CAPÍTULO 27
Sabrina
Me despierto con la cabeza a punto de estallar, como si alguien estuviera dando martillazos dentro de mi cráneo, abro un ojo, luego el otro, todo da vueltas un poco y hago el típico gesto de arrepentimiento máximo de “ no vuelvo a beber en mi vida” aunque sé que es mentira, me levanto arrastrándome hasta la cocina, me preparo un café cargado, me tomo unas pastillas para la resaca y me quedo apoyada en la encimera en silencio mirando a la nada, cojo el móvil y veo el grupo echando humo
—Buenos días borrachas.
—¿Quien sigue viva?
—Yo estoy divina.
—Mentirosa.
—Sabrina seguro que está muerta.
—Confirmo, no responde = R.I.P.
—Chicas en nada nos vemos, hoy toca playaaaa.
Escribo con cara de zombie.
—Tengo una resaca que me quiero morir.
—JAJAJAJA.
—Te jodes.
—Eso te pasa por beberte hasta el agua de los floreros.
—La playa te va a curar, ya verás.
—Resaca + mar = medicina.
—Y si no, más vino.
Resoplo pero sonrío un poco, dejo el móvil y me pongo en modo automático, cojo una bolsa grande y empiezo a meter cosas sin pensar mucho, toalla, crema solar, bebedero de los perros, sus collares, comida, mientras pongo agua a hervir para hacer pasta y llevar una ensalada, abro la nevera con los ojos medio cerrados por la luz, saco embutidos y empiezo a hacer mini bocadillos en silencio absoluto, solo se escucha el agua hirviendo y los cuchillos contra la tabla, los perros me miran sentados como si estuvieran evaluando mis decisiones en la vida, Lucky mueve la cola sin entender nada y Luke me clava una mirada de juicio nivel dios supremo tipo “ te lo mereces por ir de lista anoche”, le miro y le digo “ no me mires así que tú también te beberías una botella de vino si pudieras” y el aparta la mirada como indignado.
Termino de preparar todo, dejo la bolsa lista y me tiro en el sofá, cierro los ojos un momento, solo un momento...
a ver si se me pasa este dolor de cabeza aunque sea un poco, empiezo a quedarme medio dormida cuando de repente Diiiiiiinnnggg, abro los ojos de golpe y me levanto como puedo, voy a la puerta y ahí están ellas con una energía que me parece ilegal.
—VENGAAAA Sabrina.
—Que estás medio muerta o qué.
—Abre que nos metemos.
Me río medio dormida, las dejo pasar y en nada están cogiendo cosas como si fuera su casa, cargamos todo en el coche, subimos a los perros y empezamos a reírnos solo de ver a Luke con su cara de mala leche constante.
—Mira la cara que lleva.
—Parece que va a morder a alguien en cualquier momento.
—Cuando lo metamos en el agua va a parecer un tiburón.
—Luke shark.
Lucky ya va con la cabeza fuera de la ventanilla disfrutando la vida como si no hubiera un mañana, el viento le mueve el pelo y parece el perro más feliz del mundo, mientras conducimos el camino hacia la costa es precioso, el sol empieza a calentar pero todavía hay esa brisa fresca, los árboles pasan rápidos por los lados, música puesta de Britney Spears a tope, cantamos fatal, nos equivocamos en las letras, nos da igual, el olor a mar empieza a notarse poco a poco y eso ya me va quitando un poco la resaca, llegamos a la playa y vamos directamente a nuestro rincón, al lado de las rocas, donde casi no hay gente, ese sitio que parece nuestro, dejamos todo en la arena, extendemos toallas, clavamos la sombrilla, montamos un mini chiringuito improvisado y soltamos a los perros, salen corriendo como locos, Lucky directo a investigar todo, Luke da dos pasos, pisa la arena y se queda quieto como si le hubieran traicionado.
—JAJAJAJAJA.
—No le gusta la arena.
—Mira mira cómo la mira.
—La está juzgando.
Luke empieza a gruñirle enseñando los dientes a la arena como si fuera un enemigo real y nosotras llorando de la risa, mientras nos ponemos crema aparece un tío intentando acercarse con la típica sonrisa de pesado de playa y Luke automáticamente se pone en modo guardaespaldas, le mira fijo y le suelta un gruñido que el chico se queda tieso.
—HOSTIA.
—Luke protector.
—Luke el espanta babosos oficial.
El chico se va disimulando y nosotras aplaudiendo a Luke.
—Gracias por tu servicio.
—Te mereces un premio.
Sacamos la comida, las ensaladas, los bocadillos, bebidas, refrescos, vino, cervezas, empezamos a comer, a picar, a reír, todo sabe mejor ahí, con el mar delante, el sonido de las olas, el sol calentando la piel, Aina empieza a hablar de lo bien que me ve últimamente.
—Tía es que se te ve otra cara.
—Ya no estás apagada.
—Desde que el imbécil ese desapareció...
Marta asiente.
—No era trigo limpio, lo sabíamos todas.
Aina añade:
—Yo lo había visto saliendo de sitios raros, clubs chungos, ese tío no estaba bien.
Me quedo callada un segundo, noto cómo se me llenan los ojos de lágrimas sin querer, todo lo que he pasado, todo lo que he aguantado, y ahora... esta paz, me echo a llorar y ellas automáticamente vienen a abrazarme.
—Eh eh eh.
—Ya está.
—Se acabó eso.
—Ahora estás con nosotras, y con ellos.
Señala a los perros.
Me agarro a ellas fuerte, respiro, y por primera vez en mucho tiempo siento que puedo soltar todo sin miedo, sin tensión, solo... estar, después del momento bonito nos levantamos.
—VENGA AL AGUA.
Corremos hacia el mar, el agua fría me da un shock que me revive de golpe.
—HOSTIAS.
—Está congelada.
—Calla y métete.
Lucky se lanza sin pensarlo y empieza a nadar con nosotras feliz de la vida, Clara lo coge en brazos riéndose mientras Aina intenta meter a Luke.
—Venga Luke.
—No pasa nada.
Luke se resiste pero al final acaba dentro medio indignado, todas riendo, vemos pececitos, jugamos, salpicamos agua...
—Como venga un tiburón...
—Luke se lo come seguro.
—Literal.
Poco a poco el sol empieza a bajar, salimos del agua, volvemos a la orilla, la luz es más suave, más bonita, sacamos lo que queda de comida y bebida, cenamos tranquilas en la toalla, hablando de tonterías, de planes, de la vida, de la playa, de repetir esto mil veces, el sonido del mar de fondo, ese momento perfecto que no quieres que se acabe, hasta que al final recogemos todo con pereza.
—No me quiero ir.
—Yo me quedaba a vivir aquí.
Volvemos al coche, los perros agotados, Lucky se queda dormido al instante, Luke mira por la ventana más tranquilo que nunca, arrancamos y volvemos a casa con esa sensación de día perfecto, de esos que te curan por dentro sin darte cuenta.