El plano denso VII
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VII

Llegada la medianoche, Hipatia se encontraba sola en la azotea de un edificio céntrico, contemplando el mar infinito de luces parpadeantes que se extendía hasta el horizonte de la metrópoli.

Abajo, millones de vidas latían en silencio, albergando millones de dolores invisibles que ninguna ecuación lograba contener.

Por primera vez desde que había pisado el plano terrenal, no sacó la tablilla para redactar un informe inmediato.

Se quedó con el estilo de metal suspendido entre los dedos, pensando.

Recordó las palabras de Apolo, la frialdad del Magnate Digital, la advertencia irónica de Hermes y, sobre todo, el rostro exhausto de Mateo.

Abrió lentamente la tablilla de arcilla. Con trazo firme, redactó una nueva línea:

«Observación: los sujetos presentan signos generalizados de agotamiento sistémico.» «Hipótesis original: incompleta.»

Se detuvo. El estilo de metal quedó suspendido en el aire, temblando ligeramente sobre la arcilla blanda.

Pasaron varios segundos interminables en la penumbra de la azotea, con el viento frío de la ciudad meciendo los pliegues de su túnica.

Hipatia miró la línea trazada, esperó a que su mente formulara el siguiente argumento...

pero la siguiente línea simplemente no llegó. No la escribió.

En algún otro punto de la ciudad, Mateo abrió la puerta de su apartamento desierto, se dejó caer pesadamente en el sofá y miró el techo en penumbra. No pensaba en Hipatia; apenas recordaba el incidente callejero.

Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, una extraña inquietud le recorría el cuerpo. Alguien le había hecho una pregunta en la calle que no supo responder, y esa grieta en la rutina lo mantuvo despierto en la oscuridad.

Dos desconocidos observaban la misma noche desde lugares distintos. Ninguno de los dos sospechaba todavía que la salvación del otro terminaría convirtiéndose en la propia.