CAPÍTULO 13
Sabrina
No sé cuánto tiempo me quedo en el suelo abrazando a Lucky, siento su respiración contra mi pecho, al principio rápida, nerviosa, luego poco a poco más calmada como si él también estuviera intentando procesar lo que acaba de pasar, le paso la mano por el lomo una y otra vez comprobando que está bien, que no hay nada roto, que solo ha sido el golpe y el susto...
por suerte, porque yo no puedo decir lo mismo, siento el pecho vacío, como si cada vez que pasa algo así se llevara un trozo más de mi alma y ya quedara poco, muy poco, y lo peor es esa sensación constante de estar completamente sola aunque él esté arriba, aunque esta casa esté ocupada, aunque haya ruido a veces... estoy sola de verdad.
Entonces suena un golpe seco en la ventana, suficiente para que me sobresalte, levanto la cabeza de golpe, el corazón se me acelera otra vez, me quedo quieta unos segundos escuchando por si hay algo más, otro ruido, algún movimiento...
pero no, solo silencio, trago saliva y me levanto despacio, con cuidado, como si cualquier paso pudiera hacer que todo vuelva a romperse, avanzo poco a poco hacia la ventana mientras Luke ya está alerta otra vez mirando en esa dirección, y entonces la veo, la rosa, azul, apoyada en la repisa como si llevara ahí toda la vida.
Me quedo completamente quieta y sin darme cuenta sonrío, una sonrisa pequeña, automática, como si mi cuerpo reaccionara antes que mi cabeza, me acerco, la cojo con cuidado y la acerco a mi nariz, ese olor...
cierro los ojos un segundo, no es exactamente el mismo o sí, no lo sé, allí todo olía a humedad, a metal, a algo cerrado que se pegaba a la piel y no dejaba distinguir nada bien, pero hay algo, una sensación, un instinto que me dice que sí, que es él, que es la misma persona, abro los ojos despacio mirando la rosa entre mis dedos y no sé cómo llamarlo, no sé qué es, acosador...
protector... hay una línea tan fina entre ambas cosas que casi ni existe y no sé en qué lado está, me quedo unos segundos mirando a través de la ventana mientras la brisa fría del otoño entra rozándome la cara, moviendo ligeramente mi pelo, trayendo ese aire fresco, más limpio, vuelvo a mirar la rosa y frunzo ligeramente el ceño, ¿por qué azul...
? no es algo al azar, no puede serlo, tiene que significar algo.
El frío empieza a calarse más así que cierro la ventana despacio, dejo la rosa sobre la mesa y la miro un segundo más antes de apartarme como si no quisiera perderla de vista del todo, voy hacia la estantería y cojo un libro, cualquiera me vale ahora mismo, me dejo caer en el sofá, me cubro con la manta, Luke se sube a mi lado como siempre y Lucky se acomoda cerca, buscándome, me hundo ahí intentando desconectar, desaparecer un poco, abro el libro y leo...
o lo intento, porque no me entero de nada, mi cabeza vuelve una y otra vez a lo mismo, a la habitación, a la luz azul, a sus manos, a la sensación, a lo viva que me sentí ahí dentro y eso es lo que más me descoloca, porque no debería haberme gustado pero lo hizo, y sé que no va a volver a pasar y eso me deja un vacío raro, cierro el libro apoyándolo sobre mi pecho y la pregunta aparece sola, ¿eso cuenta como cuernos...
? Aunque es absurda porque... ¿qué es lo que tengo con Edgar ahora mismo?
Lo nuestro terminó hace tiempo, al menos por mi parte, porque él ni se va ni me deja ir, suspiro pensando que ojalá encontrara a otra persona y desapareciera de mi vida, aunque luego me viene la imagen de la pobre chica que tendría que aguantarlo y se me quitan las ganas, casi que mejor que desapareciera de la tierra, miro la rosa otra vez desde el sofá y algo cambia, no sé exactamente qué pero cambia, ya no me siento tan sola, hay alguien...
alguien que está aunque no lo vea, cierro los ojos y esta vez sí, consigo dormirme.
Al día siguiente después de una ducha, todo vuelve a la normalidad demasiado rápido, la casa, el silencio, la rutina, me preparo casi en automático y voy a trabajar como cualquier otro día, pero al llegar noto algo raro, la oficina está distinta, gente de pie, ordenadores apagados, conversaciones cruzadas, caras de confusión, “ se ha caído el sistema”, “ no funciona nada”, “ los informáticos dicen que mínimo uno o dos días”, parpadeo un segundo procesándolo y entonces lo pienso, Edgar creerá que estoy trabajando...
así que tengo el día libre, cojo el móvil sin pensarlo demasiado y escribo en el grupo, “ tengo el día libre porque ha caído el sistema y dicen que tardarán 1 o 2 días ¿estáis libres?”, no tardan nada en responder.
Clara dice que está en la peluquería pero que puede escaparse un rato para un café, Aina responde que al teletrabajar no tiene problema, que se lleva el portátil donde sea, y Marta, como siempre, dice que está libre, quedamos en una cafetería cerca del trabajo de Clara y en nada estoy ahí con ellas, sentadas como antes, hablando, riéndonos, sintiendo que todo vuelve un poco a la vida.
En la cafetería empezamos a hablar de planes, pero Edgar es un impedimento
—Vale —dice Aina— siguiente plan: sacarte de esa casa.
—Literal —añade Marta— si no te deja hablamos con él.
—O la raptamos —dice Clara— a ella y a los perros.
—La hacemos desaparecer —añade Aina.
Nos reímos, pero no del todo, porque en el fondo lo dicen medio en serio, las miro y sin pensarlo demasiado suelto,
—Oye... ¿sabéis qué significan las rosas azules?
— se quedan pensando, Marta dice que sexo raro seguro, Clara dice traición, Aina dice algo tóxico fijo, yo niego y Aina saca el móvil para buscarlo, “ vale... lo imposible, lo inalcanzable, lo misterioso... ”, se hace un pequeño silencio y Clara me mira.
—¿por qué lo preguntas?— dudo un segundo pero acabo diciendo la verdad
—porque alguien me está dejando rosas azules en casa—, silencio otra vez.
Marta dice — ¿será Edgar? — y automáticamente todas a la vez soltamos un “ naaaaaaaaa”, nos reímos y en ese momento suena el móvil de Clara.
Se levanta diciendo que tiene que volver al trabajo y poco a poco nos despedimos todas, Aina con el portátil, Marta a su rollo y yo me quedo un momento pensando antes de decidir volver a la oficina a ver cómo está el tema.
Entro y está vacío, demasiado, voy a mi mesa, enciendo el ordenador y me quedo mirando la pantalla mientras carga, unos segundos...
y de repente aparece, una imagen de una rosa azul y debajo “ disfruta de tus días libres”, se me hiela el cuerpo, parpadeo...
y desaparece, como si nunca hubiera estado ahí, la pantalla vuelve a la normalidad pero yo no me muevo, me quedo quieta mirando el monitor, procesándolo, encajando piezas, y entonces lo entiendo, no ha sido casualidad, ni el sistema, ni el día libre, ni nada, trago saliva y lo pienso por primera vez de verdad, no es solo alguien que me observa...
es alguien que está controlando mucho más de lo que debería, y no sé si eso debería darme miedo... o no.
Sigo unos segundos más delante del ordenador sin moverme, mirando la pantalla expectante por si volviera a aparecer algo, como si hubiera sido un fallo, una casualidad, cualquier cosa que tenga sentido...
pero no pasa nada, todo está normal, demasiado normal, y eso es lo que más me inquieta, apago el ordenador, recojo mis cosas sin pensar demasiado y salgo de la oficina con esa sensación rara en el cuerpo, como si algo hubiera cambiado pero no supiera exactamente qué, como si ya no estuviera tan dentro de mi vida de siempre.
El camino a casa se me hace corto, más de lo habitual, o quizás soy yo que voy más metida en mi cabeza que en otra cosa, pensando en la rosa, en el mensaje, en todo lo que no encaja, en lo que no debería estar pasando... pero aun así no me siento mal, no como otras veces, es distinto.
Cuando llego y abro la puerta me encuentro justo con Edgar saliendo, casi chocamos, me mira de arriba abajo con esa expresión suya de siempre, medio molesta, medio juzgándome.
—Qué pronto has vuelto.
—Sí... el proyecto hoy ha avanzado muy rápido.
Ni siquiera me mira demasiado, resopla.
—Qué bien... ojalá vivir siendo tú y no tener que estar tragando mierda y cargando piedras todo el día.
No digo nada.
Bajo la cabeza casi sin darme cuenta, como si tuviera algo que justificar, como si de alguna manera fuera culpa mía, aunque sé que no lo es, pero es automático, siempre lo es.
—Me voy —añade mientras coge las llaves—, tengo que ir a ver la casa de un pijo que quiere reformar el baño... le voy a meter un sablazo que se va a cagar, estos ricos tienen mucho dinero y son más tontos que un zapato..
Asiento levemente.
—Vale.
Sale sin más, cierra la puerta y en unos segundos escucho el coche arrancar y alejarse, el ruido desaparece poco a poco hasta que vuelve ese silencio de siempre, pero hoy no pesa igual.
Entro.
—Hola, mis niños...
Luke levanta la cabeza desde el sofá, mirándome como si analizara todo, como siempre, Lucky viene directo hacia mí moviendo la cola, más nervioso, más cariñoso, me agacho para acariciarlos a los dos, hundiendo un momento la cara en su pelo, respirando, soltando todo lo que llevo dentro sin darme cuenta.
—Venga... vamos a dar una vuelta.
Cojo la correa y en nada estamos fuera, el aire del bosque se siente distinto, más fresco, más limpio, el sonido de las hojas bajo los pies, el viento moviendo las ramas, ese silencio natural que no tiene nada que ver con el de casa, camino despacio, sin prisa, dejando que los perros vayan a su ritmo, olisqueando todo, marcando territorio, haciendo lo suyo.
Yo solo camino y por primera vez en mucho tiempo... no estoy pensando en volver.
Solo disfruto del aire, del momento y de la tranquilidad... hoy ha sido un buen día y eso ya es mucho más de lo que suelo tener.