CAPÍTULO 33 #2
Mike tiró la mano al suelo, me sujetó por el torso y me levantó a la fuerza.
Me llevó hacia la pared. Yo agarré fuertemente su cuerpo con las piernas y él me penetró.
Me embistió una y otra vez, fuerte, bajo la mirada de Edgar.
Notaba aún rastros de su sangre en mi cuerpo.
Mike seguía apretando sus caderas contra mí, mi espalda sentía el frío de la pared y él continuaba, cada vez más rápido, más violento, más fuerte, hasta que lo sentí.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo y llegó el orgasmo más placentero de mi vida.
Noté cómo la polla de Mike se hinchó y su semen entró en mí.
Nos miramos y, con una sonrisa en la cara, le dije:
—Definitivamente somos unos psicópatas enfermos.
—Por eso somos la pareja perfecta —dijo él.
Con cuidado, me dejó en el suelo y nos medio vestimos bajo la mirada casi inerte de Edgar.
Mucho después, todavía respirando agitadamente, Mike se levanta y empieza a rebuscar entre unas cajas enormes de la nave.
—¿Qué haces?
—Limpieza general.
Saca varios bidones de gasolina y empieza a vaciarlos por el suelo tranquilamente.
Lo ayudo en silencio.
Empapamos todo. Las cajas. Las paredes. La silla de Edgar. El olor a gasolina empieza a marearme.
Edgar apenas puede moverse ya.
Mike se acerca a él por última vez.
—Bueno, colega. Creo que hasta aquí llegó tu suscripción a la vida.
Saca un mechero.
Me mira y sonríe.
—¿Preparada?
Asiento.
Prende el fuego.
Las llamas empiezan a extenderse rápidamente devorándolo todo. El calor golpea nuestras caras mientras salimos de la nave.
Nos quedamos observando el incendio desde fuera.
El cielo empieza a teñirse naranja otra vez.
Casi parece poético.
Mike me rodea con el brazo y me atrae hacia él.
—Y con esto... le decimos adiós a nuestro pasado.
Observo las llamas en silencio.
Y por primera vez en muchísimo tiempo... siento paz.
Mike saca el teléfono y llama a Dani.
—¿Sí?
—Asunto zanjado.
—¿De verdad? Milagro. Pensaba que ibas a coleccionarlo como mascota.
Mike se ríe.
—¿Qué haces esta noche?
—El casino está tranquilo. ¿Por?
Mike me mira.
Yo sonrío.
—Creo que tenemos algo que celebrar.
Dani se ríe al otro lado.
—Entonces venid al casino. Y trae a la psicópata romántica contigo.
—Invitaré a las chicas —digo yo acercándome al teléfono.
—Hostia, habla la novia del demonio.
Mike me besa la cabeza mientras sigo mirando las llamas consumirlo todo.
Y sinceramente... creo que nunca me había sentido tan libre.
CAPÍTULO EXTRA
Sabrina
Entramos al casino y automáticamente siento esa sensación rara en el pecho, como si hubiera vuelto al lugar donde mi vida cambió por completo.
Todo sigue igual de elegante y exagerado que la primera vez.
Las enormes lámparas brillando sobre las mesas de juego, las luces cálidas reflejándose en las copas, el sonido de las fichas chocando, las risas, la música jazz mezclada con electrónica suave...
incluso el olor. Ese olor a perfume caro, alcohol y dinero.
Pero esta vez es diferente. La primera vez entré aquí siendo una chica rota que necesitaba escapar de su vida aunque fuera por unas horas.
Ahora entro agarrada de la mano de Mike, sin miedo a mirar a nadie a los ojos. Y eso me hace sentir poderosa.
Mike lleva un traje negro impecable, con la camisa ligeramente abierta y, por supuesto, una rosa azul en el bolsillo. Ya ni pregunto de dónde saca tantas rosas. Creo sinceramente que si algún día lo entierran, crecerán rosas azules encima de la tumba.
—¿Por qué me miras así? —me pregunta mientras caminamos hacia la barra.
—Estoy pensando que das bastante miedo vestido elegante.
—¿Solo vestido elegante?
—No, pero así más. Pareces el villano millonario de una película.
Mike sonríe de lado y me atrae hacia él por la cintura.
—Y tú pareces un mar de problemas.
—Eso ya lo sabías cuando me conociste.
—Precisamente por eso me gustaste.
Me río mientras niego con la cabeza. Este hombre tiene la capacidad de decir las cosas más enfermizas del mundo y aun así hacer que me sonroje.
Poco a poco empiezan a llegar las chicas.
Marta aparece primero con un vestido rojo ajustadísimo y mirando alrededor como si estuviera buscando millonarios para divorciarse de ellos.
Luego llega Clara con un vestido negro elegante y cara de haber juzgado ya a media sala.
Aina aparece detrás con un vestido oscuro brillante y automáticamente noto cómo Dani deja de hablar a mitad de frase.
Ah.
Vale.
Interesante.
Porque Dani, el mafioso, el tipo peligroso que normalmente parece un tiburón humano, se acaba de quedar completamente embobado mirando a Aina.
Y Aina... madre mía Aina tampoco disimula absolutamente nada.
Mike lo nota también y se ríe bajito cerca de mi oído.
—Creo que alguien va a cometer errores esta noche.
—Van a follar fijo.
Mike se atraganta con la bebida riéndose.
—Peque, tienes cero filtro.
—Tú me has corrompido.
Dani intenta recuperar la compostura mientras Aina se acerca al grupo.
—Buenas noches, criminales.
—Hola preciosa —dice Dani demasiado rápido.
Todos lo miramos automáticamente.
Él carraspea.
—Quiero decir... hola.
Aina sonríe lentamente.
—Uy, Dani, ¿te has puesto nervioso?
—Yo nunca me pongo nervioso.
—Claro, por eso llevas cinco minutos mirándome las tetas.
Marta escupe parte de la copa riéndose.
—Hostia, empezamos fuerte.
Dani levanta las manos dramáticamente.
—No voy a negar ni confirmar nada sin mi abogado delante.
Aina se acerca más a él.
—Tranquilo, a mí también me gustan los chicos malos.
Mike y yo nos miramos automáticamente.
—Ya está —dice Mike—, hemos perdido a Dani.
—Ha caído como un soldado.
Dani nos enseña el dedo corazón mientras Aina se ríe a su lado.
Entonces aparece Javi.
Y madre mía.
Va vestido completamente de negro, camisa ajustada marcándole todos los tatuajes del cuello y media sala femenina se gira a mirarlo. Él entra saludando como si estuviera en una alfombra roja.
—¿Qué pasa, familia disfuncional?
—Mira quién llegó —dice Marta—, el Ken tatuado.
Javi hace una reverencia exagerada.
—Siempre espectacular, nunca humilde.
Nada más ver a Clara automáticamente cambia la sonrisa. Ah no. Ahí va otra vez.
—Clara, estás guapísima esta noche.
Clara ni siquiera levanta mucho la vista de la copa.
—Gracias.
—¿Gracias solo? Qué fría eres.
—Es que no quiero darte falsas esperanzas.
Mike empieza a reírse directamente.
Javi se lleva la mano al pecho dramáticamente.
—Eso ha dolido.
—Pues imagínate a mí escuchándote ligar.
Marta se ríe fuerte.