III
Fue Tomás quien rompió el aislamiento.
Una mañana apareció en la biblioteca con una bolsa de papel bajo el brazo.
Dentro había pan, café y algunas frutas.
Nada más.
Hipatia levantó la vista.
—¿Por qué has venido?
Tomás dejó los alimentos sobre la mesa.
—Pensé que estarías sola.
Tomó asiento.
No intentó animarla.
No le pidió explicaciones.
No habló de la causa, del Magnate ni del futuro.
Simplemente permaneció allí.
Compartiendo el silencio.