El plano denso III
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III

Laura sacó de su maletín un manuscrito mecanografiado, denso y sin portadas oficiales.

No era un artículo académico destinado a las revistas de impacto internacional. No contenía eufemismos sobre «resiliencia socio-digital» ni la jerga aséptica que le había valido el aplauso de los decanos. Era un texto crudo, palpitante, construido enteramente como una narración de vidas cruzadas.

En sus páginas no figuraban estadísticas abstractas; figuraban rostros y nombres reales: la historia de Tomás y su taller de carpintería; la trayectoria silenciosa y trágica de Don Antonio; las deudas de Elena; el aislamiento de Marcos.

—Si publico esto con mi nombre real —dijo Laura con voz serena, mirando las hojas sobre la mesa—, la facultad retirará mi beca internacional mañana mismo. Se anulará la candidatura a la cátedra y mi nombre quedará tachado en todos los comités científicos.

Hizo una pausa y miró a los ojos de Hipatia.

—Pero por primera vez en mi vida, no tengo miedo. Prefiero perder mi carrera que seguir escribiendo la mentira educada que financia a los verdugos.