V
Tomás siguió haciendo exactamente lo mismo que había hecho toda su vida.
Preparaba café. Arreglaba bisagras. Escuchaba problemas. Alimentaba a las palomas. Ayudaba a quien llamaba a su puerta. No recibió homenajes ni documentales, y tampoco parecía necesitarlos.
Una mañana cualquiera, mientras servía café a varios vecinos reunidos alrededor de una mesa, observó cómo una conversación se prolongaba más de lo habitual. Después otra. Y otra.
Personas que se escuchaban. Personas que compartían tiempo. Personas que permanecían.
Tomás sonrió para sí mismo. Y siguió preparando café.