El Poder de los Draken (Destinada a los Jinetes Draken 1) 5 Rowan
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ROWAN

—¡Que no nos pillen! —exclama Ellie en un susurro, dándole una palmada en la espalda a Trish.

—¡Que no nos pillen! —repito yo, y bebemos, incluso Trish.

El líquido es fuerte y ardiente, con una dulzura inicial que seduce a los sentidos antes de volverse punzante al llegar al fondo de la garganta, haciendo que se me salten las lágrimas.

Whisky de miel. Del que madura en barriles de roble y se reserva para ocasiones especiales.

Siento cómo su calor se extiende hasta mi pecho, caldeándome desde el interior.

No quiero saber cómo le ha echado el guante Ellie, pero, por los dioses, está buenísimo.

Trish cierra los ojos y gime de felicidad.

—Tengo... —empieza Ellie.

—No. Ni hablar. De ninguna de las maneras —dice Trish—. No me lo cuentes. Si nos pillan, será una cosa menos que sepa.

—Iba a decir que tengo el presentimiento de que hoy será un buen día —dice Ellie con inocencia—. Y en absoluto iba a dar a entender que tengo otra ración escondida por ahí.

Trish hace una mueca. Es la persona más mansa y amable que conozco y me siento un poco culpable por arrastrarla al peligro. Pero de todo lo que he hecho en el Chapitel, Lifeline es lo más importante. Y Trish es la persona adecuada para pasarle el testigo cuando Ellie y yo ya no podamos seguir.

Aparto el tapiz y la puerta que conduce a los túneles subterráneos y la cruzo a toda prisa.

Tenemos hasta el amanecer antes de que nos echen de menos, lo cual nunca es tiempo suficiente.

Y si nos pillan... Ahora tendremos que rendir cuentas ante Kai Grayson además de ante la comandante, y no estoy segura de cuál de las dos cosas me aterroriza más.

Inmediatamente me arrepiento de haber pensado en esa dirección, porque el rostro peligrosamente atractivo de Kai se instala en mi mente al instante y hace que se me encienda el vientre.

El suyo y el de Kyrian. Estupendo. Los dichosos guerreros de ojos azules llaman tanto la atención todo el tiempo que, en mi cabeza, los he apodado los gemelos azules.

No es que se parezcan realmente en nada.

Pero sí se mueven de forma parecida. Como depredadores sobrenaturales.

Ellos y Logan. El tercer miembro de la tríada con el que, afortunadamente, aún no he tenido necesidad de hablar.

Un día voy a hacer un estudio sobre la correlación entre la belleza física y la falta de escrúpulos. Existe, seguro, y no se limita a los hombres. Mi madre y mi tía son la prueba de ello.

—Así que —dice Ellie con demasiada naturalidad mientras avanzamos por los pasadizos— he oído que Collin Chambers ha conseguido su propio escuadrón.

¿Desde cuándo les dan a los encantadores un puesto de líder de escuadrón?

Especialmente a uno que montó la que montó en el comedor.

Todavía no me lo puedo creer. —Traducción: todavía no me puedo creer que hablases con tu madre después de que se portara como un imbécil. O que ella te escuchara.

Cruzo los brazos a la defensiva. —Solo mencioné que me parecía que Grayson no estaba valorando a Collin de forma justa. Cosa que realmente no hacía. Me desagradan las injusticias.

—Ah. Bueno, eso explica sin duda por qué no estás furiosa con Collin —dice Ellie chasqueando los dedos—. Después de todo, él fue totalmente justo en todo lo que dijo.

Suelto un gruñido, intentando pensar en una forma de librarme de la conversación, pero ella es tan tenaz como un terrier cuando quiere algo. Y sabe que me tiene atrapada ahora mismo. Por eso estamos teniendo esta conversación en el túnel. Si no quisiera tanto a Ellie, la estrangularía.

—Collin dijo una estupidez —digo con una paciencia que no acabo de sentir—.

Acababan de decirle que todo su duro trabajo y esfuerzo no servían para nada y se disgustó.

Así que sí, se dejó llevar por el momento y dijo una estupidez...

por la cual se ha disculpado profusamente.

En público y en privado. Teniendo en cuenta todo lo que Collin ha aguantado por mí, puedo perdonarle un arrebato de frustración.

—Creo que...

—No. Para. —Levanto la palma de la mano.

Ellie es todo lo que yo no soy. Es preciosa, valiente y extrovertida, y tiene a todos los hombres del Chapitel babeando por ella, y a muchas de las mujeres también.

No sé cuándo fue la última vez que durmió siquiera en su propia cama.

En su mundo, descartar a un hombre por otro es lo normal de un martes cualquiera.

Yo soy su opuesto en todos los sentidos.

Me gusta la estabilidad. Me gusta el compromiso.

Y sé lo raro que es tener a alguien dispuesto a pasar por alto mi torpeza, mi forma de caminar a menudo con los pies hacia dentro y mis constantes percances para darme la oportunidad de ser amada.

Collin fue el primer chico que quiso besarme.

El único chico. —Me has preguntado por qué y te lo he explicado.

Hasta aquí llega esta conversación. No he pedido consejo y no tengo intención de defender mis sentimientos.

—De acuerdo, captado —Ellie levanta las manos rápidamente—. Tú misma.

—¿De verdad vas a dejarlo correr?

—Oh, ni hablar. —Ellie me da un empujón amistoso y no puedo evitar reír. Pero al menos abandona el interrogatorio por ahora.

Tres cuartos de hora más tarde estamos en Doverly, la ciudad que alberga el Chapitel Este.

Los edificios se vuelven más bajos y estrechos a medida que nos alejamos del complejo del Chapitel.

Las calles anchas diseñadas para el movimiento de tropas y los desfiles dan paso a senderos angostos que serpentean por las secciones residenciales más pobres, donde las únicas estructuras bien cuidadas son las estatuas de nuestros héroes de guerra y de la familia real.

Los olores se vuelven progresivamente más opresivos a cada paso, pasando del hedor a basura vieja, a orina y a otros que preferiría no intentar distinguir.

Un grupo de hombres borrachos que cantan una melodía obscena y desafinada pasa pesadamente a nuestro lado calle abajo en busca de una nueva taberna.

—¿Es que nadie duerme por aquí? —pregunta Trish mientras les damos un amplio rodeo.

—En absoluto —dice Ellie—. Doverly destaca en la producción de dos cosas: soldados y cervecerías. Te acostumbrarás.

—Si tú lo dices... —dice Trish—. Quiero decir, sé que merece la pena. El riesgo por ambas partes. Solo hace falta acostumbrarse un poco.

Asiento con ánimo a la chica más joven, pero no consigo sacudirme la cautela. Las calles parecen más concurridas hoy. Más inquietas. Eligiendo el pasaje algo más largo pero mejor iluminado, las guío el resto del camino hasta la posada del Pozo de los Deseos.

Ubicada tras los puestos vacíos del mercado, la posada es un edificio modesto de tres plantas con un cartel desgastado, mucha vida callejera y una sala grande junto a la zona común donde la clínica a la que apoya la Operación Lifeline ya se está instalando para pasar la noche.

Ver a las madres entrando ya con niños envueltos en mantas me da una nueva inyección de energía.

Por esto estamos aquí. Por esto arriesgamos la ira de la comandante y mucho más.

Siento esa misma energía impulsando a Ellie y Trish mientras las tres recorremos a toda prisa el último tramo de calle hasta la puerta.

La sala de la clínica es ya un hervidero de actividad; hay voluntarios corriendo de un lado a otro para montar los puestos de tratamiento, aunque los únicos suministros disponibles sean agua limpia y retales de lino.

Los medicamentos que las tres cargamos a la espalda valen aquí más que el oro.

Diviso a Rinity, que dirige la clínica, al otro lado de la sala y la saludo, pero la posadera, normalmente imperturbable, apenas me sostiene la mirada antes de darse la vuelta, con movimientos tensos y apresurados.

Una nueva pizca de inquietud me recorre la espalda, pero la ahuyento y dejo mi mochila sobre una de las mesas.

En unos momentos, el aire se espesará con los aromas de las hierbas medicinales y la humanidad amontonada, pero también vibrará con un trasfondo de esperanza y alivio.

Sé que será así porque siempre lo es. Es la única noche al mes en la que veo la misión de Eryndor de proteger a nuestro pueblo en todo su esplendor...

aunque, irónicamente, las tres estamos técnicamente cometiendo traición por estar aquí.

—Quizá no quieran quedarse hoy aquí —dice Rinity, acercándose a nosotras tras haber solucionado algo en la zona de espera—.

Si no estallan tres peleas antes de la mañana, me sorprendería.

No querrán verse envueltas en eso. —Mira nuestras mochilas de suministros, con una desesperación por ellas palpable mientras los carraspeos de pecho de una multitud de niños suenan desde la otra habitación—.

¿Tal vez podrían simplemente... dejarnos eso?

Me inclino para observar a la multitud que espera; muchos de los bancos ya están ocupados por niños y padres preocupados.

Si nos vamos ahora, recibirán poca ayuda.

Los suministros son importantes, pero Trish es una verdadera sanadora capaz de remendar un cuerpo, y mi alquimia me da una mano con las pociones que nadie puede replicar.

Ellie hace un poco de todo, pero es una salvavidas que usa su aeromancia para empujar la medicación respiratoria hacia los pulmones.

Miro a mis amigas y ellas asienten confirmándolo.

—No hemos venido hasta aquí para dar media vuelta —le aseguro a Rinity, que no parece precisamente aliviada. Dedicándole lo que espero que sean sonrisas tranquilizadoras, las tres nos separamos y ocupamos nuestros puestos habituales.