Capítulo 29
Mike
Llego a casa reventado pero tranquilo, ha sido un día largo con Dani, trabajo sucio, números, favores que luego se cobran, lo de siempre, pero dentro de todo estoy calmado porque sé dónde está Sabrina, la he tenido localizada todo el día, playa con las amigas, risas, sol...
Por una vez estaba bien y eso me baja el pulso, dejo la mochila en el suelo, me siento en la silla frente al ordenador, enciendo las pantallas, ese brillo azul que ya es casi parte de mí, cojo el móvil por pura costumbre para ver su ubicación, asegurarme de que ya está en casa, todo en orden...
Entonces entra el mensaje, no es para mí, es de Sabrina para Javi
“ hola cabrón, me echabas de menos? tengo a Sabrina encerrada en el baño y yo pensando qué voy a hacerle primero, si follármela o matarla, qué debería hacer?”
El mundo se rompe en ese instante, no hay pensamiento, no hay proceso, solo un golpe seco en el pecho que se convierte en fuego, en rabia, en algo oscuro que llevaba demasiado tiempo contenido, Edgar... y además cree que yo soy Javi, perfecto, perfecto para que todo esto termine hoy.
Me levanto de golpe tirando la silla hacia atrás, abro el armario, cojo la mochila, la máscara, me pongo las botas militares sin ni siquiera sentarme, el puño americano en la mano como si fuera una extensión natural de mi cuerpo, salgo de casa sin cerrar bien la puerta siquiera, bajo las escaleras de dos en dos, arranco la moto y acelero antes incluso de colocarme bien el casco, el motor ruge y salgo disparado, no veo coches, no veo normas, no veo nada, solo una dirección, solo una imagen en mi cabeza...
ella en el suelo, él encima, no... no esta vez, esta vez no, aprieto más el acelerador.
El viento me golpea la cara, los coches pasan como sombras, me da igual todo, si hoy me mato será llevándomelo por delante, pero no voy a llegar tarde.
Y entonces lo veo, un coche negro, elegante, adelantando a todo el mundo como si también estuviera huyendo del infierno, acelero aún más y me pongo paralelo, giramos la cabeza al mismo tiempo, Javi...
claro, claro que eres tú, ahora todo encaja y no encaja a la vez, cómo cojones sabes dónde vive, no importa, ahora no, acelero y le adelanto, no voy a permitir que nadie llegue antes que yo, no voy a permitir cabos sueltos, no hoy, no con ella así.
Llego al camino de entrada como un animal, freno en seco levantando polvo, el motor aún rugiendo mientras pienso a toda velocidad, Edgar no sabe quién soy...
Javi ya está sin quererlo ni beberlo en el ajo...
sonrío, se me ocurre una idea, una de esas que salen cuando la sangre hierve y la cabeza funciona mejor que nunca, apago la moto y espero, Javi tarda solo unos segundos en aparcer, frena, baja del coche con prisa, le paro con el brazo.
—¿Qué coño haces aquí?, ¿cómo sabes que Sabrina vive aquí?
—No es momento para explicaciones Mike, luego te lo cuento, ahora tenemos que entrar.
—Justo por eso, escucha... tengo un plan.
Le explico rápido, directo, sin rodeos, él asiente, entiende, no es idiota, se nota que ha estado en estas mierdas antes.
Javi entra por la puerta principal, hace ruido, llama la atención, yo rodeo por el bosque, me pongo la máscara mientras corro, la respiración se vuelve más pesada, más incontrolada, más fría, atravieso la maleza sin hacer ruido, llego a la parte trasera, me asomo a la pequeña ventana del baño y la veo...
en el suelo, encogida, sangrando, rota...
algo dentro de mí se rompe del todo, la mandíbula se me tensa hasta doler, la rabia sube como una ola negra
—Sabrina... ya estoy aquí peque...
Ella levanta la cabeza con miedo, sus ojos buscan, me encuentran
—Luke y Lucky están fuera... por favor... que no les pase nada...
—Tranquila, primero tú, luego todo lo demás, los problemas de uno en uno, además, tengo un plan.
Bajo de la repisa y los perros aparecen de la nada, rodeándome en silencio, buenos chicos, entienden más que muchos humanos.
—Cógelos contigo.
—No... Edgar los matará si los ve...
—No lo hará, confía en mí, además ellos te necesitan.
Se los paso uno a uno, se pegan a ella, tiemblan, ella los abraza, ese momento... ese puto momento se me queda clavado, vuelvo a la ventana, escucho la voz de Edgar y la de Javi
—Así que tú eres el loco del sobre...
—Soy amigo de Sabrina, no hace falta montar este show...
Javi sabe hablar, sabe ganar tiempo, mientras tanto entro por la ventana, cada paso calculado, cada respiración medida, Javi le provoca, le atrae hacia él, me abre camino, pero entonces Edgar saca una pistola y todo se vuelve aún más serio.
—Me vas a dar otro sobre, con el triple, o te vuelo la cabeza.
Javi levanta las manos, juega bien.
—Vale, pero no tengo el dinero aquí...
—Una hora... o muere la puta que tengo en el baño.
No aguanto más, verla así ha soltado algo dentro de mí que no vuelve a encerrarse jamás, como una bestia me lanzo con el puño americano directo al brazo, el crujido es seco, la pistola dispara pero hacia un lado.
—Por los pelos ufff —dice Javi
Edgar grita, el brazo casi colgando, le he roto el hueso de cuajo. Javi aprovecha y le mete una patada en la cara que lo manda al suelo, ese chico... sabe lo que hace, no es postureo, cojo a Edgar del cuello, lo levanto
—Se acabó... de esta no sales vivo. Se acabaron las oportunidades.
—Esa zorra me ha apuñalado... necesito un médico...
—Sí, claro... ahora te llevo.
Le suelto un golpe en la boca, los dientes saltan, cae inconsciente como un saco, Javi se acerca lentamente, le da un golpecito con el pie, se agacha y lo carga en su hombro.
—Lo llevo al coche, tú ve con ella.
Voy al baño, golpeo la puerta suave...
—Sabrina, abre... ya estáis a salvo...
Tarda pero abre, encorvada, rota, sangrando, verla así... me mata el alma.
—Lo siento... por permitir esto...
La abrazo con cuidado, la levanto, la llevo al sofá, le subo la camiseta despacio, veo los golpes, la sangre, los morados, cada marca es una promesa de lo que le voy a hacer a ese hijo de puta, ella levanta la mano, intenta quitarme la máscara, la paro un segundo... y decido quitármela yo.
Nuestros ojos se cruzan, me reconoce y sonríe como puede, suelta un quejido de dolor.
—Reconozco esa mirada...
Sonrío yo también.
—Soy Mike.
—Encantada... ¿y mi rosa azul de hoy? Creo que me la he ganado.
—Tranquila... te vas a cansar de rosas.
—¿Y por qué azules?
—ya sabes por qué... tus amigas son demasiado listas.
Ella sonrie.
Entra Javi.
—Tortolitos... ¿que hacemos con el paquete del maletero?
—Yo me encargo, tú quédate con ella.
—¿La llevo al hospital?—dice Javi preocupado.
—No... demasiadas preguntas, llamaré a un médico que venga.
—Te acompaño a mi coche, necesitarás las llaves.
Salgo con Javi y entrecierro la puerta.
—¿Ahora me explicas quién cojones eres?—le digo a Javi con el ceño fruncido.
—Tu madre me contrató... para vigilarte.— dice algo avergonzado.
Me quedo quieto un segundo, eso no me lo esperaba.
—Y sabes hackear...
—Lo suficiente para meterme en tu sistema.
Resoplo, otro error de novato.
—Aléjate de Sabrina.— no puedo evitar decirselo en tono serio.
—Tranquilo... no le quito novias a amigos.
Nos reímos, tensión liberada por un segundo, me da las llaves, me llevo a Edgar, hago la llamada a Dani.
—¿Qué pasa Mike, qué has liado ahora? —la voz de Dani suena por el manos libres mientras el motor ruge y el coche vibra sobre el asfalto.
—Necesito un médico, ya —respondo sin rodeos, adelantando a un coche sin ni mirar— te paso la dirección en un segundo.
—¿Un médico? ¿Pero qué cojones has hecho? —se ríe un poco— ¿a quién has roto esta vez?
—Yo no, Dani... —aprieto la mandíbula— nuestro amigo el problemático... ha vuelto... y ha apaleado a su ex.
—¿Cómo? —su tono cambia al instante, más serio— ¿estás de coña?
—Ojalá —miro por el retrovisor un segundo, el maletero se mueve levemente— está inconsciente detrás, pero no sé cuánto va a durar así, y ella está hecha mierda.
—Vale vale... —se oye cómo se mueve, como si ya estuviera de pie— dame la dirección.
—Te la mando ahora —toco la pantalla rápido sin apartar demasiado la vista de la carretera— mándame a alguien de confianza, nada de hospitales, nada de preguntas.
—Sí, sí, ya sé cómo funciona esto —responde— tengo a uno perfecto, discreto, caro... pero perfecto.
—El dinero no es problema.
—Ya lo sé, campeón, esta vez corre de mi cuenta —se ríe— si no, no me llamarías a estas horas.
—Dani... —mi voz baja y rota— está muy mal.
—Tranquilo —dice más calmado— lo tengo, en veinte minutos tienes al médico allí... ¿quieres que vaya yo también?
Miro otra vez por el retrovisor, el maletero golpea ligeramente, una especie de quejido apagado sale desde dentro
—No... —sonrío levemente— esto lo voy a gestionar yo.
—... Vale... —se queda un segundo en silencio— ¿y el paquete?
—Respira... de momento.
—Pues aprovecha —dice con tono más oscuro— porque cuando deje de hacerlo, todo será más fácil.
—No, no... —niego— esta vez no va a ser rápido.
—Ya estamos... —suspira— te gusta jugar demasiado...
—Necesito tiempo —respondo, serio— ha ido todo muy rápido... no he podido disfrutarlo.
Dani suelta una pequeña risa
—Estás enfermo, lo sabes ¿no?
—Lo justo
—Bueno, pues cuando te canses avisa... tengo a los chicos con ganas de desfogarse
—De hecho... —miro hacia delante, la carretera se abre— igual puedes prepararles un saco nuevo.
—JAJAJAJAJA —se ríe fuerte— eso sí me gusta, joder.
—Primero el médico.
—Primero el médico —repite— ya está en camino, le acabo de pasar la ubicación... Mike...
—¿sí?
—No la cagues.
—Esta vez no.
—Más te vale... luego hablamos.
Cuelgo, el coche sigue haciendo kilómetros mientras detrás, en el maletero, algo golpea débilmente... y sonrío.
La carretera se va perdiendo entre naves viejas y maleza, de esas zonas industriales que murieron hace años y que nadie se molesta en limpiar, farolas apagadas, carteles oxidados, cristales rotos...