CAPÍTULO 28
Sabrina
Llegamos a casa ya de noche, el coche se detiene en el camino de entrada y por un segundo me quedo sentada sin moverme, con esa sensación rara de paz después de un día perfecto mezclada con un cansancio que me pesa en todo el cuerpo, las chicas empiezan a despedirse.
—Mañana más ¿eh?
—Plan playa otra vez confirmado.
—Esta vez sin resaca por favor.
—Eso no prometo nada.
Me río flojito, abro la puerta y bajo del coche, el aire de la noche está fresco, huele a bosque, a humedad, a calma...
Esa calma que dura exactamente segundos porque en cuanto miro hacia la casa noto algo raro, la luz está encendida, me quedo mirando unos segundos, frunzo el ceño, no recuerdo haber dejado nada encendido, pero pienso “ alguna la habrá dejado sin querer”, tampoco le doy demasiadas vueltas, los perros salen corriendo hacia la puerta como siempre pero esta vez no es igual, Lucky va normal, feliz, pero Luke se queda un poco más atrás, rígido, alerta, empieza a gruñir bajito, ese gruñido que conozco y que no me gusta nada.
—Eh... ¿qué te pasa?
Intento sonar tranquila pero algo dentro de mí ya se ha encendido, ese instinto que te dice que algo no va bien, cojo la llave, abro la puerta, obligo a Luke a entrar casi tirando de él porque no quiere, entra a regañadientes, cierro la puerta detrás de mí y el silencio dentro de la casa es raro, pesado, no es el silencio normal, es ese silencio que parece que te observa, camino hacia la cocina dejando las cosas en la encimera, el sonido de la bolsa al caer resuena demasiado, me giro un segundo hacia el pasillo...
y entonces escucho un ruido, seco, leve, pero suficiente.
Me giro de golpe y ahí está.
—Hola zorra... ¿me echabas de menos?
El corazón se me para, literalmente siento como si todo se congelara, el aire no me entra bien, doy un paso atrás sin darme cuenta.
—Edgar... vete... déjame en paz...
Su cara está diferente, más sucia, más desquiciada, los ojos rojos, la sonrisa torcida.
—¿Que me vaya? —se ríe— ¿y dejarte aquí jugando a las casitas con tu amiguito? ¿con ese loco?
Trago saliva, intento mantenerme en pie, no mostrar el miedo aunque lo siento en cada parte de mi cuerpo.
—No quiero problemas, Edgar... vete...
—¿O qué? —se acerca despacio— ¿vendrá otra vez el loco a salvarte? —Se ríe más fuerte— esta vez estoy preparado... esta vez lo voy a matar.
Da un paso más y noto cómo mi cuerpo quiere retroceder pero ya no tengo espacio.
—Eres mía —dice más bajo, más frío— y de nadie más.
Todo pasa muy rápido, apenas me da tiempo a reaccionar cuando se lanza hacia mí y me suelta un puñetazo en la cara, completamente descolocada, veo luces, el sonido se apaga un segundo, caigo de lado y antes de poder reaccionar ya me tiene agarrada del pelo, tirando de mí hacia el suelo.
—¿Creías que ibas a escaparte?
Me arrastra, me golpea, noto las patadas en el cuerpo, en las costillas, el aire se me escapa, intento protegerme como puedo, intento arrastrarme hacia la encimera, las manos me tiemblan, me levanto como puedo apoyándome, todo me duele, la cabeza me da vueltas, la vista borrosa...
Él se acerca despacio, disfrutándolo, lo veo venir, lo siento venir.
Con disimulo paso la mano por la encimera, noto el frío del cuchillo, lo agarro sin que lo vea, lo escondo detrás de mi espalda, el corazón me late tan fuerte que siento que lo va a escuchar.
—Mírate... das pena.
Se acerca más, un paso más.
Y cuando lo tengo lo suficientemente cerca, sin pensar, sin procesarlo, simplemente reacciono, Saco el cuchillo y se lo clavo en el costado.
—AAAAAAH HIJA DE PUTA —grita, echándose hacia atrás— ¿QUÉ HAS HECHO?
Me quedo un segundo congelada, el cuchillo aún clavado en su costado, viendo la sangre, su cara deformada por el dolor
—Te voy a matar... —dice entre dientes, con una rabia que da miedo.
No pienso, solo corro, salgo disparada hacia el baño de abajo, los perros detrás de mí, cierro la puerta de golpe y echo el pestillo con las manos temblando, me apoyo contra la puerta intentando respirar.
—Vamos... vamos...
Mientras miro alrededor buscando una salida, la ventana, pequeña, demasiado pequeña para mí, pero suficiente para ellos, me pongo de puntillas, abro la ventana como puedo.
Me agacho y cojo a Lucky en brazos acercándolo a la ventana.
—Venga chicos, fuera.
Lucky sale sin pensarlo, Luke duda un segundo, me mira, ese momento se me clava en el pecho
—Vete... por favor...
Salta también, desaparecen en la oscuridad del bosque y por un segundo siento alivio, al menos ellos están a salvo.
Entonces escucho pasos fuera, cosas moviéndose, cajones abriéndose, objetos cayendo.
—Vamos a ver... —dice su voz desde fuera— dónde está tu amiguito...
Escucho mi móvil, el sonido al cogerlo, al desbloquearlo, mis manos empiezan a temblar más.
—Vamos a enviarle un mensajito... a ver si viene a salvarte otra vez...
Teclas, el sonido de sus dedos, cada pulsación me atraviesa, miro la puerta, frágil, sé que si quiere la tira abajo.
—Vamos putilla... sal... —golpea la puerta— vamos a esperar a tu amiguito juntos...
Me dejo caer al suelo, abrazándome las rodillas, intentando hacerme pequeña, invisible, el dolor me atraviesa el cuerpo, noto algo caliente bajando por mi cara, por mi pecho, sangre, no sé de dónde exactamente, me duele todo, respirar duele, pensar duele.
La cabeza me da vueltas, el corazón no baja, el miedo me paraliza y por primera vez en mucho tiempo... siento que no hay salida.
Tengo mucho miedo.