CAPÍTULO 12 EL ESPEJO DE LAS MOTIVACIONES
I
La tensión acumulada en el centro comunitario alcanzó su punto de saturación a finales de esa misma semana.
La convivencia entre las distintas facciones se había convertido en un campo minado donde cualquier conversación acababa derivando en discusiones sobre estrategia, visibilidad o liderazgo.
Hipatia decidió apartarse del ruido.
Con la ayuda de Mateo, comenzó a citar individualmente a algunos de los participantes más activos. Los recibía en una pequeña oficina del piso superior. No llevaba cuestionarios ni formularios. Se sentaba frente a ellos y formulaba una única pregunta:
—¿Por qué estás realmente aquí?
Las respuestas fueron tan variadas como reveladoras.
Algunos hablaban de justicia social, compromiso ciudadano o responsabilidad colectiva.
Sin embargo, bastaban unos minutos de conversación para que aparecieran otras motivaciones más profundas: necesidad de reconocimiento, deseo de pertenecer a algo importante o simple miedo a enfrentarse a una vida que les parecía vacía.
Otros fueron más sinceros desde el principio.
Confesaron que acudían al centro para escapar de la soledad de sus apartamentos, para sentirse útiles o para aliviar una culpa que arrastraban desde hacía años.
Hipatia escuchaba y tomaba notas.
Cada conversación añadía un nuevo matiz a una realidad mucho más compleja de lo que había imaginado.