Nocheoscura/4171, Transbordador 3
Las tazas y los cuencos traqueteaban. Los Grosnops vaciaban unos recipientes con forma de botella a través de sus pliegues gástricos con sonidos de sorbos.
La hora de la comida (que era cuatro veces al día) era siempre el momento más ruidoso en el transbordador.
Solo a Eva no le molestaba. Estaba profundamente dormida.
—¿Ya casi hemos llegado? —preguntó Adán.
¡Por fin! La pregunta del millón. Marchenko miró la pantalla. Abrió el menú de ajustes y modificó la hora.
—¿Qué estás haciendo?
—Estoy reiniciando el reloj de a bordo. A nuestra velocidad actual, perdemos veinticinco milisegundos al día debido a la dilatación del tiempo.
—¿A qué velocidad vamos, por cierto? —Adán se quedó mirando fijamente su pantalla y deslizó el dedo por ella.
Marchenko comprendió su confusión. Él también tenía la sensación de que estaban parados en el espacio.
—Unos 500 000 kilómetros por hora —respondió.
—Es una locura. No se nota para nada.
—En realidad vamos aún más rápido. ¿Quieres ver la previsión?
Marchenko se alegró de que Adán mostrara interés.
—No, déjalo. Voy a recuperar un poco de sueño.
Bueno, pues da igual entonces.
En ese mismo instante, una advertencia destelló en la mente de Marchenko. Solo él podía verla. Un mensaje urgente de la Omnisciencia.
«Echa un vistazo a las pantallas».
Marchenko obedeció la orden. Ambas pantallas no mostraban más que espacio vacío. Joder. Al parecer, se habían dado cuenta de que habían detectado el camuflaje. Él les había advertido de esto.
—Sí, Marchenko, tenías razón —dijo la Omnisciencia por el canal de radio, al que también estaban sintonizados Gronolf y Loknor (el capitán del otro transbordador).
Les había advertido que no bombardearan constantemente el planeta con ondas electromagnéticas en todas las frecuencias. Habían sabido dónde estaba desde el principio. Un planeta no podía cambiar así como así su órbita.
—Bueno, seguimos sabiendo dónde está —dijo Gronolf—. Así que podemos ceñirnos a nuestro plan.
—Pero ahora hay algo diferente —advirtió Marchenko—. Han reaccionado. Eso significa que sabemos que hay algo activo ahí abajo, esperándonos.
—Pero nos han visto venir desde que cruzamos la zona con las sondas invisibles.
—Es cierto. Pero ahora sabemos que se están preparando para nuestra llegada. Así que debemos esperar alguna trampa desagradable de la que aún no tenemos ni idea.
—Estoy de acuerdo con Marchenko —dijo la Omnisciencia—. Debemos actuar con extrema precaución una vez que hayamos atravesado el velo que rodea su planeta. Lo más probable es que nada sea lo que parece.