El plano denso III
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III

La celda saltó a un restaurante de iluminación cálida. Cuatro jóvenes compartían una mesa alargada sobre la que reposaban platos de autor. Ninguno se miraba. Todos tenían los rostros iluminados por el resplandor cian de sus teléfonos, fotografiando la comida desde ángulos cenitales.

—Han venido a demostrar que comen, no a comer —sentenció Hipatia con severidad analítica—. Confunden el registro con la experiencia. Si la representación sustituye a la vivencia, el sujeto desaparece. Es un fallo lógico elemental.

Hermes la miró de reojo y soltó una sonrisa melancólica, introduciendo una pausa en la contundencia de la matemática.

—O tal vez, mi querida filósofa, intentan demostrar desesperadamente que estuvieron allí y que son felices porque temen que, si apagan la pantalla, nadie los esté esperando cuando vuelven a casa.

Hipatia se quedó con el estilo de metal en el aire, frunciendo levemente el ceño. La frase de Hermes había abierto una grieta en su ecuación que no supo cómo despejar.