V
De regreso en la biblioteca, con las primeras luces del alba filtrándose por los ventanales altos, Hipatia planteó su propuesta definitiva.
—No vamos a atacar al sistema con informes técnicos ni con manifiestos abstractos —anunció Hipatia con voz firme, plantándose ante sus compañeros—. El Magnate controla la atención de las masas porque les ofrece abstracciones cómodas. Nosotros vamos a hacer exactamente lo contrario.
Señaló el cuaderno de cubierta blanca sobre la mesa.
—Vamos a contar lo que hay fuera de sus pantallas. Vamos a contar la historia de Tomás y su taller. La historia de Elena, la de Marcos, la de cada persona real que ha sido aplastada por la optimización de la vida. No vamos a dar estadísticas; vamos a dar nombres.
Y en ese instante surgió la gran ironía del plan: iban a combatir al imperio algorítmico utilizando exactamente aquello que el propio Magnate había teorizado tiempo atrás, pero dándole la vuelta por completo:
Los datos abstractos jamás cambian el mundo. Las historias concretas sí.