El plano denso II
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II

El zapping cósmico continuó, girando a través de las capas concéntricas del Crisol. La lente divina enfocaba un centro comercial a las afueras de una ciudad sin nombre, donde el asfalto exhalaba un vaho grasiento bajo el sol de la tarde.

Una multitud respetuosa guardaba cola frente a una escalera mecánica que ahorraba subir diez peldaños. A escasos dos metros, una escalera de obra tradicional permanecía completamente desierta, limpia de pisadas.

—Han esperado tres minutos de reloj para evitar un esfuerzo de siete segundos —anotó Hermes.

Hipatia levantó la vista del papiro, analítica y distante.

—La conservación de la energía es un principio termodinámico legítimo —dijo con voz clara—. Pero la inercia voluntaria es una atrofia. Un error de cálculo en la gestión del propio cuerpo.

Un parpadeo de la Esfera mostró entonces, en medio del entramado de celdas, a un joven de unos treinta años con la camisa arrugada y los ojos rojos de fatiga.

Estaba encorvado en una cabina gris, respondiendo por décima hora consecutiva a reclamaciones absurdas de clientes anónimos en una plataforma de atención digital.

Hermes ladeó la cabeza.

—¿Y ese?

Hipatia apenas le dedicó una mirada de medio segundo antes de volver a su tablilla.

—Un operador anónimo. Una cifra irrelevante en la estadística del consumo. Pasemos a otra celda.

Hermes observó al muchacho un instante más, notando cómo se frotaba el puente de la nariz antes de teclear la siguiente respuesta automática, antes de que el flujo de la Esfera lo arrastrase.