El Poder de los Draken (Destinada a los Jinetes Draken 1) 3 Rowan
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3 Rowan

ROWAN

—Esto parece un mercado de caballos —murmuro, dejando mi bandeja de comida junto a la de Ellie en el comedor.

Hasta este año, comíamos con los demás encantadores que estudian en Spire East, pero ahora estamos oficialmente en nuestro año de fusión, así que tenemos que comer con los estudiantes de la rama de combate.

En este momento, eso se traduce en Kai Grayson y su alto mando observándonos antes de realizar las asignaciones de escuadrón que maximicen la eficiencia de la unidad.

O que minimicen los riesgos. Viene a ser lo mismo.

Y por alto mando, me refiero a la tríada.

Kai Grayson, Kyrian Sorel y Logan Vance —más dos rubias altas de la rama de combate, que están encaramadas a cada uno de los muslos de Logan— presiden el comedor desde una mesa junto a la pared del fondo.

Las chicas se alternan para dar de comer a Logan de un cuenco de frutos secos y bayas, y entrelazan sus manos sobre las de él, como si tocarlo directamente fuera un derecho que escapa a su condición de simples mortales.

Los tres no solo parecen dioses de la guerra hechos carne, sino que actúan como tales.

Grayson cambia el peso de su cuerpo y, antes de que pueda apartar la vista, sus ojos azul hielo se clavan directamente en mí. Del mismo modo que lo han hecho en la formación. Penetrando en mí. Haciendo que mi cuerpo entre en calor como respuesta.

Me aclaro la garganta y vuelvo a centrar mi atención en Ellie. —Solo falta que nos pidan que sonriamos para revisarnos la dentadura.

Ellie me dedica una sonrisa deslumbrante, presumiendo de todos sus dientes perfectos.

—¿Qué me dices? ¿Sacarán un buen fajo por mí los chicos de combate?

—pregunta, convocando una ráfaga de aire para que sus rizos pelirrojos se agiten de forma provocativa.

Es una aeromante, controla el viento para ayudar en el reconocimiento o para disipar el humo y los gases.

Últimamente, también ha estado practicando cómo usarlo para guiar sus flechas. Y, por lo visto, para contonearse.

Le doy un azote en el hombro y ella resopla; ambas nos echamos a reír.

—¿Qué es tan gracioso? —pregunta Collin, deslizándose a nuestro lado con el ceño fruncido.

—Nada —decimos Ellie y yo a la vez. Ella suelta un bufido.

Collin resopla. —¿Podéis actuar con un poco más de dignidad? Las asignaciones de escuadrón se están decidiendo ahora mismo, al menos algunos de nosotros estamos intentando causar una buena impresión.

—Pues entonces deberías haber puesto carne en tu bandeja —Ellie señala con su cuchara la ensalada de Collin—. He oído que a Grayson y a los dioses del combate les gustan las proteínas.

—¿En serio? —Collin echa un vistazo a la cola de la comida.

Ellie pone los ojos en blanco. —Por los dioses, quítate el palo del culo, Chambers. ¿De verdad crees que a alguien le importa lo que comes? ¿O que me he molestado en averiguar lo que come Grayson?

A Collin se le suben los colores a las mejillas y pincha su ensalada con el tenedor.

Niego con la cabeza mirando a Ellie y toco el antebrazo de Collin, sintiendo la tensión que emana de él.

—Siento haberme burlado de la selección —digo en voz baja—.

Sé que es importante para ti. —Y no solo para él.

Collin Chambers proviene de una familia prominente con una larga historia de servicio en el ejército de Eryndor, y sus expectativas pesan sobre cada paso que da, cada examen para el que estudia.

Y se ha esforzado mucho por todo, desde sus notas hasta el músculo que ahora cubre su complexión, antes larguirucha.

—También debería ser importante para ti, Ro —replica Collin—. El rumbo que tome mi carrera nos afecta a los dos.

—Solo si decide casarse contigo —suelta Ellie.

Oculto una mueca de malestar. Adoro a esta chica, pero no tiene nada de tacto.

Sí, Collin suele actuar como si nuestra boda fuera un hecho inevitable cuando no lo es, pero hay un momento y un lugar para esa conversación.

Un momento y un lugar que elegiremos Collin y yo, no en medio del comedor el primer día del año de fusión.

—Vaya, si resulta que me he encontrado con una mesa entera de camisas rojas.

—Un hombre fornido vestido con el negro de combate y con el nombre de Brady en el uniforme se deja caer junto a Ellie.

Tras coger un trozo de pan de la bandeja de ella, Brady se lo mete en la boca.

Nos mira mientras mastica. —A ver —dice, con la boca todavía medio llena—, decidme qué sabéis hacer y por qué querría teneros en mi escuadrón.

Ellie me lanza una rápida sonrisa enseñando los dientes y me atraganto con el agua hasta que tiene que darme palmadas en la espalda.

Brady me mira con el ceño fruncido.

—Soy Collin Chambers —dice Collin rápidamente, tendiéndole la mano—.

Rama de sanadores. Estoy en el diez por ciento superior de la clase en todas las áreas excepto en combate, donde estoy en el cinco por ciento superior.

—Sonríe, haciendo gala de su encanto—. Así que puedo luchar a tu lado y salvarte el pellejo cuando te alcancen.

El doble de beneficio por una sola ración de comida.

Brady asiente con la cabeza sopesando la oferta. Como tiene el cuello tan grueso, parece que medio cuerpo asiente al mismo tiempo.

—Aunque venimos en pareja —Collin me pasa el brazo por los hombros y me atrae hacia él—.

Ro es alquimista. Puede que no valga mucho en el combate cuerpo a cuerpo, pero sin encantadores como ella, toda la guerra se resentiría.

Protegerla es una responsabilidad que yo, por mi parte, me tomo muy en serio, y cualquier líder de escuadrón debería hacer lo mismo.

—Eso es cierto —admite Brady.

Intento zafarme del brazo de Collin, pero él me sujeta con más fuerza. Sé por dónde va a salir ahora, y de verdad que no quiero que lo haga. Le doy una patada por debajo de la mesa.

—¿Quieres saber algo más? —Collin baja la voz, ignorando mi patada—. Puede que en su placa de identificación ponga Lexington, pero ese es su segundo nombre. ¿Quieres saber su verdadero apellido? Es Ainsley. Como en el caso de la comandante Ainsley y la reina Ainsley.

Brady arquea las cejas, su mirada me sopesa con un nuevo interés. —Vaya, es bueno saberlo. —Su atención se centra en algo al otro lado de la sala y se levanta. —Lo tendré en cuenta. Ainsley. Chambers. —Nos dedica un asentimiento a Collin y a mí, ignorando a Ellie, y se marcha.

—Deja de decirle a la gente mi apellido —le siseo a Collin, quitándome su brazo de encima—. Cuando quiera que lo sepan, se lo diré yo misma.

—¿Qué te pasa? —salta Collin—. Me estoy desviviendo aquí, intentando ayudarte, ¿así que tal vez podrías dejar de criticar cada palabra que digo?

A menos que te imagines que puedes durar una semana sin que yo te cure las heridas, ¿qué tal un poco más de gratitud y mucho más esfuerzo?

Ahora mismo, tenemos que vendernos a los líderes de escuadrón.

Conseguir que nos asignen juntos. Este proceso no me gusta más que a ti, pero la alternativa es que salgas herida.

—Collin se endereza de repente, de un salto—.

Señor. Buenas tardes —le dice a alguien detrás de mí—. Es un honor conocerle.

Siento un cosquilleo de inquietud en la piel al notar una mirada penetrante quemándome la espalda, y sé de inmediato quién está a punto de unírsenos.

Por desgracia, tengo razón. Kai Grayson retira una silla y se sienta a nuestra mesa, observándonos en silencio.

No lleva más que una taza de café en las manos.

Además de al menos una docena de dagas enfundadas en varios lazos del uniforme.

La única vaina que llevaba en el muslo durante la formación debió de ser una versión reducida para la ceremonia.

El incómodo silencio se prolonga, hasta que Collin finalmente se aclara la garganta.

—Gracias por dedicarnos su tiempo, señor —dice, volviendo a sentarse.

Su mano tamborilea sobre su muslo bajo la mesa, pero su voz es firme.

Serena. —Mi nombre es Collin Chambers. Soy sanador, estoy en el diez por ciento supe...

—Eso deja a toda una décima parte de la clase por delante de ti, según mis cálculos —dice Kai, interrumpiendo a Collin—. No me interesa.

Collin contiene un asentimiento digno y clava la vista en los tomates de su plato.

—Deja que te ahorre tiempo, Grayson —digo yo—. Todos en esta mesa estamos por debajo de tu nivel. Así que ve a intimidar a otro.

Collin lucha por reprimir una mueca de horror.

Kai me mantiene la mirada, lo que hace que su mandíbula marcada parezca aún más pronunciada. —¿No quieres una oportunidad de estar en la patrulla de bandera, Lexington?

—No, si es tu bandera la que se lleva. —Me meto un trozo de fresa en la boca.

Más vale que aclaremos esto ahora, para que no haya malentendidos sobre cuál es mi postura respecto a cualquier plan que él y mi madre hayan podido tramar.

O sobre mi postura respecto a él en general.

—Como tú has dicho, solo quieres a los mejores. Así que, ya puedes irte.

Cojo otra fresa como si contestar a los comandantes fuera algo cotidiano para mí, pero por dentro mi corazón late con más fuerza con cada segundo que Grayson pasa sentado con nosotros.

Si va a mandarme al calabozo por insubordinación, prefiero acabar con esto ahora, porque sé que no hay ni una maldita posibilidad de que me pase el año rindiéndole pleitesía.

Desprecio a los matones, no importa lo atractivos que sean.

Kai me ignora y levanta la mano, haciendo un gesto a alguien.

Un momento después, otro de los de la tríada se acerca a nuestra mesa, agarrando una silla por el camino.

Su pelo oscuro está alborotado, cubriéndole la parte superior de las orejas, y sus ojos —tan azules y penetrantes como los de Grayson pero bailando con mucha más picardía— se encuentran brevemente con los míos.

Coloca la silla junto a Kai y se sienta a horcajadas sobre ella, pasando una pierna por encima del respaldo sin esfuerzo. —¿Qué pasa?

—Kyrian, conoce a Rowan Lexington. La nueva integrante de tu patrulla. —Me señala con la barbilla. —Las mejores notas académicas de su año. Así tendrás al menos a alguien que sepa leer. Lexington, este es Kyrian Sorel. Tu nuevo señor y comandante.

Kyrian se encoge de hombros, un gesto que no debería resultar tan sexy pero que, por alguna razón, lo es.

—Vale. Bienvenida a la bandera. —Me tiende la mano; lleva las mangas de la túnica arremangadas, dejando a la vista unos antebrazos fibrosos con el extremo de un tatuaje que no alcanzo a distinguir asomando por el lado izquierdo.

Su apretón de manos es breve pero seguro, una sutil muestra de fuerza que hace que mi ya acelerado pulso suba otra octava.

—Es un placer tenerte, Rowan —añade Kyrian, y sus palabras fluyen de su lengua con una cadencia melódica.

Su acento envuelve cada sílaba como un abrazo de terciopelo, con las erres vibrando y ronroneando en su garganta.

Retiro la mano rápidamente, pero no sin sentir sus dedos callosos rozar mi palma. Incluso con la mano a salvo de nuevo en el regazo, sigo sintiendo el calor de su toque.

¿Qué demonios acaba de pasar?

Kyrian saca un parche del bolsillo y lo lanza sobre la mesa. —Póntelo en el hombro izquierdo. Y, ya de paso, búscate un uniforme negro.

—Pero... Los encantadores vestimos de rojo.

—También los cadáveres. Creo que me las apañaré mejor sin convertir mi patrulla en una diana andante desde la perspectiva de un draken. Cámbiate.

Ellie se atraganta con una carcajada.

Collin se aclara la garganta. Como si fuera a olvidarme de él. Me enderezo, recomponiéndome rápidamente. —Necesito que asignen a Collin Chambers a la misma patrulla que a mí —le digo a Kyrian.

—No es mi problema —responde Kai por Kyrian—. Ni el suyo tampoco.

—Un alquimista tiene que estar asignado con un sanador —protesto—.

Y Collin es quien mejor me conoce. Así que, o vamos juntos, o no va ninguno de los dos.

Personalmente, preferiría que eligieras la segunda opción.

—Me estoy inventando por completo la regla sobre alquimistas y sanadores, pero Collin y Ellie asienten como si fuera cierta.

Con suerte, ninguno de los cadetes de combate habrá rebuscado en el códice de reglamentos de tres pulgadas de grosor de los encantadores.

Kai se levanta y se da la vuelta, como si yo no hubiera hablado. —Chambers, piérdete. Lexington, cámbiate de uniforme y preséntate ante Kyr cuando él lo diga. Hemos terminado aquí.

—Espera. —Collin se pone en pie de un salto, apoyando las manos en la mesa. Kai lo ignora y sigue caminando, pero Kyrian se vuelve, concediéndole un momento más de su tiempo.

—Estás cometiendo un error —le dice Collin—. No necesitas a un alquimista en una patrulla de bandera, necesitas a un sanador. Lexington va a ser un lastre. Lee sus informes de rendimiento, por amor de los dioses. Es un desastre con patas. Yo...

Todo rastro de cortesía desaparece del rostro de Kyrian. En un movimiento fluido, se gira hacia la mesa, agarra a Collin por el cuello y estampa su cara contra la dura madera con un crujido nauseabundo.