V
Hipatia observaba el desastre desde el piso superior cuando una presencia conocida emergió de las sombras.
El aire se impregnó de humo y ozono.
Tezcatlipoca apareció apoyado en el marco de la puerta, impecable dentro de un traje oscuro.
Su sonrisa era divertida.
Demasiado divertida.
—Qué espectáculo tan hermoso, sabia de Alejandría.
Hipatia se puso en pie.
—Vete de aquí.
El dios soltó una carcajada.
—Siempre tan optimista.
Bajó lentamente la mirada hacia la planta inferior.
—Míralos. Personas inteligentes, personas bienintencionadas, personas convencidas de que iban a reconstruir el mundo. Y aquí están, peleando por reconocimiento, influencia y prestigio.
Hipatia sostuvo la mirada.
Tezcatlipoca dio un paso más.
—El Magnate no inventó el egoísmo humano. Solo le dio una red inalámbrica para que viajara más rápido.
El silencio posterior resultó incómodo incluso para ella.
Cuando volvió a levantar la vista, el dios había desaparecido.