El plano denso VIII
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VIII

Llegó el momento de la votación.

No se emitieron palabras ni votos burocráticos. Cada deidad depositó sobre el altar central un símbolo de su naturaleza y su poder:

Una pluma de verdad. Una espada de justicia rota. Una llama de iluminación. Una máscara de teatro. Una semilla de renovación.

El recuento se demoró en tensa expectativa. El resultado final se aprobó por un margen sumamente estrecho. La intervención estaba autorizada, pero el panteón quedaba peligrosamente fracturado ante lo que estaba por venir.