IX
Faltaba por decidir quiénes descenderían al Plano Denso.
Se barajaron nombres ilustres de la historia del pensamiento: estoicos rigurosos, cínicos incorruptibles, Olympe de Gouges y pensadores de todas las épocas.
Hipatia dio un paso al frente y pronunció las palabras que sellarían su destino: ella misma descendería.
No lo hacía por obediencia ciega a los dioses ni por romanticismo salvador; lo hacía porque albergaba la convicción absoluta de que su mente matemática podría desentrañar el error y demostrar empíricamente su teoría.