El plano denso III
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III

Las tensiones internas no tardaron en aflorar.

En una reunión para planificar el reparto de recursos del fin de semana, la discusión entre los veteranos y los recién llegados terminó por desbordarse.

Tomás defendía mantener el método habitual: visitas discretas, apoyo directo y atención personalizada a los ancianos que ya conocían.

Julián y su grupo proponían destinar parte del presupuesto a alquilar un escenario en la plaza principal, contratar sonido profesional y organizar un «Festival por la Dignidad Vecinal» capaz de atraer medios de comunicación y patrocinadores.

—¡Lo que proponéis es convertir un trabajo de cuidado real en un circo mediático! —protestó Laura, poniéndose en pie—. ¡Los mayores no necesitan un festival con DJs; necesitan que alguien les haga la compra y les escuche dos horas sin mirar el reloj!

—¡Lo que proponéis vosotros es una caridad antigua que nunca cambiará nada! —replicó un estudiante afín a Julián—. ¡Hay que ganar la batalla cultural en el espacio público!

Tomás miró a unos y otros sintiéndose un extraño en el propio local que había ayudado a levantar.

Las carpetas que organizaba con esmero aparecían ahora sepultadas bajo ordenadores portátiles, pancartas de diseño y borradores de estatutos redactados en una jerga burocrática que apenas comprendía.

Tomó su abrigo en silencio, se caló la boina y caminó hacia la salida sin que casi nadie se diera cuenta.

Hipatia lo vio marcharse con la cabeza baja.