El plano denso III
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III

Lejos de allí, en los despachos asépticos de la consultora tecnológica, Mateo se enfrentaba a su propio punto de no retorno.

Durante la revisión semanal de los flujos de datos para el módulo de retención algorítmica juvenil, su equipo técnico extrajo un informe interno de impacto clínico y conductual.

Los gráficos no dejaban lugar a dudas: el software estaba provocando picos alarmantes de ansiedad severa, trastornos de atención y dependencia emocional compulsiva en menores de catorce años.

El director de proyectos convocó a Mateo a su despacho privado a puerta cerrada.

—El informe es delicado, Mateo —le dijo el directivo con una sonrisa pragmática, deslizando el documento sobre la mesa—.

No vamos a falsificar los datos, por supuesto.

Eso violaría los protocolos de transparencia.

Pero necesitamos «contextualizar» las métricas.

Rebajar el tono de las conclusiones clínicas y destacar los beneficios de conectividad social para que el comité directivo lo apruebe sin ruidos.

Mateo miró las cifras. Miró el rostro sonriente de su superior. Y comprendió con una claridad fulminante que ya no le quedaba ninguna coartada.

Ya no podía seguir diciéndose a sí mismo que ignoraba lo que hacía, ni justificarse con el pago del alquiler. Sabía perfectamente de qué estaba hecho su sueldo. Y por primera vez en meses, sintió que prefería perderlo todo antes que volver a mentirse.