CAPÍTULO 18 EL CANSANCIO DE LOS JUSTOS
I
El cansancio de los justos no llegó con estrépito.
Se instaló poco a poco, como una niebla persistente que volvía cada decisión más pesada que la anterior.
Para Mateo, el peligro ya no era la culpa.
Era la adaptación.
Semanas después de incorporarse a la consultora tecnológica, salía de la oficina con el alquiler pagado, las facturas al día y una tranquilidad que había perseguido durante años.
Una tarde, al volver a casa, se cruzó con un antiguo compañero del centro de atención digital.
El muchacho lo reconoció enseguida.
—Dime una cosa, Mateo. Después de todo lo que decías sobre la dignidad y la jaula... ¿te arrepientes de haberte vendido?
Mateo estuvo a punto de responder.
Entonces descubrió algo que no esperaba.
La respuesta sincera no era sí.
Era no.
No porque estuviera orgulloso.
Simplemente había dejado de luchar contra la comodidad.
Y eso le produjo más miedo que cualquier reproche.