VI
Para apaciguar los ánimos y evitar que el cónclave degenerara en una guerra civil en el panteón, Hermes avanzó hacia el centro y propuso una vía intermedia.
—Ni castigo ciego ni tiranía divina —anunció el mensajero con voz persuasiva—. No vamos a destruir ni a esclavizar. Vamos a comprender primero. Enviaremos observadores, pensadores, maestros y ejemplos vivos al Plano Denso. No a imponer dogmas, sino a reactivar la pregunta.
La solución de Hermes, equilibrada y prudente, comenzó a sumar apoyos transversales entre los dioses cansados de los extremos de Aeterna.