El Plan CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

Sabrina

Otra vez Luke ladra a Lucky. Es demasiado posesivo con la comida. Ya estoy acostumbrada a estas trifulcas perrunas, así que no le hago caso. Intentaré seguir con el sueño que estaba teniendo; era increíble.

Otro ladrido, pero esta vez más cerca. Este perro cada vez es más territorial. Voy a tener que ir a quitarles la comida o no me dejarán dormir.

Al abrir los ojos veo una silueta negra.

Será Edgar… En la esquina, todo oscuro; solo se ilumina sutilmente su silueta.

Mueve la mano con rapidez. Edgar lleva tanto tiempo sin tocarme que verlo dándose placer mientras me mira me parece hasta algo desagradable, pero no puedo quejarme… Hay que cumplir.

Así que le hago señas para que venga a la cama conmigo.

Él coge el cojín de la silla que hay al lado de la cama y me lo tira a la cara.

De repente siento la presión del cojín asfixiándome y, en vez de resistirme, me dejo llevar.

Cuando pienso que ya no puedo dar mi última bocanada de aire, afloja el cojín, lo aparta de mi cara y me tapa los ojos con una camiseta que está en esa misma silla.

Noto su respiración en mi barbilla y sus manos subiendo la camiseta que uso de pijama, dejando libre mi cuerpo. Sigue con la lengua y pequeños mordiscos recorriendo mi piel hasta llegar a uno de mis pechos. Empieza a morder suavemente y, de repente, aprieta más fuerte. Un quejido se me escapa.

Al moverme, rápidamente me coge del cuello con fuerza para inmovilizarme.

Sigue su recorrido poco a poco hasta llegar a mi ombligo. Estoy sorprendentemente excitada y, en ese momento, me vuelvo adicta a su nuevo olor, tan diferente al de siempre, y sus caricias son tan bruscas a la vez que suaves… No es el Edgar que yo recuerdo.

Sigue descendiendo poco a poco, deteniéndose en cada centímetro de mi piel como si la estuviera descubriendo por primera vez, como si saboreara cada reacción mía, cada pequeño movimiento involuntario.

Mi respiración empieza a cambiar sin darme cuenta, más profunda, más irregular, y mi cuerpo deja de estar tenso para empezar a responder por sí solo.

Sus manos se mueven con una seguridad extraña, no como antes, no como recordaba. Hay algo distinto en la forma en la que me toca, en la manera en la que se detiene justo donde sabe que va a hacerme reaccionar. Me tiene completamente centrada en cada sensación, en cada roce, en cada segundo.

Mi cabeza intenta encajar lo que está pasando, pero mi cuerpo va por otro lado...Y eso me confunde.

Suelto otro quejido, más bajo esta vez, casi contenido, mientras él sigue, sin prisa, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Sus manos son firmes, su respiración está cerca, demasiado cerca… y ese olor... Ese olor no es el suyo.

Frunzo ligeramente el ceño bajo la tela que me cubre los ojos.

Algo no encaja.

Su caricia baja hasta mi parte más íntima, completamente húmeda, y, cuando me doy cuenta, su dedo ya está en mi interior, moviéndose con una seguridad que no recuerdo en él.

Mientras hunde sus dedos brutalmente en mí, su lengua recorre mi barriga, bajando poco a poco hasta mi clítoris.

Oh, gloria… Nunca había sentido ese placer.

La duda de saber si es realmente Edgar o no, me excita aún más. Esa sensación de no encajar lo que está pasando con lo que conozco hace que todo se sienta más intenso, más real, más peligroso.

Simplemente me dejo llevar.

Hasta que un increíble orgasmo me recorre el cuerpo y hace estremecer todas mis terminaciones nerviosas, dejándome durante unos segundos completamente agotada, concentrada en respirar, intentando no desvanecerme.

Cuando consigo reunir las fuerzas necesarias para quitarme la camiseta que me tapa la cara… ya no está.

No hay nadie ahí.

Nada. Silencio. Demasiado silencio.

Inspecciono la habitación rápidamente. Todo parece estar en orden… hasta que me doy cuenta de un detalle.

Hay una rosa azul en mi mesita de noche.

Me quedo completamente quieta, mirándola, sin atreverme a tocarla, intentando recordar si estaba ahí antes… pero sé perfectamente que no.

Recorro la casa entera en busca de cualquier pista, de cualquier cosa fuera de su sitio para autoconvencerme de que no es un ladrón o alguien peligroso.

Pero todo está correcto.

Demasiado correcto.

Luke y Lucky están tranquilamente en el sofá, durmiendo plácidamente, como si nada hubiera pasado.

Como si nadie hubiera entrado.

Como si todo hubiera sido cosa mía..