El plano denso II
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Durante los días siguientes, Hipatia intensificó su trabajo de campo. Recorrió las arterias de la ciudad equipada con su tablilla y una capacidad de observación implacable, registrando con rigor científico los flujos cotidianos de sus habitantes.

Midió el tiempo medio que las retinas humanas permanecían fijadas a una pantalla táctil frente al tiempo dedicado a la mirada directa; calculó la duración de las conversaciones verbales reales en comparación con los monólogos digitales; midió las horas promedio de sueño interrumpido,

los minutos perdidos en atascos de tráfico absurdos, el volumen de consumo diario de noticias alarmistas y la frecuencia de las interacciones sociales desprovistas de empatía.

Tras procesar los datos en su mente, encontró correlaciones abrumadoras.

Llegó a una conclusión cristalina: cuanto mayor era la estimulación informativa y constante que recibía un individuo, más se atrofiaba su capacidad de reflexión profunda y menor era su resistencia al impulso inmediato.

El diagnóstico era matemáticamente impecable. Pero era radicalmente insuficiente.

Hipatia, sin embargo, creía haber encontrado el núcleo exacto de la avería, ignorando por completo que identificar el síntoma distaba mucho de comprender la enfermedad.