III
Mientras tanto, en un centro de convenciones de arquitectura vanguardista a las afueras de la ciudad, Olympe de Gouges asistía como espectadora anónima a un evento multitudinario.
El gran auditorio estaba abrumado por focos de color cian y pantallas cilíndricas que colgaban del techo.
El lema de la cumbre, impreso en tipografía futurista sobre paneles de tela ecológica, rezaba: «Revolución era una línea de negocio altamente rentable.
—Han convertido la indignación en mercancía —murmuró Olympe para sí misma, ajustándose la pañoleta mientras abandonaba el recinto—. Y lo peor de todo es que los esclavos pagan gustosos la entrada para ver la representación de su propia libertad.