El plano denso VII
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VII

Llegada la medianoche, Hipatia permanecía sola en el centro comunitario.

El suelo estaba cubierto de papeles impresos, vasos de plástico abandonados y pancartas a medio pintar.

Se sentó en la silla donde solía sentarse Tomás y abrió su cuaderno de Constructores de Sentido.

La ilusión de una expansión rápida se había disipado.

Sobre las mesas quedaban carteles arrugados, vasos vacíos y conversaciones inconclusas.

La amenaza no venía únicamente de la torre corporativa.

Tomó el estilógrafo y escribió:

«Toda idea poderosa y regeneradora atrae de inmediato a dos tipos de personas: a quienes buscan servir a la verdad y a quienes buscan utilizar la verdad para servirse a sí mismos.»

«El verdadero enemigo no solo aguarda en la torre corporativa o en la anestesia del algoritmo. Reside también en la facilidad con que la vanidad humana contamina el agua del pozo del que pretende beber.»

Hipatia cerró el cuaderno.

La sala permanecía en silencio.

Sobre las mesas quedaban carteles, vasos vacíos y promesas incompatibles.

Permaneció inmóvil unos instantes.

Por primera vez desde el inicio de la iniciativa, tuvo la sensación de estar contemplando una grieta.