El plano denso V
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V

Tomás convivía con una tentación más discreta.

La carta del ayuntamiento seguía guardada en el cajón de su mesilla.

Nunca aceptó formalmente el reconocimiento.

Pero tampoco lo rechazó.

Algunas noches la sacaba y la releía bajo la luz tenue de la lámpara.

Le gustaba imaginar a su hija encontrándola.

Le gustaba imaginar a sus nietos sintiéndose orgullosos.

Aquellos pensamientos le producían una alegría sencilla y vergonzante.

Después doblaba el papel con cuidado y lo devolvía al cajón.