Capítulo 73
E n Greenwich, Mamadou observaba las noticias.
Los acontecimientos en directo de lo que ya se bautizaba como el «Ataque al Shard» se sucedían en la pantalla del televisor, en el piso confinado de Charlie Paxman.
El helicóptero de las noticias había estado muy cerca de la acción, lo que significaba que, en ese preciso segundo, Mamadou —y el mundo entero— lo habían visto todo.
Era un desastre. Los medios de comunicación británicos acababan de mostrar a un civil recibiendo un disparo en la cabeza en televisión nacional.
Ya nadie podía hacer nada al respecto, ni siquiera los analistas de ciberseguridad más inteligentes del país.
Las imágenes estaban en internet y nunca desaparecerían.
Por supuesto, podrían borrar lo que creyeran que era hasta el último rastro del vídeo, pero no sería suficiente.
Seguiría existiendo, y una prueba tan condenatoria como esa no haría más que prosperar en el mercado negro.
Y tarde o temprano, Mamadou sabía que volvería para perseguirlos a todos.
—Me cago en la puta —dijo, llevándose las manos a la boca.
La situación allá abajo, en The Shard, se estaba deteriorando rápidamente; Mamadou podía verlo.
Y le dolía estar atrapado entre las paredes del piso de Paxman.
Por suerte para él, y no tanto para el resto de la población humana, el helicóptero de las noticias también había mostrado la explosión que se produjo justo en la parte superior del edificio.
Lo cual solo podía significar una cosa: el virus de Paxman había sido liberado al aire.
Mantener en cuarentena a Mamadou y al equipo de agentes armados del resto de la ciudad ya no tenía sentido.
Levantándose del sofá de Charlie Paxman, dijo:
—Me largo de aquí.
—¿A dónde crees que vas? —le preguntó uno de los agentes armados.
—Acabo de decírtelo. Fuera.
—No, no vas a ninguna parte. Nadie tiene permiso para salir de aquí.
—Ninguno de vosotros podrá detenerme.
La agente del comando Trojan se interpuso en su camino.
—Escucha —continuó Mamadou—, no estoy de humor para aguantar estas gilipolleces.
¿De verdad crees que el hecho de que estemos aquí encerrados va a cambiar algo?
El virus ya se ha liberado. No tiene sentido que los agentes armados con más experiencia de la ciudad estén aquí metidos las próximas horas.
No mientras el responsable siga vivo y moviéndose.
Ahora quítate de en medio antes de que te obligue yo.
La agente se mantuvo firme. Mamadou intentó caminar a través de ella como si no estuviera allí y logró hacerla retroceder unos pasos.
Entonces, la agente le agarró la mano que le quedaba atrás, se la retorció a la espalda y se la subió hacia el omóplato.
A Mamadou le dolía todo el brazo derecho y sintió que otro brazo le apresaba el cuello.
Estaba en una llave de estrangulamiento. Inmovilizado y sin escapatoria.
—He dicho que nadie va a ninguna parte —siseó la agente entre dientes.
—¿Qué te hace pensar que me voy a quedar sentado haciéndote caso? —preguntó Mamadou.
—Podría preguntarte lo mismo. No me importa el cargo que tengas, no estás en posición de liberar este virus al mundo exterior, independientemente de si ya se ha expulsado en otro lugar o no. No me importa quién seas, esto no va a pasar.
Mamadou permaneció en silencio. Podía oír susurros a sus espaldas.
—Joder, lo tiene bien trincado —le dijo uno de los oficiales a otro.
—Ya te digo. Siempre ha tenido mucho genio.
Mamadou lo había intentado y había fracasado. Estaba atrapado en el piso de Charlie Paxman por tiempo indefinido, condenado a ver los toros desde la barrera.