IV
La transformación de Olympe comenzó en los despachos institucionales.
Durante una segunda reunión con responsables municipales, revisó presupuestos, proyectos urbanísticos y borradores legislativos.
Por primera vez veía cómo una idea podía convertirse en una política real.
Ya no eran discursos.
Eran decisiones.
—Si aprobamos esta medida, podremos impulsar espacios de convivencia en varios distritos —explicó un funcionario.
Olympe estudió el documento.
Aquello podía mejorar la vida de miles de personas.
Y precisamente por eso resultaba tan peligroso.
Horas más tarde caminaba sola bajo la lluvia.
Una parte de ella se sentía atraída por aquella posibilidad.
No por poder.
No por dinero.
Por la posibilidad de ser escuchada.