CAPÍTULO 26
Sabrina
Estoy tirada en el sofá con el móvil en la mano cuando el grupo empieza a arder otra vez, típico, en cuanto alguien dice fiesta ya no hay vuelta atrás.
Aina: “ Esta noche salimos sí o sí.”
Marta: “ Confirmo, necesito descontrol.”
Clara: “¿Quedamos antes para cenar?”
Sabrina: “ Sí por favor, que luego pasa lo que pasa... ”
Aina: “¿Dónde?”
Marta: “¿Sushi?”
Clara: “ Uy, sushi dice... ”
Aina: “ Sabéis que las ostras y algunos pescados son afrodisiacos, ¿no?”
Marta: “ MEJOR, a ver si esta noche alguna moja”
Clara: “ Sabrina si trae al modelo lo tiene hecho.”
Aina: “ Literal.”
Me quedo mirando la pantalla unos segundos, dudando, Javi... me apetece, claro que me apetece, pero algo dentro me dice que no, que no es buena idea mezclar todo eso, así que escribo.
Sabrina: “ Mejor noche de chicas.”
Silencio un segundo...
Marta: “ Uy uy uy... ”
Aina: “ Esto huele a lío oculto.”
Clara: “ Algo nos esconde.”
Sabrina: “ Pesadas.”
Aina: “ Vale, noche de chicas entonces... pero si ligas no te quejes.”
Marta: “ Ni compartas”
Suelto una risa y dejo el móvil en la mesa justo cuando me giro y veo a Lucky con medio cojín en la boca, completamente destrozado, relleno por el suelo como si hubiera nevado espuma, y Luke mirándolo desde la distancia con esa cara de “ yo no he sido pero sabía que iba a pasar”.
—Pero ¿qué has hecho? —digo acercándome.
Lucky me mira con la boca llena y mueve la cola como si nada.
—De verdad... sois dos gremlins —añado mientras recojo el desastre y Luke suelta un pequeño gruñido como aprobando la situación.
Dejo todo más o menos decente y pongo música a tope, necesito activarme, me meto en la ducha y el agua caliente me cae por el cuerpo, cierro los ojos y sin querer mi mente se va a él, a esa sensación de estar observada, de no estar nunca sola del todo, y eso...
en vez de incomodarme, me pone la piel de gallina de otra forma, una mezcla rara entre nervios y algo más oscuro, más profundo.
Mi mente divaga, imagina, el... mi guardian observandome, mientras me ducho, mientras acaricio mi cuerpo, no puedo evitar excitarme.
Acaricio mis pechos lentamente, pellizco mis pezones imaginando esos mordiscos que el me da, cuando me castiga, el equilibrio entre dolor y placer, mis manos bajan hacia mi sexo, lo acaricio suavemente, pero hoy me apetece algo diferente, imagino a mi guardian conmigo, desenrosco el mango del cabezal de la ducha, y el chorro de agua empieza a salir a presión, con mucha presión.
Lo dirijo hacia mi coño, y no puedo evitar sentir placer de inmediato, mis piernas se tambalean, no puedo aguantarme de pie, asi que me dejo caer de rodillas en el plato de ducha, el chorro sigue en su punto, en el punto perfecto para correrme en segundos, es lo que quiero, regalarle un buen espectaculo en mi mente a mi guardian si me está observando.
Arqueo la espalda, no puedo evitar soltar gemidos ahogados, abro más la llave del agua y el chorro sale con aun más presión, caliente, directo a mi clítoris, el orgasmo es inminente, no lo aguanto más y llega, un escalofrio me recorre el cuerpo, necesito unos minutos para recomponerme.
Salgo de la ducha con la cabeza un poco nublada, me arreglo más rápido de lo normal, esta vez algo más sencillo pero que me haga sentir bien, vestido negro, corto, sencillo pero que marca lo justo, labios rojos, sombra oscura, dejo el pelo suelto, me miro un segundo al espejo... y no estoy mal, la verdad.
El móvil vibra.
Desconocido: “ Ponte el collar esta noche. Para que todos sepan que eres mía.”
Se me corta la respiración un segundo.
Miro alrededor automáticamente, la casa en silencio, los perros tranquilos, nadie...
—¿En serio?...
No veo a nadie, pero la sensación está ahí, así que sin pensarlo demasiado cojo el collar y me lo pongo, ese frío del metal en el cuello, ese pequeño peso...
y bajo las escaleras, cojo el bolso y salgo, prefiero ir andando, aunque con los tacones no es la mejor idea, pero así luego no me la juego con el coche.
Llego al restaurante y ellas ya están ahí, como siempre, riéndose de algo antes incluso de que llegue.
—¡Mírala! —dice Marta.
—Madre mía... —añade Aina— hoy vienes destroyer.
—Labios rojos, ojos negros... —dice Clara— ¿y ese escote?
Me siento riéndome.
—Exageradas.
—Y el collar —dice Aina mirándolo— eso no es casualidad.
—Calla —le digo dándole un pequeño golpe en el brazo.
—Esta noche alguien cae —dice Marta levantando la copa.
—Brindemos por eso —añade Clara.
Entre risas empezamos a hablar de mil cosas, planes, tonterías, y de repente alguien suelta lo de la playa.
—Mañana deberíamos ir a la playa —dice Aina— rollo picnic, neverita, desconectar.
—Sí por favor —responde Marta— yo llevo la bebida.
—Eso da miedo —dice Clara.
—Yo llevo comida —añado— pero algo normal, no como lo de la última vez.
—Oye que aquello estaba bueno —protesta Marta.
—Eso era un experimento —respondo riendo.
Nos traen la comida pero el camarero no para, es muy pesado, sonrisa falsa, comentarios incómodos.
—¿Y luego dónde vais? —pregunta apoyándose demasiado cerca.
—Por ahí —responde Clara seca.
—Con lo guapas que sois... os invitaría a una copa.
Nos miramos entre nosotras.
—No hace falta —dice Aina.
El tipo sigue insistiendo, pesado, incómodo, hasta que decidimos acabar rápido, a penas terminamos unos simples entrantes.
—Vámonos —dice Marta— me está poniendo de los nervios.
Pagamos, salimos y el aire de la calle se siente como libertad.
La discoteca está llena, luces que cambian constantemente, música que te atraviesa el pecho, gente por todas partes, mucho calor, olor a alcohol y perfume mezclado, vamos directas a la barra.
—Chupitos —dice Aina.
—Mal empezamos —respondo.
Brindamos.
—Por esta noche.
Otro.
—Por la playa.
Otro.
—Por nosotras.
Luego cócteles, colores, hielo, azúcar... y todo empieza a subir demasiado rápido, noto el cuerpo más ligero, la cabeza más lenta, empiezo a bailar, a reír, a perderme un poco en la música, y en medio de la gente... unos ojos azules, fijos en mí.
Parpadeo, intento enfocar, me suenan... pero estoy demasiado borracha para pensar, así que sigo bailando, dejo que la música me lleve, que todo lo demás desaparezca.
Aina aparece con otra ronda.
—El barman invita —dice.
—Esto está demasiado bueno —dice Marta probándolo.
—Muy dulce —añade Clara.
—Otro —dice Aina.
Yo ya voy pasada.
—No —dice Clara— tú no.
—Sí —insisto.
—Que no.
—Que sí.
Al final ceden y me lo tomo, mala idea.
Se hace tarde, demasiado, decidimos irnos.
—mejor pillamos un taxi —dice Marta.
—Yo me voy andando —respondo.
—Ni de coña.
—Que sí, necesito aire.
Discuten un poco, pero al final se van en taxi y yo empiezo a andar, todo da vueltas, los tacones son una tortura, en un momento dado se me tuerce el tobillo y alguien me agarra por la cintura.
—Hay... gracias...
Ni le miro bien, sigo andando, siento pasos detrás pero no me importa, estoy demasiado borracha para preocuparme.
Llego a casa como puedo, los perros vienen a recibirme, tiro los tacones por el suelo, subo las escaleras casi arrastrándome y me dejo caer en la cama mirando al techo, respirando hondo...
Y entonces lo siento, esa presencia...
Me incorporo un poco y ahí está.
Con la máscara, mi guardian.
—Has bebido demasiado —dice.
Trago saliva.
—Yo...
—Te has portado mal... y eso tiene consecuencias.
El tono no deja lugar a dudas.
—Te voy a castigar.
Se acerca a mi, a mi cama, y en un parpadeo sujeta el extremo de mi collar, formando una presión en mi cuello, me ahoga, ya se para que sirve el collar. Aprieta cada vez más hasta que no puedo recoger una bocanada de aire, el se acerca, me mira a traves de su máscara, contacto visual.
Afloja.
Me sujeta las manos y me pone sus esposas, yo no me resisto, ¿para qué? estoy demasiado borracha y excitada.
Tira de mis piernas fuertemente dejandome completamente inmovil en la cama, arranca mi vestido con un tiron seco y violento, agarra su cuchillo de la mesita de noche y empieza a cortar mi sujetador y mis bragas. No puedo evitar lamentar la pérdida de mi ropa de fiesta, realmente me gustaba.
Siento su respiración a traves de la máscara, la aparta dejando entrever una mandibula marcada, y recorre mis pechos con sus labios.
—Quitate la máscara.
—No es el momento.
Se gira, se dirige hacia la otra punta de la habitación y se quita su camiseta, la luz tenue de la luna deja entre ver su musculatura de la espalda, este chico es impresionante.
Se gira y mientras me mira empieza a desabrocharse los pantalones y se baja todo, dejando al descubierto una polla imponente, grande y gorda. Eso tiene pinta que me va a doler.
Coge algo de su mochila y se dirige hacia mi.
—¿Vas a hablar con otro hombre?
Me pregunta.
—Puede ser.
Siento una breve descarga en mi muslo, Dios, eso ha dolido.
—¡Hay! ¡eso duele!
—¿De quién eres?
Oprimo mis ganas de vacilarle, de decirle que soy libre de estar con quien quiera, pero la verdad es que el hecho de saber que soy suya me encanta.
—Soy tuya.
El deja en la mesa ese aparato de la pequeña descarga, un mini taser. Coge su cuchillo y se acerca a mi, se sienta encima de mis caderas y dirige la punta del cuchillo hacia su ingle, lo clava y empieza a caer unos hilitos de sangre, con el cuchillo deja grabada una “ S”, ensangrentada.
Dirije su cuchillo hacia mi y siento el filo, duele pero es placentero, en la parte más baja de mi abdomen me marca, una M, ensangrentada, se levanta la máscara dejando etre ver sus labios y me besa apasionadamente.
—Ahora eres mia y yo soy tuyo.
Silencio.
Me lame la sangre que sale de su marca y baja, hacia mi coño, lame con fervor, con energia, siento la mezcla de dolor en la marca y placer, ste chico sabe como llevarme al extremo.
Y en cuanto menos lo espero me mete su gran polla, casi me rompe por la mitad, su sangre cae hacia su miembro, y eso me excita aun más.