IV
Mucho después, mientras el vapor del café ascendía lentamente entre ambos, Tomás comenzó a hablar.
—Cuando era joven intenté ayudar a un muchacho del barrio.
Hipatia escuchó.
—Durante meses intenté arreglarle la vida. Le busqué trabajo, le presté dinero y traté de convencerlo de que todavía tenía futuro.
Tomás sonrió con melancolía.
—Un día desapareció. Se marchó sin despedirse.
Guardó silencio unos segundos.
—Durante años pensé que había fracasado.
Hipatia siguió escuchando.
—Hace poco me encontré con él. Ya era un hombre mayor. Me dio las gracias.
El anciano bajó la vista hacia la taza.
—No recordó mis consejos. No recordó el dinero. Lo único que recordaba era que alguien había permanecido a su lado cuando peor estaba.
La biblioteca quedó en silencio.
Tomás no añadió ninguna moraleja.
No hacía falta.