II
Laura comprobó que el reconocimiento también desgasta.
Acababa de terminar una ponencia en un congreso internacional cuando uno de los académicos más prestigiosos del auditorio se acercó a felicitarla.
—Tiene una carrera extraordinaria por delante. Ha encontrado el tono exacto. Sabe ser rigurosa sin caer en la confrontación.
Laura sonrió.
Agradeció el elogio.
Se dejó fotografiar.
Respondió algunas preguntas.
Horas más tarde, sola frente al espejo del baño del auditorio, recordó aquellas palabras.
Y comprendió por qué le resultaban tan incómodas.
No era porque fueran falsas.
Era porque le habían gustado.