi hombro y bajo el cuello de mi camisa—. ¿Has estado tomando tus tónicos diarios? Según mis cuentas, ya se te habrán acabado.

—Estoy bien. Llevo un año pudiendo fabricar los míos.

Se pellizca el puente de la nariz con exasperación. —A esto es exactamente a lo que me refiero. No hace falta que fabriques tus propias pócimas. Yo puedo hacer lo que necesites. Quiero hacerlo.

—Ahora eres un líder de patrulla. Tienes obligaciones más allá de...

—... mantenerte entera? A veces es un trabajo a tiempo completo, ¿verdad?

—Me guiña un ojo y yo le devuelvo la sonrisa porque es lo que espera, pero odio cuánta razón tiene.

Entre los mareos, los dolores de cabeza y el resto de los contratiempos de mi cuerpo, soy un desastre certificado incluso en los mejores momentos.

Y raras veces son los mejores momentos. Así que sí, mantenerme en pie es un trabajo de jornada completa.

Tengo suerte de que Collin se sienta con fuerzas para ello.

—Chambers, ¿por qué tienes la mano metida por dentro de la camisa de Lexington? —La voz de Kyrian golpea el aire entre Collin y yo.

Doy un salto. Para ser un hombre del tamaño de Kyrian, se mueve tan silenciosamente como una sombra.

Collin se aparta tan rápido que casi me tira al suelo.

Kyrian me sujeta por el codo antes de que pueda volver a hacer el ridículo.

—Por lo que tengo entendido, no ves con buenos ojos la confraternización con los subordinados —añade Kyrian dirigiéndose a Collin.

Dioses. ¿Cuánto habría oído este hombre de nuestra conversación?

—Según mi última cuenta, tú y yo tenemos ahora el mismo número de galones en el cuello, Sorel —rebate Collin, echando los hombros hacia atrás mientras levanta la barbilla en señal de desafío—. Así que vete a la mierda.

Una sonrisa depredadora se extiende por los labios de Kyrian y le ruego mentalmente a Collin que se aleje lo máximo posible antes de que Kyrian decida aceptar la provocación.

Afortunadamente, el hombre no hace tal cosa, pero lo que sí hace —rodearme la cintura con el brazo de forma posesiva— es aún peor.

—Con mucho gusto, Chambers —dice, obligándome a caminar con él—.

Solo estaba reuniendo a mi patrulla. Que tengas un buen resto del día.

—Quítame las manos de encima —le espeto a Kyrian dos pasos más tarde, pero el hombre ya está retirando el brazo hacia su costado. Le apunto con el dedo al pecho—. Y no vuelvas a usarme nunca como un peón en tu concurso de ver quién la tiene más larga.

Él se ríe. —El tamaño de la polla de Chambers es la menor de mis preocupaciones. Créeme.

—¿Entonces de qué demonios ha ido todo eso?

―Sabes, casi todo el mundo aquí me tiene terror. Y no sin razón, debo añadir.

―¿Ha sido eso una orden para que me acobarde o para que haga una genuflexión? Tendrás que ser más específico, señor.

―Ninguna de las dos. Solo me parece curioso que no tengas reparos en mandarme a paseo ―a pesar de todo lo que tienes encima hoy, debo añadir― y, sin embargo, Chambers no tenga ni que pedirte perdón por acusarte de ir follando para ascender en la cadena de mando. ¿No te lo parece?

―¿No me parece qué? ―respondo con total seriedad. No puedo creer que el muy bastardo se hubiera quedado allí escuchando todo ese encuentro.

―Curioso.

Suelto un largo suspiro buscando autocontrol. ―¿Había algo que necesitaras más allá de humillarnos a mi amante y a mí?

―Amante, ¿eh? Suena serio.

―Lo es. Lo somos. ―Me detengo, endureciendo la voz. Ya está bien―. ¿Había algo más que necesitaras, señor?

El humor desaparece del rostro de Kyrian y asiente. ―Por desgracia, sí. La comandante ha adelantado el juicio disciplinario a ahora mismo. Se nos espera en su despacho.

Me aparto de Kyrian antes de que pueda ver cómo se me retira la sangre de la cara. Solo hay una razón para que mi madre adelante el juicio: que cualquier castigo impuesto pueda ser presenciado por todo el grupo en la formación de la tarde.