CAPÍTULO 26 #2
Me penetra fuertemente, coge el extremo de mi collar y lo aprieta, me asfixia, mientras el sigue cada vez más rápido, más fuerte, una y otra vez me embiste sin piedad, afloja la cadena del collar, me mira y vuelve a apretar mientras me embiste violentamente, mi cuerpo no puede más, voy a correrme en segundos, el lo nota y para, dirige su boca hacia mi sexo y me lame, con mucha fuerza hasta que me corro.
Lame mis fluidos sorbiendo como si fuera el mejor manjar del mundo.
Vuelve a coger el extremo de la cadena y tira con fuerza, levanto la cabeza y como si de una muñeca se tratara me gira, me da un cachete en el culo y levanta mi cadera hacia arriba, se lo que va a pasar, pero no quiero evitarlo, escucho un lamido, se chupa los dedos e introduce algunos en mi culo, se siente raro, pero no duele.
Introduce más dedos, preparando mi cuerpo para lo que va a pasar, introduce su polla, me embiste, no puedo evitar soltar quejidos junto a gemidos, una mezcla intensa de ambos.
Escucho su respiración cada vez más fuerte a traves de la máscara, sigue una y otra vez embistiendo con pausa pero intenso, hasta que noto que su miembro se hincha y se corre dentro de mi culo.
Siento su cuerpo estremecerse y ponerse tenso, un gemido se escucha a traves de la máscara.
Mi guardian se separa de la cama y yo me quedo ahí, completamente inmóvil, como si mi cuerpo no quisiera volver todavía a la realidad, lo escucho moverse por la habitación, ese silencio suyo que pesa más que cualquier ruido, y entonces vuelve, noto sus manos cerca de mis muñecas y el pequeño clic de las esposas al abrirse, me libera con cuidado, demasiado cuidado para todo lo que ha pasado, y eso me descoloca aún más, porque no encaja, nada de esto encaja pero aun así... se siente bien, demasiado bien
Mis brazos caen a los lados, sigo mirando al techo, respirando despacio, intentando calmar ese caos que tengo dentro mientras él se levanta como si nada, como si esto fuera rutina, se viste sin prisa, recoge lo justo y se va al baño, escucho el agua correr y cierro los ojos un segundo, sintiendo todavía su presencia en mi piel, en mi cabeza, en todo, cuando vuelve se acerca a la cama y aunque no lo mire sé que me está observando
—Recuerda que eres mia y yo soy tuyo peque... y estare siempre contigo
No me da tiempo ni a reaccionar, ni a contestar, ni siquiera a procesarlo cuando se escucha el portazo y todo se queda en silencio, un silencio extraño, vacío, como si la habitación se hubiera quedado demasiado grande de golpe.
Me quedo unos segundos más sin moverme, intentando entender qué acaba de pasar, siento el cuerpo pesado pero satisfecho, una calma rara mezclada con un nudo en el pecho que no sé explicar, ha sido...
increíble, no hay otra palabra, nada que ver con lo que he vivido antes, nada que ver con el miedo, con el rechazo, con el dolor de verdad, esto ha sido distinto...
y eso es lo que más me asusta, porque no debería sentirlo así, no debería querer repetirlo, no debería... pero quiero.
Bajo la mirada lentamente y lo veo, la marca, la M en mi vientre, fina pero Clara, y me recorre un escalofrío, mezcla de todo, de miedo, de rabia, de algo oscuro que no quiero ni nombrar, este tío está loco... completamente loco... ¿pero por qué no quiero que desaparezca?
Me levanto despacio, las piernas aún algo inestables, y voy hacia el baño, enciendo la luz y me acerco a la pica, y ahí está todo, como si lo hubiera dejado preparado antes incluso de que yo lo necesitara, una rosa azul perfectamente colocada, gasas, desinfectante...
y una caja negra, elegante, pequeña, la miro unos segundos antes de tocarla, como si supiera que abrirla va a significar algo más, la abro y dentro hay un collar, nada que ver con el anterior, este es más sencillo, más...
bonito, una cadena fina con una lágrima azul que refleja la luz de una forma hipnótica, lo cojo entre los dedos y no puedo evitar sonreír un poco.
De verdad... ¿quién eres? un loco, un enfermo... o alguien que me está cuidando a su manera retorcida... porque esto no es normal, pero tampoco lo es cómo me hace sentir.
Me miro en el espejo, con el collar en la mano, con la marca en el vientre, con esa mezcla de emociones que no consigo separar, debería tener miedo, debería querer salir corriendo, denunciarlo, esconderme...
pero no lo hago, no quiero hacerlo, y eso es lo que más me rompe los esquemas, dejo el collar un momento y abro el grifo, me meto en la ducha y el agua caliente empieza a caer desde la alcachofa recorriéndome el cuerpo, cierro los ojos, dejo que el agua se lleve un poco el ruido de mi cabeza, aunque no lo consigue del todo, me limpio con cuidado, evitando la herida, que escuece ligeramente y me recuerda que todo esto ha sido real.
Salgo, me seco despacio, cojo las gasas y me curo la marca con más delicadeza de la que esperaba tener conmigo misma, casi como si no quisiera borrarla del todo, como si fuera un recordatorio...
suyo, vuelvo a la habitación, cojo el libro por inercia y me meto en la cama, los perros se acomodan conmigo como siempre, como si nada hubiera pasado, como si todo siguiera igual... pero no, nada está igual.
Abro el libro pero no leo, me quedo mirando las páginas sin verlas, pensando en él, en mi guardian, en su voz, en sus manos, en la forma en la que aparece y desaparece sin dejar opción a nada, suspiro, cierro los ojos un momento y sin darme cuenta sonrío un poco.
Estás loco... pero no sé si quiero que dejes de estar en mi vida.