CAPÍTULO 15
Sabrina
Llego a la oficina con esa sensación rara de no saber muy bien para qué he venido porque en el fondo ya sé lo que me voy a encontrar, y efectivamente nada más entrar veo a la gente de pie, algunos apoyados en las mesas, otros mirando pantallas negras como si por arte de magia fueran a encenderse, conversaciones a medias, que si los informáticos siguen igual, que si no encuentran el fallo, que si esto va para largo...
y yo solo pienso en lo mismo que ayer, otro día libre.
Miro a Maika que ya está recogiendo el bolso y antes de que se vaya me acerco.
—Buenos días, Maika... ¿qué plan tienes hoy?
—Pues tengo que hacer algunos recados, tengo que ir a la librería... ¿te apuntas?
—Claro... me encantaría.
Y en mi cabeza pasa lo mismo de siempre, cualquier cosa antes que volver a casa.
Salimos y el aire de la calle se siente distinto, más ligero, como si el día me estuviera regalando algo sin pedirme nada a cambio.
Entramos en la librería y ese olor a papel, a tinta, a calma...
me envuelve al instante, Maika se va directa a la sección infantil mientras yo empiezo a dar vueltas sin rumbo, pasando los dedos por los libros, leyendo títulos al azar, dejándome llevar, intentando no pensar demasiado hasta que uno me llama la atención y me hace frenar en seco, “ Cómo cometer un asesinato”, lo cojo, lo miro, lo giro entre mis manos y durante unos segundos mi cabeza se va a un sitio que no debería, imagino cómo sería ser capaz de hacerlo, ser fría, ser valiente, ser lo suficientemente fuerte y perturbada como para quitar a Edgar de en medio sin sentir culpa
Imagino el silencio de la casa sin él, la paz, la libertad... Me da miedo, porque una parte de mí lo desea más de lo que debería. Trago saliva y dejo el libro en su sitio, porque no, no podría, nunca podría, aunque a veces no reconozca los pensamientos que tengo.
Salimos de la librería y justo al cruzar la puerta lo veo, Edgar, saliendo de un club nocturno a las once de la mañana como si fuera lo más normal del mundo, se me frunce el ceño automáticamente, ¿qué hace ahí a estas horas?
... algo turbio seguro, pero no quiero saberlo, ni quiero preguntar, no quiero tener nada que ver con él ni con lo que haga, así que sin pensarlo me aparto un poco para que no me vea y Maika se da cuenta enseguida...
—¿Todo bien?
Le digo que sí demasiado rápido, luego baja la mirada a mi cuello
— Ese cortecito en el cuello, ¿tiene algo que ver con Edgar?
siento ese pequeño nudo en el estómago pero le digo que no, que fue del fin de semana, de una casa de terror, que me rocé con algo del atrezzo, asiente pero se le queda esa cara de no creérselo del todo, aun así no insiste y lo agradezco.
Seguimos andando y al poco se para y me dice que si no tengo planes que me vaya a su casa a comer algo, que así no estoy sola, pero le digo que no, que quiero aprovechar para ir a ver a Clara a la peluquería, que hace tiempo que no la veo.
Maika sonríe y me dice que no me iría mal un cambio de look, que los cambios siempre vienen bien.
Nos despedimos y en nada estoy entrando en la peluquería, y en cuanto Clara me ve abre los ojos, viene directa a abrazarme como si hubieran pasado años.
Me pregunta qué hago allí y le explico lo del trabajo, que sigue todo caído, que tengo el día libre otra vez, y enseguida se le ilumina la cara como si le hubiera dado el mejor regalo del mundo, dice que perfecto, que hoy salgo de ahí renovada sí o sí, me río pero al final cedo un poco, le digo que solo me corte las puntas y...
un flequillo, me mira con esa sonrisa de “ esto se pone interesante” y me siento mientras empieza a trabajar.
El ambiente es el de siempre, secadores sonando, olor a productos, conversaciones cruzadas por todas partes, una de las compañeras hablando de un famoso que ha dejado a su mujer, otra diciendo que seguro que ya tenía a otra, una clienta metiéndose en la conversación como si fuera su amiga de toda la vida, otra contando una historia completamente distinta pero que acaba encajando igual, y al final estamos todas riéndonos de cosas absurdas, es un caos pero un caos que se siente bien, que me hace desconectar, que me hace sentir... normal.
Clara termina y me enseña el resultado, no es un cambio enorme pero suficiente para verme diferente, para sentir que algo se ha movido, le doy las gracias, nos abrazamos otra vez y me voy.
Sin pensarlo demasiado vuelvo a la oficina, no porque tenga que hacerlo, sino porque quiero comprobar algo, entro y está prácticamente vacía, enciendo el ordenador con esa sensación en el pecho que no sé muy bien de dónde viene, la pantalla carga, aparece...
y nada, solo un mail del trabajo diciendo que están cerca de solucionarlo, que pronto todo volverá a la normalidad, y no sé por qué pero me entristece un poco, por el trabajo, por perder estos días...
y por no ver nada más, ningún mensaje, ninguna señal, nada.
Me dejo caer en la silla, soltando el aire despacio, y entonces el móvil vibra.
Lo cojo.
Número desconocido y demasiado largo... No debería existir.
Siento cómo se me acelera el pulso mientras abro el mensaje.
“ Peque... ¿preocupada porque no te he escrito?”
Se me queda el cuerpo completamente quieto, como si todo alrededor desapareciera de golpe, trago saliva y escribo con los dedos un poco más tensos de lo normal.
“¿Quién eres?”
La respuesta llega casi al instante.
“¿Quién quieres que sea?”
Me quedo mirando la pantalla unos segundos, con el corazón latiéndome más rápido de lo normal, no debería estar respondiendo, lo sé, pero aun así mis dedos empiezan a moverse solos, casi como si esto fuera un juego al que no quiero dejar de jugar.
“ Mi sugar daddy, mi millonario encubierto, un mago que me solucione la vida, un amigo... pero de momento vamos a llamarte mi acosador... y también florero, ya que te encantan las rosas.”
Me muerdo ligeramente el labio mientras envío el mensaje, casi esperando la respuesta al instante... y no tarda.
“ La última vez que tu boca dijo cosas así recuerda cómo terminaste, peque... ¿de verdad quieres picarme?”
Se me escapa una pequeña sonrisa sin darme cuenta, y mi cabeza vuelve sola a esa habitación, a esa sensación de perder el control, a lo que sentí...
a lo que todavía siento cuando lo recuerdo, noto un pequeño calor subiéndome por el cuerpo y me odio un poco por ello, pero no lo suficiente como para parar.
Me quedo mirando el móvil, dudando.
¿Le respondo?, ¿Sigo?, ¿Lo dejo aquí?
Y justo cuando estoy pensando qué hacer... Otro mensaje.
“¿Se te ha comido la lengua... tus perros?”
Frunzo el ceño un segundo y sonrío.
“ Estamos chateando... dirás los dedos.”
La respuesta llega más rápida todavía.
“ Suficiente. Te voy a castigar de rodillas.”
El aire se me queda atrapado un segundo en el pecho, siento cómo me sube el calor a la cara, mezclado con algo que no sé si es miedo u... otra cosa, y de repente todo vuelve de golpe, la realidad, Edgar, la casa, todo.
¿Castigar?
¿Qué quiere decir con eso?
¿Va a volver?
¿Cuándo?
¿Quién es?
Y entonces miro la hora. Mierda... Se me ha hecho tardísimo.
El cuerpo se me activa al instante, guardo el móvil casi de golpe, cojo el bolso y salgo de la oficina deprisa, bajando las escaleras casi corriendo, con esa sensación de que ya voy tarde incluso antes de llegar, salgo a la calle, cojo el coche y conduzco más rápido de lo que debería, con la cabeza llena de todo menos de lo importante.
Cuando llego y abro la puerta... ya está ahí Edgar en el salón mirándome.
Su mirada sube de mi cara a mi pelo, se detiene un segundo en el flequillo, en el cambio, y su expresión se tuerce al instante.
—Ahora entiendo por qué llegas tan tarde... —dice con ese tono cargado de desprecio— seguro que tu amiga la zorra te ha peinado como una zorra.
Siento cómo se me encoge algo dentro, bajo la mirada automáticamente, no porque tenga razón, sino porque ya sé cómo funciona esto, ya sé cómo termina si contesto, y no quiero... no hoy, no después del día que he tenido.
No digo nada, paso de largo.
Voy directa a coger las correas de los perros, intentando ignorarlo, intentando que esto no vaya a más, que se quede ahí, pero claro... eso nunca pasa.
—¿Qué pasa? —alza la voz— ¿te crees demasiado importante para responderme?
Sigo caminando, agarro las correas, noto a Luke y Lucky moverse a mi alrededor, ajenos a todo, y justo cuando estoy abriendo la puerta para salir...
Noto un tirón de pelo fuerte, tanto que mi cabeza se va hacia atrás.
Un dolor seco en el cuero cabelludo.
—¡Eh!
No me da tiempo a reaccionar y me tira al suelo.
El golpe me corta la respiración un segundo y antes de poder incorporarme ya me está arrastrando hacia dentro, agarrándome del pelo con fuerza, el suelo rozándome la espalda y las piernas, la casa volviéndose borrosa.
—Como ahora eres una zorra como tus amigas... —escupe— vas a comportarte como tal.
Intento liberarme, moverme, apartarlo, pero pesa demasiado, es más fuerte, me inmoviliza, noto sus manos sujetándome los brazos, y su peso bloqueando cualquier intento de escapar, el corazón me va a mil, el aire se me corta.
—Suéltame... — digo, pero sale débil, casi sin fuerza.
Y entonces me llega un puñetazo, directo al estómago, el aire desaparece y un dolor seco me invade casi de inmediato, me encorvo sin poder evitarlo, un quejido se me escapa y todo se queda en silencio unos segundos, como si mi cuerpo necesitara tiempo para procesarlo.
No puedo respirar bien, no puedo pensar, siento dolor...
El sonido de la hebilla de su cinturon me distrae, está desabrochando el cinturon mientras sigue encima de mi cadera, su peso evita que pueda escapar.
En un parpadeo saca su polla, me agarra del pelo con fuerza, aun siento el dolor en mi cabeza y el estómago pero a el no le importa.
— ¡Chupa como la puta que eres!
Me resisto, el me obliga pero cierro los labios fuertemente, entonces ahi viene, el segundo golpe, esta vez en el pecho. Suelto un quejido mientras tomo una bocanada de aire que Edgar aprovecha para meterme la polla en mi boca.
— Chupa si no quieres otro moretón.
Sin pensarlo más, con las lagrimas cayendo por mi mejilla chupo, con asco, con desprecio, con arcadas, entonces, imagino que algún dia Edgar desaparecerá, aunque sea yo quien lo haga.
— Voy a correrme y te lo vas a tragar, como la puta muerta de hambre que eres.
Cierro los ojos y disocio, imagino las formas más originales de acabar con el, entonces noto mi boca un sabor amargo y caliente, trago con asco.
Algo empieza a romperse dentro de mí.